28.6.26
La puerta del Carmen de Zaragoza, desde su interior
Hoy os dejo una imagen de la Puerta del Carmen de Zaragoza, del año 1916, hace más de un siglo, cuando no estaba suelta como un monumento, sino que todavía cumplía su función como puerta real, pudiendo cerrarse si fuera necesario.
La vemos desde el interior, desde la actual avenida CésarAugusto. Una imagen muy curiosa, casi simpática, y que nos hace recordar que su función no era ornamental, no era un monumento, sino una puerta real de cierre de la ciudad, para poder cobrar impuestos municipales en tiempos antiguos.
Debemos recordar que esta puerta tan conocida, la llamada Puerta del Carmen fue construida entre los años 1789 y 1795. Diseñada por el arquitecto neoclásico Agustín Sanz, y que se inauguró en 1792, siendo un bastión clave en la defensa de Zaragoza en los Sitios contra los franceses.
24.6.26
Restos de San Lázaro en Zaragoza
Este es el subsuelo zaragozano, lleno de historia, de recuerdos, de restos de edificios de la Zaragoza histórica. Esta Zaragoza no nos pertenece, no es nuestra, es de todos, también de los que todavía no han nacido. Nosotros solo tenemos que conservarla.
Son los restos de San Lázaro, de calles, edificios, zonas de interés histórico, algunas se han conservado para poderse visitar, pero otras quedaron otra vez enterradas para posteriores generaciones.
El origen del conjunto de San Lázaro es algo más complejo de lo que parece, porque primero existió un hospital o leprosería, y después se estableció el convento mercedario que hoy se conoce mejor y del que muy posiblemente sean los restos que vemos en la imagen.
El Real Convento Hospital de San Lázaro comenzó a levantarse en las afueras de Zaragoza, cruzando el río Ebro, en 1224, apenas unos años después de la fundación de la Orden de la Merced. Según las fuentes históricas, fue fundado por orden real y bajo el patrocinio de Jaime I el Conquistador, convirtiéndose en una de las principales instituciones asistenciales de la Zaragoza medieval.
Pero ese mismo lugar ya tenía una función sanitaria anterior. Allí existía una leprosería o lazareto, situada extramuros de la ciudad, junto al Puente de Piedra y al camino de entrada desde el norte. La elección de este emplazamiento no era casual: en la Edad Media los enfermos de lepra solían mantenerse fuera del recinto urbano. La Orden de la Merced asumió posteriormente la atención de estos enfermos y desarrolló el convento alrededor de esa función asistencial.
Con el paso de los siglos el convento fue creciendo hasta convertirse en uno de los establecimientos religiosos más importantes de Zaragoza desde el Arrabal. A finales del siglo XVII disponía de una gran iglesia de cruz latina, varios claustros, biblioteca, dependencias hospitalarias y el famoso Claustro del Pozo de San Lázaro, cuya agua gozaba de gran fama en Zaragoza.
Un detalle curioso que suele pasar desapercibido es que el edificio que hoy vemos en las excavaciones no corresponde íntegramente al convento original de 1224. A lo largo de casi seis siglos sufrió ampliaciones, reformas y reconstrucciones, especialmente las importantes obras realizadas entre 1674 y 1677, que modificaron notablemente su aspecto medieval.
Además, durante los Sitios de Zaragoza (1808-1809) quedó prácticamente arrasado al convertirse en una pieza clave para la defensa del Puente de Piedra. Lo que hoy se conserva son restos arqueológicos de las distintas fases de esa larga historia de un espacio muy importante para la historia de Zaragoza.
15.6.26
El séptimo arco del Puente de Piedra de Zaragoza
El Puente de Piedra de Zaragoza tiene siete arcadas. Y no, no las vemos todas. Solo conocemos seis, aunque sabemos que existe una séptima que está enterrada. El arco cegado del puente de Piedra sito bajo el paseo de Echegaray y Caballero, se pudo ver en el año 1976 en una reparación de colectores de agua bajo el suelo del paseo. Este primer arco y la primera pila de esa arcada quedaron ocultos al construirse el muro de contención del Ebro en el año 1720.
El arco o arcada más occidental, el que estaba junto a la entrada a la ciudad, quedó oculto progresivamente por las obras urbanas realizadas entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII para proteger la ribera y ganar terreno junto a la muralla, separando el río de la ciudad.Durante siglos debemos reconocer que el Ebro tenía un comportamiento mucho más irregular que hoy.
Existían en el cauce del río más brazos secundarios, zonas inundables y cauces temporales junto a la muralla. No existían defensas válidas aguas arriba de la ciudad de Zaragoza. El actual Puente de Piedra se calcula que se construyó como lo concoemos a principios del siglo XV.
El primer arco permitía el paso de aguas en épocas de crecida y daba salida a corrientes secundarias. Sin embargo, las obras de defensa de la ciudad fueron modificando la ribera. Se construyeron muros de contención. Se rellenaron espacios junto al puente. Se consolidó el terreno urbano. Se ganó superficie edificable y de circulación. Cuando el terreno detrás de La Lonja quedó definitivamente incorporado a la ciudad, aquel arco perdió su función hidráulica y acabó cegándose.
Cuando los viajeros medievales o incluso modernos entraban en Zaragoza desde el norte, desde el Rabal, no pasaban inmediatamente del puente a la ciudad. Existía una transición entre el cauce y el caserío urbano, hasta encontrarse con La Lonja, había espacios defensivos, muros, rampas y terrenos susceptibles de inundación. La construcción de La Lonja mediado el siglo XVI también obligó a ciertas modificaciones urbanas en la zona.
El cegado del primer arco simboliza precisamente la transformación de aquella Zaragoza desde una ciudad fluvial medieval a una ciudad más estable y urbanizada en su frente del Ebro. Por eso ese arco oculto no es solo una curiosidad arquitectónica. Es también el testimonio físico de cómo cambió la relación entre Zaragoza y su río hace trescientos años.
De hecho, si algún día pudiera excavarse íntegramente la zona próxima al arranque del puente junto a la Lonja o la calle Don Jaime, uno de los hallazgos más interesantes sería precisamente volver a contemplar ese séptimo arco medieval que todavía duerme debajo del Paseo de Echegaray.
El primer arco permitía el paso de aguas en épocas de crecida y daba salida a corrientes secundarias. Sin embargo, las obras de defensa de la ciudad fueron modificando la ribera. Se construyeron muros de contención. Se rellenaron espacios junto al puente. Se consolidó el terreno urbano. Se ganó superficie edificable y de circulación. Cuando el terreno detrás de La Lonja quedó definitivamente incorporado a la ciudad, aquel arco perdió su función hidráulica y acabó cegándose.
Cuando los viajeros medievales o incluso modernos entraban en Zaragoza desde el norte, desde el Rabal, no pasaban inmediatamente del puente a la ciudad. Existía una transición entre el cauce y el caserío urbano, hasta encontrarse con La Lonja, había espacios defensivos, muros, rampas y terrenos susceptibles de inundación. La construcción de La Lonja mediado el siglo XVI también obligó a ciertas modificaciones urbanas en la zona.
El cegado del primer arco simboliza precisamente la transformación de aquella Zaragoza desde una ciudad fluvial medieval a una ciudad más estable y urbanizada en su frente del Ebro. Por eso ese arco oculto no es solo una curiosidad arquitectónica. Es también el testimonio físico de cómo cambió la relación entre Zaragoza y su río hace trescientos años.
De hecho, si algún día pudiera excavarse íntegramente la zona próxima al arranque del puente junto a la Lonja o la calle Don Jaime, uno de los hallazgos más interesantes sería precisamente volver a contemplar ese séptimo arco medieval que todavía duerme debajo del Paseo de Echegaray.
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