La Seo tuvo uno de los primeros grandes relojes públicos mecánicos de Zaragoza y, durante aproximadamente un siglo, su reloj marcó oficialmente el tiempo de nuestra ciudad. Pero la documentación actual nos permite remontarnos algo antes de ese año 1440 que es el reconocido.
Existen referencias documentales de un reloj público en la Seo de Zaragoza desde 1395. E incluso sabemos que en el año 1402 se pagaron 30 sueldos al maestro de obras mudéjar Mahoma Rami para reparar el capitellum orologii —el chapitel o estructura del reloj— que había sido destruido por un rayo.
En 1402 el reloj ya existía sin duda y llevaba suficiente tiempo allí instalado como para tener una estructura propia que necesitaba reparaciones.
Cuando pensamos en el reloj de la Seo imaginamos inmediatamente la actual torre barroca. Pero esa torre tal alta no existía todavía pues fue levantada entre finales del siglo XVII y 1704.
Hay un documento catedralicio del año 1478 que nos dice con toda claridad: “El reloxe de la Seo esta asentado alto en el cimborio”. El primitivo reloj público se encontraba en lo alto del cimborrio de la catedral, no en la torre campanario medieval. Los investigadores destacan precisamente esta circunstancia porque resulta poco intuitiva.
No debemos imaginarnos un reloj como el actual, con una gran esfera perfectamente visible y dos agujas. Posiblemente sería una máquina de hierro, ruedas dentadas, pesas y contrapesos cuya función principal consistía en hacer sonar las horas.
El mecanismo accionaba una campana llamada la Valera o campana de San Valero. Y esta campana ya tenía una historia anterior pues procedía del entorno de la capilla de San Bartolomé y se utilizaba, entre otras funciones, para tocar contra las tormentas, contra los nublos, y cuando fallecía algún miembro de algunas cofradías. Aquel mecanismo de ruedas era el que fue prestado para que sirviera al reloj.
Hay que señalar que en aquella época “tener reloj público” en Zaragoza significaba sobre todo oír la hora, no necesariamente verla. Desde buena parte de Zaragoza se oían las campanadas y eso permitía organizar trabajo, comercio, reuniones, ceremonias y vida cotidiana.
Aquellas máquinas no funcionaban durante semanas sin intervención de los relojeros reparadores. Había que levantar las pesas, ajustar el mecanismo, tensar cuerdas y reparar ruedas y piezas de hierro. El reloj estaba en la Seo, pero era el reloj de la ciudad. Por eso su mantenimiento era compartido entre el Cabildo catedralicio y el Concejo de Zaragoza.
En 1443 sabemos incluso cómo se organizaba el control de aquel reloj zaragozano. Había dos responsables.
Uno era un relojero laico, designado por la ciudad, que debía ser un auténtico «maestro de reloxes»: mantenía la maquinaria, las cuerdas y los contrapesos y reparaba las averías. El otro era un eclesiástico, vinculado a la Seo.
¿Por qué necesitaban dos personas? Pues porque el Cabildo no permitía que un seglar atravesara diariamente determinadas dependencias de la catedral para llegar al cimborrio.
Así que el llamado coloquialmente dormitolero —el clérigo encargado originalmente del dormitorio o alojamiento de los canónigos— subía al reloj tres veces al día: a prima, al mediodía y a completas, levantaba los contrapesos y atendía el mecanismo cotidiano.
Se necesitaba tres veces cada jornada que alguien recorriera las dependencias interiores de la Seo y ascendiera al cimborrio para mantener funcionando el reloj que regulaba la vida de toda la ciudad.
En el acuerdo del año 1443 se estableció una retribución total de 440 sueldos jaqueses para los responsables del reloj: 240 para el relojero y 200 para el clérigo. Una parte importante del dinero procedía directamente del ayuntamiento o concejo la ciudad pues el Ayuntamiento necesitaba aquel reloj para organizar la ciudad y contribuía económicamente a mantenerlo.
Hacia finales del siglo XV la ciudad había crecido mucho y el reloj de la Seo presentaba inconvenientes. Su situación tampoco era óptima para todos los barrios que iban creciendo. Y además ya existían otros relojes.
La parroquia de San Pablo tenía reloj documentado desde 1439 —y aquel contrato de esa fecha se indica incluso que sustituía a otro anterior—, y era especialmente útil para el área de la plaza del Mercado. Las investigaciones consideran que fue el tercer reloj documentado en Zaragoza, tras los de la Seo y el de San Francisco.
Hay indicios de un reloj mecánico en el convento de San Francisco hacia 1395-1400, posiblemente realizado por el maestro flamenco Juan Panequin, relojero que anteriormente había trabajado para Carlos III de Navarra. Algunos investigadores incluso consideran que aquella torre pudo albergar uno de los primeros relojes mecánicos de Zaragoza. Todos parecen querer ser los primeros relojes de Zaragoza.
A comienzos del siglo XVI el Ayuntamiento decidió independizar definitivamente el reloj público de Zaragoza de la catedral. y en 1504 comenzó la construcción de la famosa Torre Nueva, en la plaza de San Felipe, concebida precisamente para albergar el gran reloj municipal.
El reloj fue encargado al maestro leridano Jaime Ferrer, y hacia 1507-1509 estaba ya funcionando. Desde entonces el Ayuntamiento dejó de subvencionar el reloj de la Seo y concentró
Durante la Edad Media la campana catedralicia había organizado las horas de los zaragozanos. Desde el Renacimiento, el Ayuntamiento quiso que la hora oficial de Zaragoza procediera de una torre civil.
La espectacular torre barroca actual fue proyectada por Giovanni Battista Contini, discípulo de Bernini, y construida fundamentalmente entre 1686 y 1704. Hacia los años 1786 a 1789 se completó su decoración y se situó el reloj que vemos hoy en la torre de la Seo en el frente de la torre, rodeado por las esculturas alegóricas que vemos actualmente, obra de Joaquín Arali. Las figuras representan el Día, la Noche y la Muerte, acompañadas por el gallo asociado al paso y anuncio del tiempo.
Y todavía hay otra capa histórica: la esfera y el mecanismo exterior actualmente visibles son mucho más modernos. El reloj instalado en 1912 tiene esfera de mármol de Carrara y maquinaria de fabricación suiza; antes de colocarse llegó incluso a exponerse en la relojería de José Baena, en el paseo de la Independencia.
En la imagen superior vemos un reloj medieval aragonés del siglo XV, procedente del monasterio de Veruela, cuyo frontal original se conserva. Posiblemente serían similares ambos, con las 24 horas, y sabiendo que lo importante no era señalar las horas de forma visual, sino tocar las campanas.
Y en la imagen inferior, podemos ver el mecanismo de la catedral de Salisbury (Inglaterra), hacia el año 1386 y que posiblemente también sería muy similar al de Zaragoza. Su mecanismo de hierro, accionado mediante pesas, no tenía esfera para mostrar la hora pues su misión era accionar las campanas.
Julio Puente

