6.1.17

1967 - Rubén Darío y Ángel Orensanz, de la mano

La Zaragoza de 1967 era una ciudad sórdida, aplastada por una cruenta dictadura militar, iletrada y salvaje. Sin embargo, tuvo siempre pequeñas luces que resplandecieron ante el miedo y la incultura, prefigurando lo que debía ser, pudo ser, pero no es. El peso de la bruma provinciana, tosca e ignorante fue tal, que aún hoy sufrimos sus devastadores efectos.

1967, sin embargo, es un año memorable para Zaragoza y el buen gusto. Incomprensiblemente, en ese ambiente, el Ayuntamiento de la capital decidió conmemorar el centenario del nacimiento de Rubén Darío, el príncipe de las letras en lengua castellana, una de las cumbres del buen gusto y la excelente literatura y lo hizo encargando una escultura al entonces joven Ángel Orensanz, recién llegado de su formación en la École de Beaux Arts de París y premiado ese mismo año en la IV Bienal de Arte de Zaragoza

El monumento se conoce como “Niño con estrella” y se encuentra en el Parque Grande José Antonio Labordeta, en el espacio conocido como “La Rosaleda”, hace unos años arrasada vilmente por una de las Corporaciones municipales más zafia, insensible e iletrada de cuantas ha habido en la Ciudad. Es esta una obra de juventud y, a mi juicio, la mejor escultura del autor, por su localización, su concepción y su ejecución. Situada en una glorieta solitaria, en un parque exquisito y juega con la vegetación y la luz, cambiantes según las estaciones del año, tanto del entorno como del propio monumento.

El autor renunció a esculpir un retrato del homenajeado (como estaba haciendo en la coetánea dedicada al Tío Jorge en el parque del mismo nombre) y evitó tanto el modelado geométrico como las abstracciones y los elementos que irán predominando en su obra paulatinamente, hasta devorar lo figurativo.

Representa a un niño, de reminiscencias rodinianas (recuerda al “Fugit amor” de Rodin), sobre una gran roca, en su origen, cubierta de vegetación atrapando una estrella, alegoría de la poesía, símbolo del alma soñadora y sensible, que existirá “mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire,/mientras la onda cordial aliente un ensueño,/mientras haya una viva pasión, un noble empeño,/un buscado imposible, una imposible hazaña”, como dice el poeta nicaragüense al que se dedica la composición en su poema “Al Rey Óscar”, que se cita en el mismo monumento de Orensanz.

Este año, sesquicentenario del nacimiento de Rubén Darío, celebramos también el L aniversario del nacimiento de alguna luz de buen gusto y belleza en la Zaragoza de 1967.

Jorge Marqueta Escuer
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