4.8.26

París La Nuit, en la Zaragoza de los años 60 del siglo XX

Este hermoso mural estuvo en el Café París, en el Paseo de las Damas 11 de Zaragoza, inaugurado en el año 1958. Y fue pintado por la artista zaragozana María Pilar Burges en el año 1959 poco antes de irse a Roma. 

Esta imagen ya retocada fue cedida en un principio por el Doctor Jesús Pedro Lorente para El desván de Rafael Castillejo, una página web maravillosa para reencontrarse con la Zaragoza que ya no existe.

Mercado Central de Zaragoza al descubierto




Lo que vemos en la imagen es un detalle del Mercado Central de Zaragoza, cuando se montaba en el mismo lugar que ahora, pero al aire libre, sin tener edificio que lo resguardara de las inclemencias del tiempo.

Cada vendedor tenía su espacio, todo aquel lugar vacío de viviendas en un ensanchamiento de las calles, estaba dividido por secciones, y con las inclemencias del tiempo, unos vendían y otros compraban. Es verdad que en los porches que había y que en algunos casos todavía sobrevives, se ponían algunos vendedores y al menos ellos sí estaban resguardados.

El actual Mercado Central de Zaragoza, también conocido como Mercado de Lanuza, se inauguró el 24 de junio de 1903, el proyecto fue obra del arquitecto Félix Navarro, uno de los principales representantes del modernismo en Aragón, y su estructura de hierro, vidrio y cerámica lo hace único en su estilo, inspirado en los grandes mercados europeos de la época, como el ejemplo de Les Halles en París.

3.8.26

Historias de las Balsas de Ebro Viejo de Zaragoza

Las Balsas de Ebro Viejo de Zaragoza son el cauce viejo por el que discurrió el río Ebro a partir del año 1380, cuando unas grandes riadas desviaron el cauce habitual del Ebro a su paso por nuestra ciudad. 

En aquel siglo XIV hasta cuatro grandes avenidas llenaron la zona izquierda de Zaragoza, la del Arrabal, desde la zona de Juslibol, de lodos y aguas, siendo el que en el año 1380 formó una especie de galachos (que se mantuvieron más de un siglo con cauce modificado) y el que alcanzó más fuerza hasta lograr desviar el Ebro de su cauce más conocido.

Aquellos galachos que poco a poco se fueron secando, sí se mantenían húmedos constantemente a través de una acequia de la que recibía agua, lo que les permitía ser empleados como zona común de la ciudad para sacar barro para los tejares cercanos, como zona de pastos pues se habían ido convirtiendo en un soto con árboles y para tener agua para los lavaderos del Rabal

Curiosamente aquella zona además de ser de propiedad común, lo era también en algunas parcelas de propiedad de la iglesia y de particulares, y digo que curiosamente por que consta que aquellos campos eran conocidos también en aquel siglo XIV como el Soto de la Mezquita por pertenecer en siglos anteriores a la Mezquita Mayor de Zaragoza.

La imagen de la tremenda riada que vemos arriba es del año 1961.

28.7.26

El Gran Teatro Casino de Zaragoza en 1908


Todas las Expo internacionales tiene un punto de diseño y configuración de las ciudades que las acogen. Es cierto que algunas las saben aprovechar y otras las dejan pasar y todo queda efímero. Pero incluso en esos casos, siempre hay una transformación de la ciudad que se queda.

En Zaragoza hemos tenido tres grandes Expo. La de 1868 que era mucho más local, la de 1908 celebrando el Primer Centenario de los Sitios y fue Hispano Francesa, y la de 2008 que se dedicó al Agua y el desarrollo sostenible. 

Hoy voy a hablar un poco de un edificio de la Exposición de 1908, del llamado Gran Casino o Gran Casino Teatro.

Esta gran Exposición internacional se montó en lo que eran los terrenos de la Huerta de Santa Engracia, y hoy la zona de las Plaza de los Sitios y sus alrededores.

El arquitecto del edificio fue Ricardo Magdalena Tabuenca y además fue también el director arquitectónico general de la Exposición Hispano Francesa y responsable de la ordenación del recinto, de sus infraestructuras y de buena parte de los pabellones provisionales.

El Gran Casino no era únicamente un casino de juego ni un teatro convencional. Era el gran centro de reunión, restauración, ocio y vida social de la Exposición Hispano Francesa. por eso su importancia era básica para el funcionamiento de todo el recinto.

Ese Gran Casino, Gran Casino-Teatro o Teatro del Gran Casino y cuyo arquitecto fue Ricardo Magdalena tuvo como constructor a Esteban Blazquez, que recibió el encargo en la primavera de 1908, con poco tiempo para construirlo y con un importe de 147.863 pesetas de entonces.

En 3 meses y en 9 días lo terminó de hacer, lo que nos da una idea de su carácter de efímero, se hizo pensando en destruirlo al acabar la Expo, y se inauguró el 21 de junio de 1908. Su tamaño era de 2.500 metros cuadrados de superficie, hecho en ladrillo, adobe, madera y carpintería con numerosos moldes de yeso en el estilo de modernismo floral que lo decoraban.

Se hizo con la funcionalidad de teatro, salón de baile, restaurante y café para el recinto, casino de juego por las noches, zonas sociales y de lectura, y una pequeña oficina de correos y telégrafos.

Una vez acabada la Expo, se mantuvo unos buenos años como Palacio de la Música y como sede de la Cámara de Comercio.

Aunque la Exposición abrió oficialmente el 1 de mayo de 1908, el Casino todavía no estaba terminado. El 30 de enero, Ricardo Magdalena seguía trabajando en su diseño, y las obras no se adjudicaron hasta el 12 de marzo de aquel 1908. Siempre tarde y mal, es un destino de nuestra ciudad poco previsora.

El constructor Esteban Blánquez fue el único licitador dispuesto a comprometerse a realizar la totalidad del edificio en el brevísimo plazo previsto. El contrato, por esas 147.863,48 pesetas, comprendía albañilería, fontanería, vidriería, carpintería, pintura y decoración. El plazo inicial concluía el 21 de abril, pero resultó materialmente imposible cumplirlo. Finalmente, el Gran Casino fue inaugurado el 21 de junio de 1908.

Era un edificio provisional, pero de grandes dimensiones pues como he comentado antes, ocupaba aproximadamente 2.500 metros cuadrados. Era, por tanto, una construcción considerable, aunque concebida como arquitectura efímera.

Se asentaba sobre un gran podio o basamento de ladrillo visto, sin cimentación sobre el suelo. Este basamento se prolongaba delante de la fachada para formar una amplia terraza exterior o velador de verano. Es precisamente la terraza llena de mesas, sillas y visitantes que aparece en la fotografía que vemos arriba. Esa imagen superior ha sido tratada digitalmente, para lograra más calidad y detalle, y darle color.

La estructura superior se realizó principalmente con materiales económicos y rápidos de trabajar, especialmente adobe, madera y yeso. Eso no quiere decir que fuese una barraca improvisada: tenía una construcción suficientemente firme, abundante carpintería, vidrieras, instalación de agua, iluminación y una decoración muy elaborada.

El Gran Casino fue una de las expresiones más atrevidas del modernismo zaragozano. Sus fachadas presentaban grandes arcos ligeramente apuntados, columnas de fuste liso, ornamentación vegetal y floral, relieves realizados mediante moldes, remates curvos y ondulantes con cuerpos verticales, grandes superficies acristaladas y farolas de hierro de diseño modernista.

Los perfiles superiores formaban una sucesión de curvas y ondas, dando al edificio una apariencia festiva y dinámica. La fachada no seguía la arquitectura histórica aragonesa del hoy cercano Museo Provincial, sino un lenguaje completamente moderno y diferente, alejado del modelo neomudejar aragonés.

Los especialistas encuentran en él la influencia del modernismo floral catalán y, particularmente, de Lluís Domènech i Montaner. Se han señalado semejanzas con la Casa Lleó Morera y con el Palau de la Música Catalana, entonces en construcción. Ricardo Magdalena y Lluís Domènech habían coincidido durante su formación arquitectónica en Madrid.

Se ha calificado al Gran Casino como, probablemente, el ejemplo más importante de arquitectura modernista pública que tuvo nunca Zaragoza. Buena parte del modernismo conservado en la ciudad corresponde a viviendas particulares y aquel Teatro Casino, en cambio, era una obra pública y representativa de gran escala.

Desde el acceso se entraba en un vestíbulo amplio y elegante que funcionaba como distribuidor. Una descripción publicada por la revista Blanco y Negro el 1 de agosto de 1908 enumera sus principales dependencias. Tenía restaurante, salones de tertulia y recreo, sala de escritura y lectura, estafeta de correos, estación telefónica, un gran café con casino de juego y un muy interesante teatro y salón de fiestas como vemos en la imagen de abajo.

La presencia de correos y teléfono era importante. El visitante podía comer, descansar, conversar, escribir una carta, enviarla, realizar una comunicación telefónica, asistir a un acto o participar en un baile sin abandonar el edificio. Era una especie de gran centro social y cultural dentro de la Exposición Hispano Francesa.

También existía un gran restaurante con terrazas exteriores. Algunos banquetes oficiales fueron preparados por establecimientos zaragozanos contratados para la ocasión. Está documentado, por ejemplo, un banquete ofrecido a una comisión del Ayuntamiento de Barcelona y servido por el restaurante La Paz, que tenía su establecimiento habitual en la calle de los Mártires.

El denominado teatro era un salón amplio y polivalente. Tenía cubierta plana o adintelada y recibía luz cenital mediante una gran claraboya rectangular desde el techo. Podía utilizarse como sala teatral, auditorio para diversos tipos de conciertos, sala de conferencias, espacio para sesiones solemnes, salón de banquetes, gran sala de fiestas nocturnas y como pista de baile.

El mobiliario era móvil y esto permitía retirar o reorganizar los asientos según la actividad. No tengo suficiente información sobre el aforo del espacio, pues además variaba según la actividad que se realizaba. No era igual como teatro con sillas que como restaurante con mesas o como sala de baile diáfano.

Su actividad fue muy intensa. No parece que funcionara como un teatro comercial ordinario con una compañía estable y una programación diaria de dramas o zarzuelas, pues fue, sobre todo, el escenario protocolario y festivo de la Exposición.

En él se celebraron conciertos, bailes, fiestas de cotillones y de sociedad, funciones y espectáculos variados, incluso festivales de jota, conferencias, sesiones solemnes de premios o recepciones oficiales, banquetes públicos y privados, y reuniones vinculadas con congresos y asambleas de expositores.

Se habla en aquellas semanas de los actos de la Exposición que contabilizó hasta catorce cotillones y unos ochenta banquetes oficiales, además de numerosos banquetes particulares, conciertos, conferencias, bailes, sesiones solemnes y espectáculos de todo tipo.

El cotillón más famoso fue el celebrado el 29 de octubre de 1908, coincidiendo con la visita de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Asistió también el presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura. La tradición recogida años después afirma que Maura llegó a bailar con la reina Victoria Eugenia. El episodio es verosímil y aparece en las memorias históricas sobre la Exposición, pero procede de un recuerdo posterior, no de un acta oficial del baile.

La Exposición estaba inicialmente prevista hasta finales de octubre, pero su éxito hizo que se prolongara hasta el 5 de diciembre de 1908.

El acto oficial de clausura se celebró precisamente en el salón de fiestas del Gran Casino. Esto demuestra que, una vez concluido, se convirtió en el principal espacio representativo y protocolario del certamen. No pudo hacerse la inauguración, pues no estaba terminada la obra.

Sí existía un espacio denominado casino de juego, aunque la palabra “casino” tenía entonces un significado más amplio del que actualmente reconocemos. Designaba un establecimiento de sociabilidad con tertulias, lectura de prensa, restaurante, café, bailes, conciertos y juegos permitidos. El juego era una parte del establecimiento, pero no su única ni necesariamente su principal función.

Aunque había sido concebido para desaparecer al concluir la Exposición, fue el pabellón provisional que más tiempo sobrevivió. Su solidez, sus dimensiones y su calidad arquitectónica aconsejaron reutilizarlo.

La Escuela de Música de Zaragoza pidió instalar allí su sede. El edificio fue cedido el 19 de diciembre de 1909 y comenzó a funcionar como Palacio de la Música. En él se integraron también el Orfeón y la Filarmónica de Zaragoza. Es decir, en pocos días tras la clausura, ya se decidió su utilización, para que no decayera su cuidado.

Para adaptarlo se hicieron ampliaciones y reformas, empleándose materiales recuperados del derribo de otros pabellones provisionales. Posteriormente fue sede de la Cámara Oficial de Comercio e Industria. También se empleó ocasionalmente como sala de exposiciones. Está documentada, por ejemplo, una exposición de la Agrupación Juventud Artística Valenciana en diciembre de 1919. Es decir, diez años después de la clausura de la Exposición.

El edificio terminó desapareciendo hacia 1930 o durante los primeros años de esa década. Algunas fuentes dan simplemente 1930 y otras hablan de «los años treinta», por lo que no considero segura una fecha más precisa sin localizar el expediente municipal de derribo.

Estaba ubicado en la zona de la actual Plaza de Los Sitios, muy próximo al Pabellón de Francia y al quiosco de la música, dentro de una de las principales avenidas de la Exposición.

El edificio del Gran Teatro Casino fue importante por varias razones. Principalmente porque representó la vertiente más festiva, moderna y cosmopolita de la Exposición.

Mientras otros pabellones exponían maquinaria, agricultura o arte, el Casino era el lugar donde se encontraban autoridades, burgueses, artistas, visitantes extranjeros y sociedad zaragozana.

Supo incorporar en un solo edificio casi todos los servicios modernos de ocio y comunicación de la época: restaurante, teléfono, correos, lectura, espectáculos y vida social.

Fue una de las obras maestras perdidas de Ricardo Magdalena y posiblemente el edificio modernista público más destacado que tuvo Zaragoza. Lo cual es una auténtica pena.

Y su aspecto novedoso ayudó a que los zaragozanos aceptaran el modernismo como modelo arquitectónico interesante, que poco después se extendería por las viviendas burguesas del paseo de Sagasta y otras zonas de expansión de la ciudad.

La desaparición de este edificio fue una pérdida patrimonial considerable. Aunque estuviera construido parcialmente en adobe y hubiese nacido como edificio provisional, sobrevivió más de veinte años a la Expo y demostró que podía ser adaptado a usos permanentes. Su derribo no era, por tanto, inevitable por razones estrictamente constructivas. Nunca se pensó en reconvertirlo con obras que lograran consolidar las bases del edificio.

Julio Puente




15.7.26

Zaragoza 1975. Precios de alimentación


Esta imagen propia es de 1974 más o menos, año arriba o abajo. Para entender los precios sobre todo. Es una tiende de Ultramarinos que había en el Coso Bajo de Zaragoza, poco antes de llegar a la plaza de la Magdalena.

Podemos ver los precios, en pesetas no hay duda, de ciertos productos en aquella Zaragoza de hace algo más de 50 años. Desde las 200 pesetas el kilo de longaniza de Aragón a las 3 pesetas por cada sardina rancia. 

La miel pura estaba a 80 pesetas el kilo, y el precio de la legumbre que se vendía mucho entonces variaba según el tipo de producto, entre las lentejas de Salamanca a 40 pesetas el kilo a los boliches del Pilar (los más caros) a 90 pesetas el kilo.

Se ofrecían cuatro cubos diferentes de jabón de lavadora. Dash, Daran, Colón u Lagarto. El precio bastante similar.

Y las patatas iban desde las 16 a las 20 pesetas el kilo. Bacalao, mermeladas, conservas o jamón de Teruel del viejo. De todo se vendía en aquella tienda de ultramarinos, de alimentación.



28.6.26

La puerta del Carmen de Zaragoza, desde su interior


Hoy os dejo una imagen de la Puerta del Carmen de Zaragoza, del año 1916, hace más de un siglo, cuando no estaba suelta como un monumento, sino que todavía cumplía su función como puerta real, pudiendo cerrarse si fuera necesario.

La vemos desde el interior, desde la actual avenida CésarAugusto. Una imagen muy curiosa, casi simpática, y que nos hace recordar que su función no era ornamental, no era un monumento, sino una puerta real de cierre de la ciudad, para poder cobrar impuestos municipales en tiempos antiguos.

Debemos recordar que esta puerta tan conocida, la llamada Puerta del Carmen fue construida entre los años 1789 y 1795. Diseñada por el arquitecto neoclásico Agustín Sanz, y que se inauguró en 1792, siendo un bastión clave en la defensa de Zaragoza en los Sitios contra los franceses.

24.6.26

Restos de San Lázaro en Zaragoza


Este es el subsuelo zaragozano, lleno de historia, de recuerdos, de restos de edificios de la Zaragoza histórica. Esta Zaragoza no nos pertenece, no es nuestra, es de todos, también de los que todavía no han nacido. Nosotros solo tenemos que conservarla.

Son los restos de San Lázaro, de calles, edificios, zonas de interés histórico, algunas se han conservado para poderse visitar, pero otras quedaron otra vez enterradas para posteriores generaciones.

El origen del conjunto de San Lázaro es algo más complejo de lo que parece, porque primero existió un hospital o leprosería, y después se estableció el convento mercedario que hoy se conoce mejor y del que muy posiblemente sean los restos que vemos en la imagen.

El Real Convento Hospital de San Lázaro comenzó a levantarse en las afueras de Zaragoza, cruzando el río Ebro, en 1224, apenas unos años después de la fundación de la Orden de la Merced. Según las fuentes históricas, fue fundado por orden real y bajo el patrocinio de Jaime I el Conquistador, convirtiéndose en una de las principales instituciones asistenciales de la Zaragoza medieval.

Pero ese mismo lugar ya tenía una función sanitaria anterior. Allí existía una leprosería o lazareto, situada extramuros de la ciudad, junto al Puente de Piedra y al camino de entrada desde el norte. La elección de este emplazamiento no era casual: en la Edad Media los enfermos de lepra solían mantenerse fuera del recinto urbano. La Orden de la Merced asumió posteriormente la atención de estos enfermos y desarrolló el convento alrededor de esa función asistencial.

Con el paso de los siglos el convento fue creciendo hasta convertirse en uno de los establecimientos religiosos más importantes de Zaragoza desde el Arrabal. A finales del siglo XVII disponía de una gran iglesia de cruz latina, varios claustros, biblioteca, dependencias hospitalarias y el famoso Claustro del Pozo de San Lázaro, cuya agua gozaba de gran fama en Zaragoza.

Un detalle curioso que suele pasar desapercibido es que el edificio que hoy vemos en las excavaciones no corresponde íntegramente al convento original de 1224. A lo largo de casi seis siglos sufrió ampliaciones, reformas y reconstrucciones, especialmente las importantes obras realizadas entre 1674 y 1677, que modificaron notablemente su aspecto medieval.

Además, durante los Sitios de Zaragoza (1808-1809) quedó prácticamente arrasado al convertirse en una pieza clave para la defensa del Puente de Piedra. Lo que hoy se conserva son restos arqueológicos de las distintas fases de esa larga historia de un espacio muy importante para la historia de Zaragoza.

15.6.26

El séptimo arco del Puente de Piedra de Zaragoza


El Puente de Piedra de Zaragoza tiene siete arcadas. Y no, no las vemos todas. Solo conocemos seis, aunque sabemos que existe una séptima que está enterrada. El arco cegado del puente de Piedra sito bajo el paseo de Echegaray y Caballero, se pudo ver en el año 1976 en una reparación de colectores de agua bajo el suelo del paseo. Este primer arco y la primera pila de esa arcada quedaron ocultos al construirse el muro de contención del Ebro en el año 1720.

El arco o arcada más occidental, el que estaba junto a la entrada a la ciudad, quedó oculto progresivamente por las obras urbanas realizadas entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII para proteger la ribera y ganar terreno junto a la muralla, separando el río de la ciudad.Durante siglos debemos reconocer que el Ebro tenía un comportamiento mucho más irregular que hoy. 

Existían en el cauce del río más brazos secundarios, zonas inundables y cauces temporales junto a la muralla. No existían defensas válidas aguas arriba de la ciudad de Zaragoza. El actual Puente de Piedra se calcula que se construyó como lo concoemos a principios del siglo XV.

El primer arco permitía el paso de aguas en épocas de crecida y daba salida a corrientes secundarias. Sin embargo, las obras de defensa de la ciudad fueron modificando la ribera. Se construyeron muros de contención. Se rellenaron espacios junto al puente. Se consolidó el terreno urbano. Se ganó superficie edificable y de circulación. Cuando el terreno detrás de La Lonja quedó definitivamente incorporado a la ciudad, aquel arco perdió su función hidráulica y acabó cegándose.

Cuando los viajeros medievales o incluso modernos entraban en Zaragoza desde el norte, desde el Rabal, no pasaban inmediatamente del puente a la ciudad. Existía una transición entre el cauce y el caserío urbano, hasta encontrarse con La Lonja, había espacios defensivos, muros, rampas y terrenos susceptibles de inundación. La construcción de La Lonja mediado el siglo XVI también obligó a ciertas modificaciones urbanas en la zona.

El cegado del primer arco simboliza precisamente la transformación de aquella Zaragoza desde una ciudad fluvial medieval a una ciudad más estable y urbanizada en su frente del Ebro. Por eso ese arco oculto no es solo una curiosidad arquitectónica. Es también el testimonio físico de cómo cambió la relación entre Zaragoza y su río hace trescientos años.

De hecho, si algún día pudiera excavarse íntegramente la zona próxima al arranque del puente junto a la Lonja o la calle Don Jaime, uno de los hallazgos más interesantes sería precisamente volver a contemplar ese séptimo arco medieval que todavía duerme debajo del Paseo de Echegaray.

8.4.26

La geografia sí que importa. La mental sobre todo

En Geografía política o en Geografía económica o sociológica, sabemos que las distancias no son kilómetros ni minutos, son sensaciones, son estados mentales, son acercamientos o alejamientos de estado de ánimo, de cultura, aunque sean distancias no reales. 

Vamos a hablar de Aragón. 

Desde Canarias a África hay 100 kilómetros, pero la distancia real (la mental) es mucho mayor que la que existe entre Galicia y Andalucía que son diez veces más de kilómetros de separación. 

Que sí, que sí, que voy a hablar de Aragón.

Las fuerzas progresistas aragonesas se comportan de distinta forma según sean de Huesca o de Teruel. Me refiero a IU, CHA, Podemos y similares. En Huesca quieren remarcar que son aragoneses y aceptan de mal grado los acuerdos con otras fuerzas políticas, mientras que en Teruel parecen más proclives a entenderse entre ellos.

¿Y qué pinta aquí la geografía política? Pues curiosamente es más fácil llegar a Madrid desde Huesca que desde Teruel, pero en cambio da la sensación de que son más centralistas en Teruel que en Huesca

Las distancias no son en minutos sino en sensaciones. ¿Y qué dice Zaragoza en todo esto? 

Pues depende, pero curiosamente Zaragoza pinta menos que lo que corresponde por su tamaño y su voz es mirada con cierto repelús.

Las fuerzas conservadoras en cambio lo tienen muy claro. Ellos, todos, en procesión, parecen madrileños de nacimiento, aunque sus familias vivieran en Aragón en el momento del parto. En los últimos tiempos, digan lo que digan, y llevan la bandera que lleven en la muñeca, no parecen tanto españoles, como madrileños.

Y digo madrileños, pues en realidad no son casi españoles de lo que realmente es España, un territorio tremendamente plural. 

Si tienen que elegir entre ser gallegos o canarios, aragoneses o sevillanos, los que nacieron en Aragón siempre gritan que son aragoneses. 

Pero si les preguntas por Madrid o por si se sienten madrileños por vivir allí, el silencio acompaña la respuesta con un sonrisa. Depende de quien pregunte.

24.2.26

Puente de Piedra de Zaragoza, 1860


Esta fotografía tomada en el año 1860 por el autor galés Charles Clifford con motivo de la visita de la reina Isabel II a la ciudad de Zaragoza, nos permite ver las construcciones que todavía existían pegadas al Puente de Piedra, llamadas Las Casas de las Aduanas.

13.1.26

Fundación de Zaragoza Caesaraugusta según una obra de Emilio Gil Murillo


De esta obra del pintor Emilio Gil Murillo tenemos pocas notas. He sabido que sus parientes tiene al menos en sus hogares dos obras del citado autor, que desearía poder vender o entregar a alguna institución aragonesa. (Como he logrado dos copias de la misma obra, dejo ambas, pues desconozco cual de ellas se acerca más al original)

Sabemos también que el citado artista estaba becado por el Ayuntamiento de Zaragoza desde mitad del año 1892 hasta mitad del año 1896 y que en su periodo final pintó esta obra titulada “Origen y fundación de Zaragoza” realizada en su taller de Roma. Sabemos que recibían los becados una cantidad de 1.625 pesetas anuales como ayudas a pensión y estudios para artistas jóvenes que fueran pobres. 

Y que antes de Emilio Gil fue el artista Gascón de Gotor quien pudo disfrutar de esta ayuda.

En esta obra podemos ver la idea de la fundación de Caesaraugusta según los ritos romanos de los que se tenía constancia en el siglo XIX. Se consultaba a los dioses sobre el lugar elegido, se trazaban unas líneas con un arado de bronce tirado por una ternera y un toro o unos bueyes. 


Se sabe que en el punto central de las dos líneas que formaban las calles principales se realizaban ofrendas y se enterraban los presentes como recuerdo a modo de la actual “primer piedra” y que se trazaba la línea exterior de la ciudad, dicen que hasta desfallecer los bueyes de cansancio. 

Entrañas de animales que se dedicaban a los dioses eran enterrados en esa zona que se cubría con una gran losa cuadrada sobre la que se ponía un fuego sobre un altar en el que se celebraban ceremonias en algunos momentos del año.

Este punto central se encontraría en Zaragoza —más o menos— en el lugar donde ahora se encuentra la Iglesia de la Santa Cruz. Allí se enterraron tierras que se traían desde los lugares donde habían nacido los habitantes de la nueva ciudad además de los estandarte militares en el caso —como Caesaraugusta— que fueran nuevas ciudades que se creaban como asentamiento de tropas eméritas o jubiladas de las guerras. 

Curiosamente el cruce de las dos calles, el Cardo y el Decúmanus, era una cruz entre las dos calles máximas. Una cruz, un cruce. Y así se sigue llamando la iglesia católica que está sobre ese punto.