3.10.26

Hospital Real Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza


Todavía podemos leer en la entrada del Hospital Real Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, y en la reja que delimita su jardín de acceso, la leyenda “Domus infirmorum urbis et orbis”, que es toda una declaración de principios de la política sanitaria y asistencial. Su traducción al castellano es: “Casa de los enfermos de la ciudad y del mundo”.

Para que ningún extranjero necesitado de cuidados –al menos, si sabía leer– quedase desasistido por no entender la lengua aragonesa de aquellos siglos, se ponía en latín, la lengua que toda la gente viajera mínimamente culta, usaba para entenderse.

Era el hospital más antiguo de la región aragonesa y uno de los más vetustos de toda España. La construcción del edificio, que abarcaba desde la plaza España hasta la calle San Miguel, se remonta a 1425, cuando las necesidades del pueblo zaragozano llevaron a éste a pedir una institución que prestase servicios para mejorar las condiciones de salubridad en Aragón.

Y se creó el hospital, con la venia de Alfonso V el Magnánimo, pero controlado totalmente por la burguesía sobre todo zaragozana. El Hospital nació con una triple concepción: Por un lado, tenía que ser un lugar religioso, al ser los religiosos los que atendían a los enfermos y se realizaban rezos y misas. Por otro lado, tenía que ser municipal y que pertenecía al municipio, que era el que lo sostenía económicamente a través de su concejo. Y, por último, debía ser un hospital del Reino, estaba bajo el patrocinio del Rey de Aragón y de la Diputación del Reino.

Durante su primer siglo de funcionamiento, fue uno de los cinco hospitales más reputados de España. En 1496, se redactan las primeras ordenanzas conservadas, aunque existían otras anteriores que se han perdido en el transcurso de los siglos. Establecían la elección de cuatro regidores, cuyo requisito obligatorio era ser vecino de Zaragoza.

En el s. XVI, se construye el teatro o Casa de Comedias y aparecen por vez primera informes sobre el estado del hospital y el ingreso de enfermos a éste. Por lo general, eran gente humilde y pobre. Durante el siglo XVII, el hospital fue perdiendo fuerza, debido a la crisis que vivía el Reino de Aragón.

Fue ya en 1762, con Carlos III como monarca, cuando vendría la época de prosperidad para la institución, al conseguir un superávit de 2.000 libras y emprender la construcción de nuevos departamentos. Al finalizar el Siglo XVIII el Hospital Real y General era mundialmente conocido por especializarse en psiquiatría.

Durante la invasión francesa, en 1808, el hospital es arrasado y su sede migra al cercano Hospital de Convalecientes, que recibe el nombre y atribuciones de Nuestra Señora de Gracia. Su fama como lugar de referencia en la atención a enfermos mentales creció sobremanera en el siglo XIX.

En la imagen vemos una posible reconstrucción de los laboratorios de dicho hospital, pero de inicios del siglo XX, cuando el hospital estaba ya en la calle actual.