28.7.26

El Gran Teatro Casino de Zaragoza en 1908


Todas las Expo internacionales tiene un punto de diseño y configuración de las ciudades que las acogen. Es cierto que algunas las saben aprovechar y otras las dejan pasar y todo queda efímero. Pero incluso en esos casos, siempre hay una transformación de la ciudad que se queda.

En Zaragoza hemos tenido tres grandes Expo. La de 1868 que era mucho más local, la de 1908 celebrando el Primer Centenario de los Sitios y fue Hispano Francesa, y la de 2008 que se dedicó al Agua y el desarrollo sostenible. 

Hoy voy a hablar un poco de un edificio de la Exposición de 1908, del llamado Gran Casino o Gran Casino Teatro.

Esta gran Exposición internacional se montó en lo que eran los terrenos de la Huerta de Santa Engracia, y hoy la zona de las Plaza de los Sitios y sus alrededores.

El arquitecto del edificio fue Ricardo Magdalena Tabuenca y además fue también el director arquitectónico general de la Exposición Hispano Francesa y responsable de la ordenación del recinto, de sus infraestructuras y de buena parte de los pabellones provisionales.

El Gran Casino no era únicamente un casino de juego ni un teatro convencional. Era el gran centro de reunión, restauración, ocio y vida social de la Exposición Hispano Francesa. por eso su importancia era básica para el funcionamiento de todo el recinto.

Ese Gran Casino, Gran Casino-Teatro o Teatro del Gran Casino y cuyo arquitecto fue Ricardo Magdalena tuvo como constructor a Esteban Blazquez, que recibió el encargo en la primavera de 1908, con poco tiempo para construirlo y con un importe de 147.863 pesetas de entonces.

En 3 meses y en 9 días lo terminó de hacer, lo que nos da una idea de su carácter de efímero, se hizo pensando en destruirlo al acabar la Expo, y se inauguró el 21 de junio de 1908. Su tamaño era de 2.500 metros cuadrados de superficie, hecho en ladrillo, adobe, madera y carpintería con numerosos moldes de yeso en el estilo de modernismo floral que lo decoraban.

Se hizo con la funcionalidad de teatro, salón de baile, restaurante y café para el recinto, casino de juego por las noches, zonas sociales y de lectura, y una pequeña oficina de correos y telégrafos.

Una vez acabada la Expo, se mantuvo unos buenos años como Palacio de la Música y como sede de la Cámara de Comercio.

Aunque la Exposición abrió oficialmente el 1 de mayo de 1908, el Casino todavía no estaba terminado. El 30 de enero, Ricardo Magdalena seguía trabajando en su diseño, y las obras no se adjudicaron hasta el 12 de marzo de aquel 1908. Siempre tarde y mal, es un destino de nuestra ciudad poco previsora.

El constructor Esteban Blánquez fue el único licitador dispuesto a comprometerse a realizar la totalidad del edificio en el brevísimo plazo previsto. El contrato, por esas 147.863,48 pesetas, comprendía albañilería, fontanería, vidriería, carpintería, pintura y decoración. El plazo inicial concluía el 21 de abril, pero resultó materialmente imposible cumplirlo. Finalmente, el Gran Casino fue inaugurado el 21 de junio de 1908.

Era un edificio provisional, pero de grandes dimensiones pues como he comentado antes, ocupaba aproximadamente 2.500 metros cuadrados. Era, por tanto, una construcción considerable, aunque concebida como arquitectura efímera.

Se asentaba sobre un gran podio o basamento de ladrillo visto, sin cimentación sobre el suelo. Este basamento se prolongaba delante de la fachada para formar una amplia terraza exterior o velador de verano. Es precisamente la terraza llena de mesas, sillas y visitantes que aparece en la fotografía que vemos arriba. Esa imagen superior ha sido tratada digitalmente, para lograra más calidad y detalle, y darle color.

La estructura superior se realizó principalmente con materiales económicos y rápidos de trabajar, especialmente adobe, madera y yeso. Eso no quiere decir que fuese una barraca improvisada: tenía una construcción suficientemente firme, abundante carpintería, vidrieras, instalación de agua, iluminación y una decoración muy elaborada.

El Gran Casino fue una de las expresiones más atrevidas del modernismo zaragozano. Sus fachadas presentaban grandes arcos ligeramente apuntados, columnas de fuste liso, ornamentación vegetal y floral, relieves realizados mediante moldes, remates curvos y ondulantes con cuerpos verticales, grandes superficies acristaladas y farolas de hierro de diseño modernista.

Los perfiles superiores formaban una sucesión de curvas y ondas, dando al edificio una apariencia festiva y dinámica. La fachada no seguía la arquitectura histórica aragonesa del hoy cercano Museo Provincial, sino un lenguaje completamente moderno y diferente, alejado del modelo neomudejar aragonés.

Los especialistas encuentran en él la influencia del modernismo floral catalán y, particularmente, de Lluís Domènech i Montaner. Se han señalado semejanzas con la Casa Lleó Morera y con el Palau de la Música Catalana, entonces en construcción. Ricardo Magdalena y Lluís Domènech habían coincidido durante su formación arquitectónica en Madrid.

Se ha calificado al Gran Casino como, probablemente, el ejemplo más importante de arquitectura modernista pública que tuvo nunca Zaragoza. Buena parte del modernismo conservado en la ciudad corresponde a viviendas particulares y aquel Teatro Casino, en cambio, era una obra pública y representativa de gran escala.

Desde el acceso se entraba en un vestíbulo amplio y elegante que funcionaba como distribuidor. Una descripción publicada por la revista Blanco y Negro el 1 de agosto de 1908 enumera sus principales dependencias. Tenía restaurante, salones de tertulia y recreo, sala de escritura y lectura, estafeta de correos, estación telefónica, un gran café con casino de juego y un muy interesante teatro y salón de fiestas como vemos en la imagen de abajo.

La presencia de correos y teléfono era importante. El visitante podía comer, descansar, conversar, escribir una carta, enviarla, realizar una comunicación telefónica, asistir a un acto o participar en un baile sin abandonar el edificio. Era una especie de gran centro social y cultural dentro de la Exposición Hispano Francesa.

También existía un gran restaurante con terrazas exteriores. Algunos banquetes oficiales fueron preparados por establecimientos zaragozanos contratados para la ocasión. Está documentado, por ejemplo, un banquete ofrecido a una comisión del Ayuntamiento de Barcelona y servido por el restaurante La Paz, que tenía su establecimiento habitual en la calle de los Mártires.

El denominado teatro era un salón amplio y polivalente. Tenía cubierta plana o adintelada y recibía luz cenital mediante una gran claraboya rectangular desde el techo. Podía utilizarse como sala teatral, auditorio para diversos tipos de conciertos, sala de conferencias, espacio para sesiones solemnes, salón de banquetes, gran sala de fiestas nocturnas y como pista de baile.

El mobiliario era móvil y esto permitía retirar o reorganizar los asientos según la actividad. No tengo suficiente información sobre el aforo del espacio, pues además variaba según la actividad que se realizaba. No era igual como teatro con sillas que como restaurante con mesas o como sala de baile diáfano.

Su actividad fue muy intensa. No parece que funcionara como un teatro comercial ordinario con una compañía estable y una programación diaria de dramas o zarzuelas, pues fue, sobre todo, el escenario protocolario y festivo de la Exposición.

En él se celebraron conciertos, bailes, fiestas de cotillones y de sociedad, funciones y espectáculos variados, incluso festivales de jota, conferencias, sesiones solemnes de premios o recepciones oficiales, banquetes públicos y privados, y reuniones vinculadas con congresos y asambleas de expositores.

Se habla en aquellas semanas de los actos de la Exposición que contabilizó hasta catorce cotillones y unos ochenta banquetes oficiales, además de numerosos banquetes particulares, conciertos, conferencias, bailes, sesiones solemnes y espectáculos de todo tipo.

El cotillón más famoso fue el celebrado el 29 de octubre de 1908, coincidiendo con la visita de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Asistió también el presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura. La tradición recogida años después afirma que Maura llegó a bailar con la reina Victoria Eugenia. El episodio es verosímil y aparece en las memorias históricas sobre la Exposición, pero procede de un recuerdo posterior, no de un acta oficial del baile.

La Exposición estaba inicialmente prevista hasta finales de octubre, pero su éxito hizo que se prolongara hasta el 5 de diciembre de 1908.

El acto oficial de clausura se celebró precisamente en el salón de fiestas del Gran Casino. Esto demuestra que, una vez concluido, se convirtió en el principal espacio representativo y protocolario del certamen. No pudo hacerse la inauguración, pues no estaba terminada la obra.

Sí existía un espacio denominado casino de juego, aunque la palabra “casino” tenía entonces un significado más amplio del que actualmente reconocemos. Designaba un establecimiento de sociabilidad con tertulias, lectura de prensa, restaurante, café, bailes, conciertos y juegos permitidos. El juego era una parte del establecimiento, pero no su única ni necesariamente su principal función.

Aunque había sido concebido para desaparecer al concluir la Exposición, fue el pabellón provisional que más tiempo sobrevivió. Su solidez, sus dimensiones y su calidad arquitectónica aconsejaron reutilizarlo.

La Escuela de Música de Zaragoza pidió instalar allí su sede. El edificio fue cedido el 19 de diciembre de 1909 y comenzó a funcionar como Palacio de la Música. En él se integraron también el Orfeón y la Filarmónica de Zaragoza. Es decir, en pocos días tras la clausura, ya se decidió su utilización, para que no decayera su cuidado.

Para adaptarlo se hicieron ampliaciones y reformas, empleándose materiales recuperados del derribo de otros pabellones provisionales. Posteriormente fue sede de la Cámara Oficial de Comercio e Industria. También se empleó ocasionalmente como sala de exposiciones. Está documentada, por ejemplo, una exposición de la Agrupación Juventud Artística Valenciana en diciembre de 1919. Es decir, diez años después de la clausura de la Exposición.

El edificio terminó desapareciendo hacia 1930 o durante los primeros años de esa década. Algunas fuentes dan simplemente 1930 y otras hablan de «los años treinta», por lo que no considero segura una fecha más precisa sin localizar el expediente municipal de derribo.

Estaba ubicado en la zona de la actual Plaza de Los Sitios, muy próximo al Pabellón de Francia y al quiosco de la música, dentro de una de las principales avenidas de la Exposición.

El edificio del Gran Teatro Casino fue importante por varias razones. Principalmente porque representó la vertiente más festiva, moderna y cosmopolita de la Exposición.

Mientras otros pabellones exponían maquinaria, agricultura o arte, el Casino era el lugar donde se encontraban autoridades, burgueses, artistas, visitantes extranjeros y sociedad zaragozana.

Supo incorporar en un solo edificio casi todos los servicios modernos de ocio y comunicación de la época: restaurante, teléfono, correos, lectura, espectáculos y vida social.

Fue una de las obras maestras perdidas de Ricardo Magdalena y posiblemente el edificio modernista público más destacado que tuvo Zaragoza. Lo cual es una auténtica pena.

Y su aspecto novedoso ayudó a que los zaragozanos aceptaran el modernismo como modelo arquitectónico interesante, que poco después se extendería por las viviendas burguesas del paseo de Sagasta y otras zonas de expansión de la ciudad.

La desaparición de este edificio fue una pérdida patrimonial considerable. Aunque estuviera construido parcialmente en adobe y hubiese nacido como edificio provisional, sobrevivió más de veinte años a la Expo y demostró que podía ser adaptado a usos permanentes. Su derribo no era, por tanto, inevitable por razones estrictamente constructivas. Nunca se pensó en reconvertirlo con obras que lograran consolidar las bases del edificio.

Julio Puente




15.7.26

Zaragoza 1975. Precios de alimentación


Esta imagen propia es de 1974 más o menos, año arriba o abajo. Para entender los precios sobre todo. Es una tiende de Ultramarinos que había en el Coso Bajo de Zaragoza, poco antes de llegar a la plaza de la Magdalena.

Podemos ver los precios, en pesetas no hay duda, de ciertos productos en aquella Zaragoza de hace algo más de 50 años. Desde las 200 pesetas el kilo de longaniza de Aragón a las 3 pesetas por cada sardina rancia. 

La miel pura estaba a 80 pesetas el kilo, y el precio de la legumbre que se vendía mucho entonces variaba según el tipo de producto, entre las lentejas de Salamanca a 40 pesetas el kilo a los boliches del Pilar (los más caros) a 90 pesetas el kilo.

Se ofrecían cuatro cubos diferentes de jabón de lavadora. Dash, Daran, Colón u Lagarto. El precio bastante similar.

Y las patatas iban desde las 16 a las 20 pesetas el kilo. Bacalao, mermeladas, conservas o jamón de Teruel del viejo. De todo se vendía en aquella tienda de ultramarinos, de alimentación.



28.6.26

La puerta del Carmen de Zaragoza, desde su interior


Hoy os dejo una imagen de la Puerta del Carmen de Zaragoza, del año 1916, hace más de un siglo, cuando no estaba suelta como un monumento, sino que todavía cumplía su función como puerta real, pudiendo cerrarse si fuera necesario.

La vemos desde el interior, desde la actual avenida CésarAugusto. Una imagen muy curiosa, casi simpática, y que nos hace recordar que su función no era ornamental, no era un monumento, sino una puerta real de cierre de la ciudad, para poder cobrar impuestos municipales en tiempos antiguos.

Debemos recordar que esta puerta tan conocida, la llamada Puerta del Carmen fue construida entre los años 1789 y 1795. Diseñada por el arquitecto neoclásico Agustín Sanz, y que se inauguró en 1792, siendo un bastión clave en la defensa de Zaragoza en los Sitios contra los franceses.