La fundación de la ciudad de Caesaraugusta, la ciudad romana de la que nació la actual Zaragoza hace más de 2.000 años, debe entenderse dentro de uno de los procesos de transformación política, militar y administrativa más importantes de la historia de Roma. El final de la República y el establecimiento del régimen imperial bajo el gobierno de Augusto.
Durante las últimas décadas del siglo I antes de nuestra era, Roma había atravesado una prolongada sucesión de conflictos civiles que enfrentaron a los principales dirigentes políticos y militares de la República. Las ambiciones personales, las rivalidades entre generales y las disputas por el control de los territorios sometidos al poder romano, terminaron por debilitar las instituciones republicanas romanas, incapaces de mantener el equilibrio político que había caracterizado, al menos formalmente, su funcionamiento durante siglos.
Dos grandes victorias militares resultaron decisivas en la consolidación del poder de Octaviano, el futuro emperador Augusto. La primera tuvo lugar en el año 36 a. n. e., cuando la flota dirigida por Marco Vipsanio Agripa derrotó a Sexto Pompeyo en la batalla naval de Nauloco el 3 de septiembre del año 36 a. n. e. en la costa norte de Sicilia. La segunda, todavía más trascendental, se produjo en el año 31 a. n. e., cuando las fuerzas de Octaviano vencieron a Marco Antonio y Cleopatra en la batalla de Actio, junto a las costas occidentales de Grecia.
La derrota de Marco Antonio y Cleopatra, seguida de sus muertes al año siguiente, eliminó los últimos grandes obstáculos militares y políticos que impedían a Octaviano ejercer un dominio prácticamente indiscutido sobre los territorios romanos.
En el año 27 a. n. e., el Senado le concedió a Octaviano el título de Augustus, iniciándose una nueva etapa en la historia de Roma. Aunque formalmente se conservaron numerosas instituciones republicanas, el poder efectivo quedó progresivamente concentrado en la figura del princeps, considerado el primero entre los ciudadanos, y en la estructura política y administrativa que se desarrolló a su alrededor.
Comenzaba así el Principado, una fórmula de gobierno que, bajo la apariencia de continuidad con las antiguas tradiciones republicanas, estableció las bases de lo que conocemos como Imperio romano.
La reorganización del Imperio
Una de las grandes preocupaciones de Augusto fue conseguir que los extensos territorios exteriores a Roma pero sometidos, dispusieran de una organización política y administrativa estable, capaz de garantizar su seguridad, facilitar las comunicaciones, recaudar impuestos y favorecer el desarrollo económico.
Para alcanzar estos objetivos impulsó profundas reformas en la administración provincial, reorganizó el ejército, promovió la construcción de infraestructuras y favoreció la creación de nuevas ciudades. La fundación de colonias constituía uno de los instrumentos más eficaces de esta política.
Las colonias romanas no eran únicamente nuevos asentamientos urbanos. Representaban la implantación de las instituciones, las leyes y las formas de vida de Roma en territorios que, en muchos casos, conservaban una importante población indígena y tradiciones culturales anteriores a la conquista. Roma quería “convertir” a los habitantes de sus territorios exteriores en auténticos romanos.
Además, permitían resolver uno de los problemas derivados de las largas campañas militares: el asentamiento de los soldados veteranos que, tras cumplir sus años de servicio, ya mayores y cansados, recibían tierras y podían comenzar una nueva vida.
De este modo, antiguos legionarios se convertían en propietarios agrícolas y ciudadanos de comunidades que reproducían, a escala local, buena parte de las instituciones romanas. No volvían a Roma, pero se asentaba en territorios nuevos construidos a imagen de Roma.
La presencia de estos veteranos contribuía a consolidar el control territorial, al tiempo que favorecía la difusión del latín, del derecho romano y de los modelos urbanos, económicos y sociales de Roma. La creación de colonias se convirtió, por tanto, en una herramienta fundamental para la integración de los territorios provinciales.
El nacimiento de Caesaraugusta
Dentro de esta política de reorganización territorial debemos situar la fundación de la Colonia Caesar Augusta, hacia los años 15-14 antes de nuestra era, en el valle medio del Ebro.
La nueva ciudad recibió un nombre extraordinariamente significativo. A diferencia de otras fundaciones romanas que incorporaron denominaciones relacionadas con Augusto, Caesaraugusta tuvo el privilegio de utilizar directamente el nombre completo del emperador, sin necesidad de otros apelativos complementarios.
Esta singularidad reflejaba la especial vinculación de la colonia con su fundador y otorgaba a la nueva población una dimensión política y simbólica que iba más allá de su simple condición de asentamiento urbano. La elección del lugar tampoco fue casual.
En el emplazamiento seleccionado existía anteriormente una población indígena conocida como Salduie o Salduvia, relacionada con el mundo ibérico de los sedetanos. Su situación, junto al Ebro y próxima a las desembocaduras de los ríos Huerva y Gállego, ofrecía unas condiciones especialmente favorables para el establecimiento de un centro urbano de gran importancia. Y aquella zona donde ya existía una ciudad íbera gozaba de una situación fabulosa en la orilla derecha del Ebro, al estar asentada en una pequeña meseta que la defendía de inundaciones del bravo Ebro, en la zona trasera de la actual La Seo, sobre el barrio de El Boterón.
El valle del Ebro constituía un corredor natural de comunicaciones entre el Mediterráneo y el interior de la península ibérica. Además, su conexión con las tierras del norte y con las rutas que atravesaban los sistemas montañosos peninsulares le confería un considerable valor estratégico.
La nueva colonia se estableció, por tanto, en un lugar que reunía condiciones favorables para la actividad agrícola, el comercio, las comunicaciones y el control administrativo del territorio. Y era un territorio fácil de defender de enemigos y de problemas de riadas e inundaciones. El río Gállego estaba casi enfrente, pero en la otra orilla del Ebro.
Una ciudad fundada por veteranos de las legiones
La fundación de Caesaraugusta estuvo estrechamente relacionada con las campañas militares desarrolladas por Roma en el norte de Hispania.
Durante las denominadas Guerras Cántabras, que se prolongaron entre los años 29 y 19 a. n. e., el ejército romano combatió contra los pueblos cántabros y astures, en uno de los últimos grandes episodios de resistencia a la dominación romana en la península.
Augusto participó personalmente en algunas fases de aquellas campañas, aunque la conclusión definitiva del conflicto correspondió a sus generales. Una vez terminadas las operaciones militares, parte de los soldados licenciados fueron establecidos en nuevas colonias.
En Caesaraugusta se asentaron veteranos procedentes de tres importantes unidades militares: la Legio IIII Macedonica, la Legio VI Victrix y la Legio X Gemina. La presencia de estas legiones fundadoras está documentada especialmente a través de la numismática, puesto que sus emblemas aparecen representados en monedas acuñadas por la propia colonia.
Los veteranos recibieron tierras y pasaron a formar parte de la comunidad de ciudadanos que constituiría el núcleo inicial de la nueva ciudad romana. Estos antiguos militares aportaban no solo su experiencia y su condición jurídica de ciudadanos romanos, sino también una cultura común, forjada durante años de servicio en el ejército romano. Se asentaba, formaban familias, se les entregaba una ciudad nueva y unas tierras muy fértiles con suficiente agua para la agricultura.
Su establecimiento contribuyó a organizar y explotar económicamente las tierras del entorno, favoreciendo la aparición de explotaciones agrícolas vinculadas al abastecimiento de la población urbana.
La colonia no debió de constituir, sin embargo, un espacio exclusivamente ocupado por antiguos soldados. La presencia de población indígena y los contactos con las comunidades del territorio formaron parte del proceso de transformación social y cultural que acompañó al nacimiento de la ciudad.
Una ciudad construida siguiendo el modelo romano
Caesaraugusta fue concebida como una ciudad organizada de acuerdo con los principios urbanísticos romanos. Su trazado se articuló a partir de dos grandes ejes: el cardo maximus, orientado aproximadamente de norte a sur, y el decumanus maximus, dispuesto de este a oeste.
La intersección de estas grandes vías servía de referencia para organizar una trama de calles que dividía el espacio urbano en manzanas destinadas a viviendas, establecimientos comerciales, edificios públicos y otras actividades.
La estructura fundamental de aquel urbanismo ha dejado una huella reconocible en el centro histórico de Zaragoza, donde determinadas calles actuales mantienen orientaciones relacionadas con el trazado de la antigua colonia. Es famosa la calle Mayor que mira al Solsticio y casi a Roma, pero su trazado guarda más relación con las calles que ya existían de la primitiva ciudad íbera y con el decumanus y el cardo.
La ciudad fue dotándose progresivamente de las infraestructuras propias de una importante población romana. El abastecimiento de agua, las conducciones subterráneas, las cloacas, los espacios comerciales y las principales vías de circulación constituían elementos esenciales para garantizar el funcionamiento de una comunidad urbana cada vez más compleja. Entre los edificios públicos destacó especialmente el foro, centro de la vida política, administrativa, religiosa y comercial.
El foro no era simplemente una plaza monumental. Representaba el lugar donde se desarrollaba buena parte de la actividad institucional de la ciudad y donde se hacía visible, mediante su arquitectura y sus monumentos, la presencia del poder romano.
Caesaraugusta contó también con un importante teatro, construido durante el siglo I de nuestra era, en época de los primeros emperadores de la dinastía julio-claudia. La construcción de este edificio, de considerables dimensiones, demuestra la importancia alcanzada por la colonia y la voluntad de sus dirigentes de dotarla de espacios públicos acordes con su categoría.
Otros establecimientos, como las termas, las instalaciones portuarias y los edificios destinados a actividades económicas y comerciales, completaron el paisaje monumental de la ciudad. Nos queda la duda de si tuvo Circo estable.
El Ebro, una vía fundamental de comunicación
La posición de Caesaraugusta junto al Ebro fue uno de los factores decisivos para su desarrollo. Durante la Antigüedad, los ríos navegables constituían importantes vías de transporte, especialmente para mercancías pesadas o voluminosas cuyo desplazamiento por tierra resultaba más difícil y costoso. El Ebro permitía conectar diferentes poblaciones de su valle y facilitaba los intercambios comerciales con otros territorios.
Caesaraugusta dispuso de instalaciones portuarias destinadas a aprovechar esta vía de comunicación, cuyos restos han podido ser estudiados y conservados parcialmente gracias a las excavaciones arqueológicas realizadas en el centro de Zaragoza. La actividad portuaria debió de mantener una estrecha relación con el comercio de productos agrícolas, materias primas y mercancías manufacturadas. A esta ventaja fluvial se añadía una importante red de comunicaciones terrestres que conectaba la colonia con otras ciudades de Hispania.
La combinación de ambos sistemas de transporte favoreció su consolidación como centro comercial y administrativo del valle medio del Ebro.
Capital de un extenso territorio administrativo
La importancia de Caesaraugusta no se limitó a su condición de colonia romana. La ciudad se convirtió en capital del conventus iuridicus Caesaraugustanus, una de las grandes circunscripciones judiciales y administrativas de la provincia Hispania Citerior Tarraconense.
Los conventos jurídicos desempeñaban funciones relacionadas con la administración de justicia y con la organización del gobierno provincial. En determinados momentos del año, representantes de diferentes comunidades acudían a las ciudades que ejercían como capitales conventuales para resolver asuntos judiciales y administrativos ante las autoridades romanas. La capitalidad del convento cesaraugustano reforzó considerablemente la posición de la colonia.
Su influencia se extendía sobre un territorio mucho mayor que el ocupado por la propia ciudad y por las tierras directamente dependientes de ella. Esta función administrativa favoreció la concentración de actividades económicas, la llegada de personas procedentes de otras poblaciones y el desarrollo de una sociedad urbana cada vez más diversificada. Caesaraugusta se consolidó así como uno de los grandes centros de organización territorial del nordeste peninsular.
La especial relación con Augusto y la familia imperial
Uno de los testimonios más significativos de la vinculación de Caesaraugusta con Augusto y sus sucesores procede de las monedas acuñadas en la ceca local. Estas emisiones monetarias constituyen una fuente documental de extraordinario valor para conocer la historia política de la colonia.
En sus anversos y reversos aparecen representaciones de emperadores, miembros de la familia imperial, magistrados municipales, símbolos religiosos y emblemas relacionados con el origen militar de la ciudad.
Las monedas no cumplían únicamente una función económica. También eran instrumentos de representación política, capaces de transmitir mensajes sobre la legitimidad del poder, la identidad de la comunidad y su relación con las instituciones imperiales.
Durante los reinados de Augusto, Tiberio y Calígula, la ceca de Caesaraugusta desarrolló una producción monetaria cuya iconografía refleja la estrecha identificación de la ciudad con la dinastía julio-claudia.
La colonia distinguió asimismo con el título honorífico de duunviro a varios miembros destacados de la familia imperial.
Entre ellos figuraron Germánico y sus hijos Nerón César, Druso César y Cayo César, este último conocido posteriormente como el emperador Calígula.
Los duunviros eran los principales magistrados municipales de las colonias romanas. Ejercían funciones de gobierno local y pueden compararse, con las necesarias diferencias históricas, con los actuales responsables de la administración municipal.
La concesión honorífica de esta magistratura a miembros de la familia imperial constituía una manifestación pública de fidelidad y de especial vinculación política.
La importancia de estos nombramientos queda reforzada por las emisiones monetarias que conservaron sus nombres y permitieron transmitir su recuerdo hasta nuestros días.
Una sociedad urbana cada vez más próspera
El desarrollo de Caesaraugusta favoreció la aparición de una sociedad urbana caracterizada por una creciente diferenciación económica y social.
Junto a los descendientes de los primeros colonos militares se fueron consolidando familias acomodadas vinculadas a la propiedad agraria, el comercio, las actividades administrativas y el ejercicio de las magistraturas municipales. Estas élites locales desempeñaron un papel fundamental en la vida pública de la ciudad.
Su prestigio dependía de factores como la riqueza familiar, la posición jurídica, las relaciones personales y la participación en las instituciones municipales. La prosperidad de algunas de estas familias se manifestó en la construcción y decoración de viviendas de considerable calidad.
Los restos arqueológicos encontrados en diferentes puntos de Zaragoza han permitido documentar pavimentos de mosaico, pinturas murales, elementos arquitectónicos ornamentales y esculturas que revelan la presencia de ambientes domésticos refinados.
La utilización de mármoles, esculturas y costosos programas decorativos constituía una forma de expresar públicamente la posición económica y cultural de sus propietarios.
Estas manifestaciones artísticas reflejan también la integración de Caesaraugusta en las corrientes culturales y estéticas del mundo romano.
No obstante, junto a aquellas residencias acomodadas existió una población mucho más amplia formada por artesanos, comerciantes, trabajadores, pequeños propietarios y otros grupos sociales cuya presencia resulta menos visible en los restos monumentales.
Como en cualquier gran ciudad romana, la prosperidad no debió de distribuirse por igual entre todos sus habitantes. La historia de Caesaraugusta fue, por tanto, la de una comunidad compleja, integrada por personas de diferentes condiciones jurídicas, actividades económicas y niveles de riqueza.
La huella de Caesaraugusta bajo la Zaragoza actual
Uno de los aspectos más interesantes de la antigua colonia es que su historia no ha desaparecido bajo la ciudad contemporánea. Durante siglos, las sucesivas generaciones de zaragozanos construyeron edificios, calles y plazas sobre los restos de las etapas anteriores, transformando continuamente el espacio urbano. Esa superposición histórica convirtió el subsuelo del casco antiguo en un extraordinario archivo arqueológico.
Las excavaciones realizadas durante las últimas décadas han permitido recuperar numerosos testimonios materiales de la ciudad romana. Entre los más destacados se encuentran los restos del foro, el teatro, las termas públicas y el puerto fluvial. La conservación y musealización de una parte de estos espacios permite conocer actualmente aspectos fundamentales del urbanismo y de la vida cotidiana de Caesaraugusta. Pero los grandes edificios públicos representan solamente una parte de ese legado.
Bajo numerosas calles y construcciones actuales permanecen, o han permanecido hasta su excavación, restos de viviendas, conducciones de agua, establecimientos comerciales, pavimentos y otras estructuras relacionadas con las actividades de sus habitantes.
Gracias a la arqueología urbana, la historia de Caesaraugusta puede reconstruirse progresivamente a partir de testimonios materiales que complementan las noticias transmitidas por las fuentes escritas y las monedas.
De Caesaraugusta a Zaragoza
La importancia histórica de la ciudad fundada por Augusto no terminó con la desaparición del Imperio romano de Occidente.
A lo largo de la Antigüedad tardía, Caesaraugusta experimentó transformaciones políticas, económicas, religiosas y urbanas, pero mantuvo su condición de núcleo de población relevante.
La difusión del cristianismo y la consolidación de las instituciones eclesiásticas contribuyeron a redefinir su papel dentro de la organización territorial.
Durante el periodo visigodo, Zaragoza fue una importante sede episcopal y desempeñó un destacado papel religioso y político.
Tras la conquista islámica, a comienzos del siglo VIII, la ciudad, conocida como Saraqusta, se convirtió en uno de los principales centros urbanos de al-Ándalus. Su posición estratégica en el valle del Ebro volvió a resultar decisiva.
Saraqusta alcanzó una especial importancia como centro político y militar de la Marca Superior, la gran región fronteriza septentrional del territorio andalusí. Después de la desintegración del califato de Córdoba, la ciudad se convirtió en capital de una taifa independiente que llegó a desempeñar un papel destacado en la política peninsular. Durante aquella etapa experimentó un considerable desarrollo cultural, económico y artístico, del que la Aljafería constituye uno de los testimonios más representativos.
En diciembre de 1118, la conquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador incorporó la ciudad al Reino de Aragón. Desde entonces, Zaragoza adquirió una posición fundamental en la organización política del reino y terminó consolidándose como su principal capital. A partir de aquel momento comenzó una nueva etapa histórica, marcada por la transformación de las instituciones, la sociedad y el paisaje urbano.
Sin embargo, la ciudad continuó ocupando el mismo emplazamiento estratégico elegido muchos siglos antes para establecer la colonia romana.
Una ciudad con más de dos mil años de continuidad
La fundación de Caesaraugusta fue el resultado de una decisión política adoptada dentro del gran programa de reformas impulsado por Augusto.
Lo que inicialmente constituyó una colonia destinada, entre otros objetivos, al asentamiento de veteranos militares y a la consolidación del dominio romano en Hispania terminó convirtiéndose en una ciudad de extraordinaria continuidad histórica.
Su posición en el valle del Ebro, su función como centro administrativo y su capacidad para adaptarse a las sucesivas transformaciones políticas explican buena parte de esa permanencia.
Caesaraugusta, la Zaragoza visigoda, Saraqusta y la Zaragoza cristiana medieval fueron realidades históricas diferentes, separadas por cambios profundos en las instituciones, las creencias, la sociedad y las formas de vida.
Pero todas ellas compartieron un mismo espacio urbano y una posición geográfica cuya importancia se mantuvo a lo largo de los siglos.
Más de dos mil años después, la ciudad fundada en tiempos de Augusto continúa siendo uno de los grandes centros urbanos del valle del Ebro.
Y bajo sus calles, plazas y edificios permanece todavía una parte considerable de aquella primera ciudad romana, cuyo descubrimiento y estudio siguen permitiendo reconstruir los orígenes de Zaragoza.
Durante las últimas décadas del siglo I antes de nuestra era, Roma había atravesado una prolongada sucesión de conflictos civiles que enfrentaron a los principales dirigentes políticos y militares de la República. Las ambiciones personales, las rivalidades entre generales y las disputas por el control de los territorios sometidos al poder romano, terminaron por debilitar las instituciones republicanas romanas, incapaces de mantener el equilibrio político que había caracterizado, al menos formalmente, su funcionamiento durante siglos.
Dos grandes victorias militares resultaron decisivas en la consolidación del poder de Octaviano, el futuro emperador Augusto. La primera tuvo lugar en el año 36 a. n. e., cuando la flota dirigida por Marco Vipsanio Agripa derrotó a Sexto Pompeyo en la batalla naval de Nauloco el 3 de septiembre del año 36 a. n. e. en la costa norte de Sicilia. La segunda, todavía más trascendental, se produjo en el año 31 a. n. e., cuando las fuerzas de Octaviano vencieron a Marco Antonio y Cleopatra en la batalla de Actio, junto a las costas occidentales de Grecia.
La derrota de Marco Antonio y Cleopatra, seguida de sus muertes al año siguiente, eliminó los últimos grandes obstáculos militares y políticos que impedían a Octaviano ejercer un dominio prácticamente indiscutido sobre los territorios romanos.
En el año 27 a. n. e., el Senado le concedió a Octaviano el título de Augustus, iniciándose una nueva etapa en la historia de Roma. Aunque formalmente se conservaron numerosas instituciones republicanas, el poder efectivo quedó progresivamente concentrado en la figura del princeps, considerado el primero entre los ciudadanos, y en la estructura política y administrativa que se desarrolló a su alrededor.
Comenzaba así el Principado, una fórmula de gobierno que, bajo la apariencia de continuidad con las antiguas tradiciones republicanas, estableció las bases de lo que conocemos como Imperio romano.
La reorganización del Imperio
Una de las grandes preocupaciones de Augusto fue conseguir que los extensos territorios exteriores a Roma pero sometidos, dispusieran de una organización política y administrativa estable, capaz de garantizar su seguridad, facilitar las comunicaciones, recaudar impuestos y favorecer el desarrollo económico.
Para alcanzar estos objetivos impulsó profundas reformas en la administración provincial, reorganizó el ejército, promovió la construcción de infraestructuras y favoreció la creación de nuevas ciudades. La fundación de colonias constituía uno de los instrumentos más eficaces de esta política.
Las colonias romanas no eran únicamente nuevos asentamientos urbanos. Representaban la implantación de las instituciones, las leyes y las formas de vida de Roma en territorios que, en muchos casos, conservaban una importante población indígena y tradiciones culturales anteriores a la conquista. Roma quería “convertir” a los habitantes de sus territorios exteriores en auténticos romanos.
Además, permitían resolver uno de los problemas derivados de las largas campañas militares: el asentamiento de los soldados veteranos que, tras cumplir sus años de servicio, ya mayores y cansados, recibían tierras y podían comenzar una nueva vida.
De este modo, antiguos legionarios se convertían en propietarios agrícolas y ciudadanos de comunidades que reproducían, a escala local, buena parte de las instituciones romanas. No volvían a Roma, pero se asentaba en territorios nuevos construidos a imagen de Roma.
La presencia de estos veteranos contribuía a consolidar el control territorial, al tiempo que favorecía la difusión del latín, del derecho romano y de los modelos urbanos, económicos y sociales de Roma. La creación de colonias se convirtió, por tanto, en una herramienta fundamental para la integración de los territorios provinciales.
El nacimiento de Caesaraugusta
Dentro de esta política de reorganización territorial debemos situar la fundación de la Colonia Caesar Augusta, hacia los años 15-14 antes de nuestra era, en el valle medio del Ebro.
La nueva ciudad recibió un nombre extraordinariamente significativo. A diferencia de otras fundaciones romanas que incorporaron denominaciones relacionadas con Augusto, Caesaraugusta tuvo el privilegio de utilizar directamente el nombre completo del emperador, sin necesidad de otros apelativos complementarios.
Esta singularidad reflejaba la especial vinculación de la colonia con su fundador y otorgaba a la nueva población una dimensión política y simbólica que iba más allá de su simple condición de asentamiento urbano. La elección del lugar tampoco fue casual.
En el emplazamiento seleccionado existía anteriormente una población indígena conocida como Salduie o Salduvia, relacionada con el mundo ibérico de los sedetanos. Su situación, junto al Ebro y próxima a las desembocaduras de los ríos Huerva y Gállego, ofrecía unas condiciones especialmente favorables para el establecimiento de un centro urbano de gran importancia. Y aquella zona donde ya existía una ciudad íbera gozaba de una situación fabulosa en la orilla derecha del Ebro, al estar asentada en una pequeña meseta que la defendía de inundaciones del bravo Ebro, en la zona trasera de la actual La Seo, sobre el barrio de El Boterón.
El valle del Ebro constituía un corredor natural de comunicaciones entre el Mediterráneo y el interior de la península ibérica. Además, su conexión con las tierras del norte y con las rutas que atravesaban los sistemas montañosos peninsulares le confería un considerable valor estratégico.
La nueva colonia se estableció, por tanto, en un lugar que reunía condiciones favorables para la actividad agrícola, el comercio, las comunicaciones y el control administrativo del territorio. Y era un territorio fácil de defender de enemigos y de problemas de riadas e inundaciones. El río Gállego estaba casi enfrente, pero en la otra orilla del Ebro.
Una ciudad fundada por veteranos de las legiones
La fundación de Caesaraugusta estuvo estrechamente relacionada con las campañas militares desarrolladas por Roma en el norte de Hispania.
Durante las denominadas Guerras Cántabras, que se prolongaron entre los años 29 y 19 a. n. e., el ejército romano combatió contra los pueblos cántabros y astures, en uno de los últimos grandes episodios de resistencia a la dominación romana en la península.
Augusto participó personalmente en algunas fases de aquellas campañas, aunque la conclusión definitiva del conflicto correspondió a sus generales. Una vez terminadas las operaciones militares, parte de los soldados licenciados fueron establecidos en nuevas colonias.
En Caesaraugusta se asentaron veteranos procedentes de tres importantes unidades militares: la Legio IIII Macedonica, la Legio VI Victrix y la Legio X Gemina. La presencia de estas legiones fundadoras está documentada especialmente a través de la numismática, puesto que sus emblemas aparecen representados en monedas acuñadas por la propia colonia.
Los veteranos recibieron tierras y pasaron a formar parte de la comunidad de ciudadanos que constituiría el núcleo inicial de la nueva ciudad romana. Estos antiguos militares aportaban no solo su experiencia y su condición jurídica de ciudadanos romanos, sino también una cultura común, forjada durante años de servicio en el ejército romano. Se asentaba, formaban familias, se les entregaba una ciudad nueva y unas tierras muy fértiles con suficiente agua para la agricultura.
Su establecimiento contribuyó a organizar y explotar económicamente las tierras del entorno, favoreciendo la aparición de explotaciones agrícolas vinculadas al abastecimiento de la población urbana.
La colonia no debió de constituir, sin embargo, un espacio exclusivamente ocupado por antiguos soldados. La presencia de población indígena y los contactos con las comunidades del territorio formaron parte del proceso de transformación social y cultural que acompañó al nacimiento de la ciudad.
Una ciudad construida siguiendo el modelo romano
Caesaraugusta fue concebida como una ciudad organizada de acuerdo con los principios urbanísticos romanos. Su trazado se articuló a partir de dos grandes ejes: el cardo maximus, orientado aproximadamente de norte a sur, y el decumanus maximus, dispuesto de este a oeste.
La intersección de estas grandes vías servía de referencia para organizar una trama de calles que dividía el espacio urbano en manzanas destinadas a viviendas, establecimientos comerciales, edificios públicos y otras actividades.
La estructura fundamental de aquel urbanismo ha dejado una huella reconocible en el centro histórico de Zaragoza, donde determinadas calles actuales mantienen orientaciones relacionadas con el trazado de la antigua colonia. Es famosa la calle Mayor que mira al Solsticio y casi a Roma, pero su trazado guarda más relación con las calles que ya existían de la primitiva ciudad íbera y con el decumanus y el cardo.
La ciudad fue dotándose progresivamente de las infraestructuras propias de una importante población romana. El abastecimiento de agua, las conducciones subterráneas, las cloacas, los espacios comerciales y las principales vías de circulación constituían elementos esenciales para garantizar el funcionamiento de una comunidad urbana cada vez más compleja. Entre los edificios públicos destacó especialmente el foro, centro de la vida política, administrativa, religiosa y comercial.
El foro no era simplemente una plaza monumental. Representaba el lugar donde se desarrollaba buena parte de la actividad institucional de la ciudad y donde se hacía visible, mediante su arquitectura y sus monumentos, la presencia del poder romano.
Caesaraugusta contó también con un importante teatro, construido durante el siglo I de nuestra era, en época de los primeros emperadores de la dinastía julio-claudia. La construcción de este edificio, de considerables dimensiones, demuestra la importancia alcanzada por la colonia y la voluntad de sus dirigentes de dotarla de espacios públicos acordes con su categoría.
Otros establecimientos, como las termas, las instalaciones portuarias y los edificios destinados a actividades económicas y comerciales, completaron el paisaje monumental de la ciudad. Nos queda la duda de si tuvo Circo estable.
El Ebro, una vía fundamental de comunicación
La posición de Caesaraugusta junto al Ebro fue uno de los factores decisivos para su desarrollo. Durante la Antigüedad, los ríos navegables constituían importantes vías de transporte, especialmente para mercancías pesadas o voluminosas cuyo desplazamiento por tierra resultaba más difícil y costoso. El Ebro permitía conectar diferentes poblaciones de su valle y facilitaba los intercambios comerciales con otros territorios.
Caesaraugusta dispuso de instalaciones portuarias destinadas a aprovechar esta vía de comunicación, cuyos restos han podido ser estudiados y conservados parcialmente gracias a las excavaciones arqueológicas realizadas en el centro de Zaragoza. La actividad portuaria debió de mantener una estrecha relación con el comercio de productos agrícolas, materias primas y mercancías manufacturadas. A esta ventaja fluvial se añadía una importante red de comunicaciones terrestres que conectaba la colonia con otras ciudades de Hispania.
La combinación de ambos sistemas de transporte favoreció su consolidación como centro comercial y administrativo del valle medio del Ebro.
Capital de un extenso territorio administrativo
La importancia de Caesaraugusta no se limitó a su condición de colonia romana. La ciudad se convirtió en capital del conventus iuridicus Caesaraugustanus, una de las grandes circunscripciones judiciales y administrativas de la provincia Hispania Citerior Tarraconense.
Los conventos jurídicos desempeñaban funciones relacionadas con la administración de justicia y con la organización del gobierno provincial. En determinados momentos del año, representantes de diferentes comunidades acudían a las ciudades que ejercían como capitales conventuales para resolver asuntos judiciales y administrativos ante las autoridades romanas. La capitalidad del convento cesaraugustano reforzó considerablemente la posición de la colonia.
Su influencia se extendía sobre un territorio mucho mayor que el ocupado por la propia ciudad y por las tierras directamente dependientes de ella. Esta función administrativa favoreció la concentración de actividades económicas, la llegada de personas procedentes de otras poblaciones y el desarrollo de una sociedad urbana cada vez más diversificada. Caesaraugusta se consolidó así como uno de los grandes centros de organización territorial del nordeste peninsular.
La especial relación con Augusto y la familia imperial
Uno de los testimonios más significativos de la vinculación de Caesaraugusta con Augusto y sus sucesores procede de las monedas acuñadas en la ceca local. Estas emisiones monetarias constituyen una fuente documental de extraordinario valor para conocer la historia política de la colonia.
En sus anversos y reversos aparecen representaciones de emperadores, miembros de la familia imperial, magistrados municipales, símbolos religiosos y emblemas relacionados con el origen militar de la ciudad.
Las monedas no cumplían únicamente una función económica. También eran instrumentos de representación política, capaces de transmitir mensajes sobre la legitimidad del poder, la identidad de la comunidad y su relación con las instituciones imperiales.
Durante los reinados de Augusto, Tiberio y Calígula, la ceca de Caesaraugusta desarrolló una producción monetaria cuya iconografía refleja la estrecha identificación de la ciudad con la dinastía julio-claudia.
La colonia distinguió asimismo con el título honorífico de duunviro a varios miembros destacados de la familia imperial.
Entre ellos figuraron Germánico y sus hijos Nerón César, Druso César y Cayo César, este último conocido posteriormente como el emperador Calígula.
Los duunviros eran los principales magistrados municipales de las colonias romanas. Ejercían funciones de gobierno local y pueden compararse, con las necesarias diferencias históricas, con los actuales responsables de la administración municipal.
La concesión honorífica de esta magistratura a miembros de la familia imperial constituía una manifestación pública de fidelidad y de especial vinculación política.
La importancia de estos nombramientos queda reforzada por las emisiones monetarias que conservaron sus nombres y permitieron transmitir su recuerdo hasta nuestros días.
Una sociedad urbana cada vez más próspera
El desarrollo de Caesaraugusta favoreció la aparición de una sociedad urbana caracterizada por una creciente diferenciación económica y social.
Junto a los descendientes de los primeros colonos militares se fueron consolidando familias acomodadas vinculadas a la propiedad agraria, el comercio, las actividades administrativas y el ejercicio de las magistraturas municipales. Estas élites locales desempeñaron un papel fundamental en la vida pública de la ciudad.
Su prestigio dependía de factores como la riqueza familiar, la posición jurídica, las relaciones personales y la participación en las instituciones municipales. La prosperidad de algunas de estas familias se manifestó en la construcción y decoración de viviendas de considerable calidad.
Los restos arqueológicos encontrados en diferentes puntos de Zaragoza han permitido documentar pavimentos de mosaico, pinturas murales, elementos arquitectónicos ornamentales y esculturas que revelan la presencia de ambientes domésticos refinados.
La utilización de mármoles, esculturas y costosos programas decorativos constituía una forma de expresar públicamente la posición económica y cultural de sus propietarios.
Estas manifestaciones artísticas reflejan también la integración de Caesaraugusta en las corrientes culturales y estéticas del mundo romano.
No obstante, junto a aquellas residencias acomodadas existió una población mucho más amplia formada por artesanos, comerciantes, trabajadores, pequeños propietarios y otros grupos sociales cuya presencia resulta menos visible en los restos monumentales.
Como en cualquier gran ciudad romana, la prosperidad no debió de distribuirse por igual entre todos sus habitantes. La historia de Caesaraugusta fue, por tanto, la de una comunidad compleja, integrada por personas de diferentes condiciones jurídicas, actividades económicas y niveles de riqueza.
La huella de Caesaraugusta bajo la Zaragoza actual
Uno de los aspectos más interesantes de la antigua colonia es que su historia no ha desaparecido bajo la ciudad contemporánea. Durante siglos, las sucesivas generaciones de zaragozanos construyeron edificios, calles y plazas sobre los restos de las etapas anteriores, transformando continuamente el espacio urbano. Esa superposición histórica convirtió el subsuelo del casco antiguo en un extraordinario archivo arqueológico.
Las excavaciones realizadas durante las últimas décadas han permitido recuperar numerosos testimonios materiales de la ciudad romana. Entre los más destacados se encuentran los restos del foro, el teatro, las termas públicas y el puerto fluvial. La conservación y musealización de una parte de estos espacios permite conocer actualmente aspectos fundamentales del urbanismo y de la vida cotidiana de Caesaraugusta. Pero los grandes edificios públicos representan solamente una parte de ese legado.
Bajo numerosas calles y construcciones actuales permanecen, o han permanecido hasta su excavación, restos de viviendas, conducciones de agua, establecimientos comerciales, pavimentos y otras estructuras relacionadas con las actividades de sus habitantes.
Gracias a la arqueología urbana, la historia de Caesaraugusta puede reconstruirse progresivamente a partir de testimonios materiales que complementan las noticias transmitidas por las fuentes escritas y las monedas.
De Caesaraugusta a Zaragoza
La importancia histórica de la ciudad fundada por Augusto no terminó con la desaparición del Imperio romano de Occidente.
A lo largo de la Antigüedad tardía, Caesaraugusta experimentó transformaciones políticas, económicas, religiosas y urbanas, pero mantuvo su condición de núcleo de población relevante.
La difusión del cristianismo y la consolidación de las instituciones eclesiásticas contribuyeron a redefinir su papel dentro de la organización territorial.
Durante el periodo visigodo, Zaragoza fue una importante sede episcopal y desempeñó un destacado papel religioso y político.
Tras la conquista islámica, a comienzos del siglo VIII, la ciudad, conocida como Saraqusta, se convirtió en uno de los principales centros urbanos de al-Ándalus. Su posición estratégica en el valle del Ebro volvió a resultar decisiva.
Saraqusta alcanzó una especial importancia como centro político y militar de la Marca Superior, la gran región fronteriza septentrional del territorio andalusí. Después de la desintegración del califato de Córdoba, la ciudad se convirtió en capital de una taifa independiente que llegó a desempeñar un papel destacado en la política peninsular. Durante aquella etapa experimentó un considerable desarrollo cultural, económico y artístico, del que la Aljafería constituye uno de los testimonios más representativos.
En diciembre de 1118, la conquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador incorporó la ciudad al Reino de Aragón. Desde entonces, Zaragoza adquirió una posición fundamental en la organización política del reino y terminó consolidándose como su principal capital. A partir de aquel momento comenzó una nueva etapa histórica, marcada por la transformación de las instituciones, la sociedad y el paisaje urbano.
Sin embargo, la ciudad continuó ocupando el mismo emplazamiento estratégico elegido muchos siglos antes para establecer la colonia romana.
Una ciudad con más de dos mil años de continuidad
La fundación de Caesaraugusta fue el resultado de una decisión política adoptada dentro del gran programa de reformas impulsado por Augusto.
Lo que inicialmente constituyó una colonia destinada, entre otros objetivos, al asentamiento de veteranos militares y a la consolidación del dominio romano en Hispania terminó convirtiéndose en una ciudad de extraordinaria continuidad histórica.
Su posición en el valle del Ebro, su función como centro administrativo y su capacidad para adaptarse a las sucesivas transformaciones políticas explican buena parte de esa permanencia.
Caesaraugusta, la Zaragoza visigoda, Saraqusta y la Zaragoza cristiana medieval fueron realidades históricas diferentes, separadas por cambios profundos en las instituciones, las creencias, la sociedad y las formas de vida.
Pero todas ellas compartieron un mismo espacio urbano y una posición geográfica cuya importancia se mantuvo a lo largo de los siglos.
Más de dos mil años después, la ciudad fundada en tiempos de Augusto continúa siendo uno de los grandes centros urbanos del valle del Ebro.
Y bajo sus calles, plazas y edificios permanece todavía una parte considerable de aquella primera ciudad romana, cuyo descubrimiento y estudio siguen permitiendo reconstruir los orígenes de Zaragoza.
Nota.: La imagen que vemos arriba es una recreación de aquella posible Zaragoza romana, hecha con IA, imaginándonos con diversos datos, qué aspectos podría tener el trazado y sus alrededores.
