8.4.26

La geografia sí que importa. La mental sobre todo

En Geografía política o en Geografía económica o sociológica, sabemos que las distancias no son kilómetros ni minutos, son sensaciones, son estados mentales, son acercamientos o alejamientos de estado de ánimo, de cultura, aunque sean distancias no reales. 

Vamos a hablar de Aragón. 

Desde Canarias a África hay 100 kilómetros, pero la distancia real (la mental) es mucho mayor que la que existe entre Galicia y Andalucía que son diez veces más de kilómetros de separación. 

Que sí, que sí, que voy a hablar de Aragón.

Las fuerzas progresistas aragonesas se comportan de distinta forma según sean de Huesca o de Teruel. Me refiero a IU, CHA, Podemos y similares. En Huesca quieren remarcar que son aragoneses y aceptan de mal grado los acuerdos con otras fuerzas políticas, mientras que en Teruel parecen más proclives a entenderse entre ellos.

¿Y qué pinta aquí la geografía política? Pues curiosamente es más fácil llegar a Madrid desde Huesca que desde Teruel, pero en cambio da la sensación de que son más centralistas en Teruel que en Huesca

Las distancias no son en minutos sino en sensaciones. ¿Y qué dice Zaragoza en todo esto? 

Pues depende, pero curiosamente Zaragoza pinta menos que lo que corresponde por su tamaño y su voz es mirada con cierto repelús.

Las fuerzas conservadoras en cambio lo tienen muy claro. Ellos, todos, en procesión, parecen madrileños de nacimiento, aunque sus familias vivieran en Aragón en el momento del parto. En los últimos tiempos, digan lo que digan, y llevan la bandera que lleven en la muñeca, no parecen tanto españoles, como madrileños.

Y digo madrileños, pues en realidad no son casi españoles de lo que realmente es España, un territorio tremendamente plural. 

Si tienen que elegir entre ser gallegos o canarios, aragoneses o sevillanos, los que nacieron en Aragón siempre gritan que son aragoneses. 

Pero si les preguntas por Madrid o por si se sienten madrileños por vivir allí, el silencio acompaña la respuesta con un sonrisa. Depende de quien pregunte.

24.2.26

Puente de Piedra de Zaragoza, 1860


Esta fotografía tomada en el año 1860 por el autor galés Charles Clifford con motivo de la visita de la reina Isabel II a la ciudad de Zaragoza, nos permite ver las construcciones que todavía existían pegadas al Puente de Piedra, llamadas Las Casas de las Aduanas.

13.1.26

Fundación de Zaragoza Caesaraugusta según una obra de Emilio Gil Murillo


De esta obra del pintor Emilio Gil Murillo tenemos pocas notas. He sabido que sus parientes tiene al menos en sus hogares dos obras del citado autor, que desearía poder vender o entregar a alguna institución aragonesa. (Como he logrado dos copias de la misma obra, dejo ambas, pues desconozco cual de ellas se acerca más al original)

Sabemos también que el citado artista estaba becado por el Ayuntamiento de Zaragoza desde mitad del año 1892 hasta mitad del año 1896 y que en su periodo final pintó esta obra titulada “Origen y fundación de Zaragoza” realizada en su taller de Roma. Sabemos que recibían los becados una cantidad de 1.625 pesetas anuales como ayudas a pensión y estudios para artistas jóvenes que fueran pobres. 

Y que antes de Emilio Gil fue el artista Gascón de Gotor quien pudo disfrutar de esta ayuda.

En esta obra podemos ver la idea de la fundación de Caesaraugusta según los ritos romanos de los que se tenía constancia en el siglo XIX. Se consultaba a los dioses sobre el lugar elegido, se trazaban unas líneas con un arado de bronce tirado por una ternera y un toro o unos bueyes. 


Se sabe que en el punto central de las dos líneas que formaban las calles principales se realizaban ofrendas y se enterraban los presentes como recuerdo a modo de la actual “primer piedra” y que se trazaba la línea exterior de la ciudad, dicen que hasta desfallecer los bueyes de cansancio. 

Entrañas de animales que se dedicaban a los dioses eran enterrados en esa zona que se cubría con una gran losa cuadrada sobre la que se ponía un fuego sobre un altar en el que se celebraban ceremonias en algunos momentos del año.

Este punto central se encontraría en Zaragoza —más o menos— en el lugar donde ahora se encuentra la Iglesia de la Santa Cruz. Allí se enterraron tierras que se traían desde los lugares donde habían nacido los habitantes de la nueva ciudad además de los estandarte militares en el caso —como Caesaraugusta— que fueran nuevas ciudades que se creaban como asentamiento de tropas eméritas o jubiladas de las guerras. 

Curiosamente el cruce de las dos calles, el Cardo y el Decúmanus, era una cruz entre las dos calles máximas. Una cruz, un cruce. Y así se sigue llamando la iglesia católica que está sobre ese punto.