3.11.26

La historia de las imprentas en Zaragoza

La historia de las imprentas en Zaragoza es muy interesante y de gran valor histórico de una ciudad que tuvo los mejores talleres de Artes Gráficas. Zaragoza fue uno de los grandes centros de la imprenta española durante los siglos XV y XVI y, particularmente en el último cuarto del XV, sus talleres destacaron por la extraordinaria calidad de sus libros ilustrados.

Xilógrafo impreso en Zaragoza


Zaragoza participó desde los primeros años en la introducción de la imprenta en la península y llegó a reunir talleres capaces de producir obras de primerísima categoría. sobre todo en la calidad artística y técnica de los impresos más que en el volumen de producción.

La imprenta llegó a Zaragoza en 1475, apenas unos años después de sus primeras manifestaciones documentadas en España. El Manipulus curatorum, impreso por Mateo Flandro ese año, tiene una importancia excepcional: es el primer libro impreso en España conocido con un colofón completo que identifica impresor, lugar y fecha.

No fue el primer libro impreso en territorio español, honor que generalmente se atribuye al Sinodal de Aguilafuente, producido en Segovia hacia 1472. Pero hablamos de solo 3 años de diferencia en un invento que modificó el mundo.

La llegada de la imprenta a Zaragoza fue seguida por la actividad de los hermanos Juan y Pablo Hurus, procedentes de Constanza, en Alemania. Los Hurus establecieron en Zaragoza uno de los talleres más importantes de la imprenta incunable española, y entre las características de sus publicaciones destacaban la elevada calidad de composición tipográfica, el empleo de grabados xilográficos, la calidad de las iniciales ornamentales y orlas decorativas, la impresión de libros religiosos, literarios, jurídicos e históricos, y la comercialización de sus ediciones fuera del ámbito estrictamente aragonés.

La calidad de la ilustración xilográfica no era simplemente un adorno en los libros ni un nuevo invento añadido a la imprenta tipográfica. Exigía una estrecha coordinación entre grabadores, personal de composición de textos, diseñadores de la obra y personal de prensa para ajustar las presiones de cada parte del libro hasta obtener una excelente calidad, nada sencillo en el siglo XV.

A comienzos del siglo XVI, la tradición impresora zaragozana continuó con Jorge Coci. Su taller produjo algunas de las obras más destacadas de la tipografía renacentista española. Entre las más reconocidas está El Amadís de Gaula, de 1508; una edición de enorme importancia para la historia de los libros de caballerías. Las Quatorze décadas de Tito Livio, destacadas por sus grabados xilográficos. Y numerosos libros litúrgicos y religiosos de cuidada factura.

La Biblioteca de Castilla-La Mancha, en su exposición sobre los primeros cien años de la imprenta en España, destaca expresamente el taller de Coci por la calidad de sus libros ilustrados. Posteriormente, Pedro Bernuz heredó esa tradición y su edición de los Anales de la Corona de Aragón de Jerónimo Zurita, en 1562, representa uno de los grandes hitos editoriales zaragozanos del siglo XVI. Por tanto, entre los Hurus, Coci y Bernuz encontramos una continuidad empresarial y técnica verdaderamente notable.

Los primeros grandes impresores zaragozanos no trabajaban en un ambiente aislado. Formaban parte de una red de artesanos, comerciantes y libreros vinculada a Alemania, Francia y otros territorios europeos. Zaragoza fue un importante centro de distribución de libros procedentes de Europa hacia otros territorios peninsulares.

Eso suponía además un aprendizaje tremendo entre todos ellos. En técnicas de composición, de estampación de los grabados, de diferentes tipos de letras, de distintos modelos de los grabados que se utilizaba y sobre la manera de crear libros hermosos y posibles dentro de unas técnicas en precario.

Zaragoza destacó en España junto a Sevilla, Salamanca, Barcelona, Valencia, Alcalá de Henares o Burgos, pero no estaba a la altura de Alemania o Italia. Curiosamente ese papel primordial de las iniciales Artes Gráficas desde Zaragoza al mundo no se corresponde con el conocimiento que tenemos de la importancia de Zaragoza en este oficio. Llevamos 20 años para montar un Museo de la Imprenta, con todas las máquinas obsoletas y viejas paradas en un sótano, y sin arrestos para hacer nada.

Julio Puente