La empresa que vemos en la imagen, al final del coso enfrente de la zona trasera de la iglesia de San Nicolás y en la entrada del Puente de Hierro, se llamaba Maderas y Serrería Nicolás Hermanos y ya funcionaba en la década de 1880. Eran los edificios "nobles" de un gran complejo industrial dedicado a la madera, mientras que las grandes naves industriales se extendían hacia atrás y lateralmente hasta el Ebro. Ocupaban el espacio que actualmente es el Colegio Tenerías.
Hay documentos oficiales de 1886 y 1894 en los que "Nicolás hermanos" suministra a la Diputación Provincial de Zaragoza tablas, tablones, tarimas y otras maderas para diversas obras. En 1899 el Ayuntamiento les autorizó incluso a instalar una caldera de vapor en su fábrica de aserrar maderas, señal de que ya era una instalación industrial mecanizada y no simplemente un almacén de madera.
Hacia 1900 levantaron la instalación que aparece en la fotografía, en el antiguo Paseo del Ebro número 70, en el barrio de las Tenerías, prácticamente pegada al recién construido Puente del Pilar o Puente de Hierro, inaugurado en 1895 para el tráfico y terminado en aquellos años. El complejo constaba inicialmente de dos grandes naves y del característico edificio de vivienda y oficinas que vemos en la fotografía.
Estaba en el final del Coso Bajo, junto a la plaza de las Tenerías y la calle de Monreal, con el Ebro inmediatamente detrás y el Puente de Hierro al lado. En una fotografía de hacia 1978 todavía aparecía el antiguo edificio de Nicolás Hermanos junto al comienzo de la calle Monreal, enfrente de las murallas romanas, pues fue derribado posteriormente.
Un edificio que yo recuerdo levemente, pues en esa zona esperaba yo con mi abuela a que llegara mi padre por el Puente de Hierro de trabajar en Talleres Jordá. Nosotros vivíamos en la calle Sepulcro.
La parte posterior de la serrería lindaba directamente con el Ebro y tenía un sistema especial para sacar del agua las maderas. Era según consta en algún documento oficial: "un cobertizo con el cabestrante [...] que elevaba hasta el plano de los almacenes, mediante una larga rampa, maderas transportadas por el Ebro". Su ubicación no era una casualidad, pues al estar en la orilla del río, le permitía recibir maderos de aguas arriba y utilizaba el Ebro como medio de transporte hasta la fábrica. El Ebro formaba parte de la infraestructura logística de la fábrica. Detrás también estaban además los depósitos de desperdicios y serrín.
En una tasación judicial del año 1936 se describe la empresa con almacenes de 840, 966 y 627 m², un pabellón mecánico de 629 m², oficinas, cuadras, garajes, talleres, transformador eléctrico, aspiración de serrín y viruta, grúa, grandes patios para almacenar madera y terrenos adicionales de más de 5.500 m². En el taller estaban instaladas las máquinas propias de serrería.
Los dueños de aquel final de la empresa eran Arturo Nicolás Gracia, comerciante y almacenista de maderas, y José Nicolás Gracia, propietario. Un padrón electoral los sitúa a ambos viviendo en el mismo edificio.
Arturo Nicolás Gracia debió de convertirse en una figura empresarial importante en Zaragoza. Participó, por ejemplo, junto a Basilio Paraíso, Tomás Castellano y otros industriales zaragozanos en la sociedad creada para explotar el Gran Hotel Regina durante la Exposición Hispano-Francesa de 1908.
Arturo murió el 17 de mayo de 1919. Aquí tenemos una fuente oficial excepcional porque una disposición de la Gaceta identifica a sus herederos: su viuda, Virginia Puy, y sus hijos Fernando Nicolás Puy, María Nicolás Puy, Natividad Nicolás Puy y Carmen Nicolás Puy. Fernando actuaba además como representante de la familia.
En los años veinte el negocio aparece ya como Fernando Nicolás – Maderas. No era entonces una simple serrería zaragozana: se había convertido en una empresa de dimensiones nacionales e incluso internacionales. Un anuncio del año 1925 (lo podemos ver abajo) da tres puntos de su actividad en Zaragoza: Paseo del Ebro 70. Pero también en Pasajes (Guipúzcoa) con un almacén de maderas y en Madrid con oficinas en San Agustín 2.
El puerto de Pasajes era fundamental en su actividad. Se conservan fotografías de 1922 de barcos descargando madera específicamente para Fernando Nicolás. El West Chetac, por ejemplo, descargó allí roble, madera de satén y una enorme cantidad de tea destinada al almacén de Fernando Nicolás; otros barcos, como el Asturias, Gothia o Trudvang, aparecen igualmente vinculados a la empresa. Había pasado de suministrar tablones a instituciones zaragozanas a finales del XIX a importar madera por barco a través de Pasajes, distribuirla por España y mantener oficinas en Madrid.
Y seguía utilizando el Ebro como modo de transporte. En otras palabras, la serrería zaragozana combinaba dos mundos: las tradicionales maderas que podían llegar por vía fluvial hasta Zaragoza y las maderas importadas internacionalmente por mar y ferrocarril. Incluso el Archivo Histórico Ferroviario conserva expedientes de 1928-1929 de pedidos de madera de pino a Fernando Nicolás para reparar coches y vagones ferroviarios.
La empresa sufrió además un incendio importante en 1924. Una publicación histórica del Ayuntamiento que relata las actuaciones del Regimiento de Pontoneros menciona expresamente su intervención en el incendio de «una fábrica de aserrar maderas de D. Fernando Nicolás».
En 1936 la sociedad se denominaba formalmente Fernando Nicolás–Maderas, S.A. y estaba en situación de quiebra. La Gaceta de Madrid publicó la subasta de sus propiedades zaragozanas, valoradas en 579.827,90 pesetas, una cantidad muy considerable para entonces. Era una empresa importante, incluso con ejecutivos escandinavos, pero los cambios de aquellos años cambiaron el devenir de la empresa zaragozana.
Hay incluso una referencia muy familiar. La escritora zaragozana Rosa María Aranda recordaba a Fernando Nicolás como su abuelo materno y hablaba del "imperio de maderas de Arturo Nicolás"; describía a su padre Manuel Aranda también como industrial de maderas que "iban y venían por barco en medio mundo". Los edificios continuaron físicamente en las Tenerías durante muchos años; y todavía aparecían en fotografías de 1951 y se veía parte del complejo hacia 1978, antes de su derribo.
La parte posterior de la serrería lindaba directamente con el Ebro y tenía un sistema especial para sacar del agua las maderas. Era según consta en algún documento oficial: "un cobertizo con el cabestrante [...] que elevaba hasta el plano de los almacenes, mediante una larga rampa, maderas transportadas por el Ebro". Su ubicación no era una casualidad, pues al estar en la orilla del río, le permitía recibir maderos de aguas arriba y utilizaba el Ebro como medio de transporte hasta la fábrica. El Ebro formaba parte de la infraestructura logística de la fábrica. Detrás también estaban además los depósitos de desperdicios y serrín.
En una tasación judicial del año 1936 se describe la empresa con almacenes de 840, 966 y 627 m², un pabellón mecánico de 629 m², oficinas, cuadras, garajes, talleres, transformador eléctrico, aspiración de serrín y viruta, grúa, grandes patios para almacenar madera y terrenos adicionales de más de 5.500 m². En el taller estaban instaladas las máquinas propias de serrería.
Los dueños de aquel final de la empresa eran Arturo Nicolás Gracia, comerciante y almacenista de maderas, y José Nicolás Gracia, propietario. Un padrón electoral los sitúa a ambos viviendo en el mismo edificio.
Arturo Nicolás Gracia debió de convertirse en una figura empresarial importante en Zaragoza. Participó, por ejemplo, junto a Basilio Paraíso, Tomás Castellano y otros industriales zaragozanos en la sociedad creada para explotar el Gran Hotel Regina durante la Exposición Hispano-Francesa de 1908.
Arturo murió el 17 de mayo de 1919. Aquí tenemos una fuente oficial excepcional porque una disposición de la Gaceta identifica a sus herederos: su viuda, Virginia Puy, y sus hijos Fernando Nicolás Puy, María Nicolás Puy, Natividad Nicolás Puy y Carmen Nicolás Puy. Fernando actuaba además como representante de la familia.
En los años veinte el negocio aparece ya como Fernando Nicolás – Maderas. No era entonces una simple serrería zaragozana: se había convertido en una empresa de dimensiones nacionales e incluso internacionales. Un anuncio del año 1925 (lo podemos ver abajo) da tres puntos de su actividad en Zaragoza: Paseo del Ebro 70. Pero también en Pasajes (Guipúzcoa) con un almacén de maderas y en Madrid con oficinas en San Agustín 2.
El puerto de Pasajes era fundamental en su actividad. Se conservan fotografías de 1922 de barcos descargando madera específicamente para Fernando Nicolás. El West Chetac, por ejemplo, descargó allí roble, madera de satén y una enorme cantidad de tea destinada al almacén de Fernando Nicolás; otros barcos, como el Asturias, Gothia o Trudvang, aparecen igualmente vinculados a la empresa. Había pasado de suministrar tablones a instituciones zaragozanas a finales del XIX a importar madera por barco a través de Pasajes, distribuirla por España y mantener oficinas en Madrid.
Y seguía utilizando el Ebro como modo de transporte. En otras palabras, la serrería zaragozana combinaba dos mundos: las tradicionales maderas que podían llegar por vía fluvial hasta Zaragoza y las maderas importadas internacionalmente por mar y ferrocarril. Incluso el Archivo Histórico Ferroviario conserva expedientes de 1928-1929 de pedidos de madera de pino a Fernando Nicolás para reparar coches y vagones ferroviarios.
La empresa sufrió además un incendio importante en 1924. Una publicación histórica del Ayuntamiento que relata las actuaciones del Regimiento de Pontoneros menciona expresamente su intervención en el incendio de «una fábrica de aserrar maderas de D. Fernando Nicolás».
En 1936 la sociedad se denominaba formalmente Fernando Nicolás–Maderas, S.A. y estaba en situación de quiebra. La Gaceta de Madrid publicó la subasta de sus propiedades zaragozanas, valoradas en 579.827,90 pesetas, una cantidad muy considerable para entonces. Era una empresa importante, incluso con ejecutivos escandinavos, pero los cambios de aquellos años cambiaron el devenir de la empresa zaragozana.
Hay incluso una referencia muy familiar. La escritora zaragozana Rosa María Aranda recordaba a Fernando Nicolás como su abuelo materno y hablaba del "imperio de maderas de Arturo Nicolás"; describía a su padre Manuel Aranda también como industrial de maderas que "iban y venían por barco en medio mundo". Los edificios continuaron físicamente en las Tenerías durante muchos años; y todavía aparecían en fotografías de 1951 y se veía parte del complejo hacia 1978, antes de su derribo.

