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15.7.26

Zaragoza 1975. Precios de alimentación


Esta imagen propia es de 1974 más o menos, año arriba o abajo. Para entender los precios sobre todo. Es una tiende de Ultramarinos que había en el Coso Bajo de Zaragoza, poco antes de llegar a la plaza de la Magdalena.

Podemos ver los precios, en pesetas no hay duda, de ciertos productos en aquella Zaragoza de hace algo más de 50 años. Desde las 200 pesetas el kilo de longaniza de Aragón a las 3 pesetas por cada sardina rancia. 

La miel pura estaba a 80 pesetas el kilo, y el precio de la legumbre que se vendía mucho entonces variaba según el tipo de producto, entre las lentejas de Salamanca a 40 pesetas el kilo a los boliches del Pilar (los más caros) a 90 pesetas el kilo.

Se ofrecían cuatro cubos diferentes de jabón de lavadora. Dash, Daran, Colón u Lagarto. El precio bastante similar.

Y las patatas iban desde las 16 a las 20 pesetas el kilo. Bacalao, mermeladas, conservas o jamón de Teruel del viejo. De todo se vendía en aquella tienda de ultramarinos, de alimentación.



18.8.25

Litografía en metal de Zaragoza, con un siglo de historia


Los pequeños detalles también cuentan para recordar nuestra ciudad, para ponerla en valor, para saber pequeños detalles de su historia o de los diversos puntos de vista que ha tenido y tiene. Somos una gran ciudad con un gran valor histórico dentro.

Esta es una chapa propagandística de nuestra ciudad, de Zaragoza. posiblemente la tapa de una caja de galletas, pero no lo tengo confirmado. Tendrá un siglo, más o menos.

Las primeras cajas de chapa (hojalata) para galletas con dibujos a color en las portadas comenzaron a popularizarse en España entre finales del siglo XIX y principios del XX, como una copia de los envases británicos y franceses—especialmente las latas decoradas de las galletas inglesas importadas que llegaban en el siglo XIX.

En los anuncios de prensa de 1869 ya se mencionaban las “bonitas cajas de lata decoradas” de galletas inglesas que, poco después, empezaron a ser imitadas por fabricantes españoles. En España sería lógico pensar en los años 20 del siglo XX, que es cuando se popularizó la litografía, pues antes eran casi siempre latas de importación.

Establecimientos Álvarez estuvo en Zaragoza


Establecimientos Álvarez es hoy una empresa de distribución de productos y suministros de hostelería, con sede siempre en Oviedo y que a los zaragozanos no nos sonará a nada.. Hoy se dedica desde Oviedo a comercializar todo lo que sean productos para restaurantes y hoteles, vajillas, cuberterías, textiles, menaje, cristalerías, etc.

Su sede central siempre ha estado en Oviedo donde tenían una gran tienda, pero con sucursales en varias ciudades españolas. Y entre ellas un gran local comercial en Zaragoza. Su ubicación era entonces perfecta para unas familias con un nivel económico alto, y su espacio comercial era muy grande para aquella Zaragoza de tiendas pequeñas. 

Eran tiempos también en los que las nuevas familias hacían lo que se llamaba "El Ajuar" y en donde ya antes de las propias bodas se compraban cuberterías, vajillerías, y todo tipo de objetos para los servicios de cocina y comedor. Y efectivamente, luego en las semanas anteriores a la boda se hacían Listas de regalos y esta era una tienda de calidad alta para preparar esas Listas de Boda.

En la Plaza del Pilar, enfrente del Ayuntamiento, estaba situado Establecimientos Álvarez en el local que luego fue (todo entero) de Belloso, donde vendía elementos religiosos y ahora está dividido, es donde se situaba el local de Establecimientos Álvarez que servía al por menor a todos los zaragozanos; sobre todo productos para cocina y comedor de una calidad entre media y alta, hasta yo creo que finales de los años 80 del siglo XX.

Os dejo un anuncio de esta tienda zaragozana que en aquellos años 70 y 80 representaba uno de las primeros grandes almacenes temáticos donde se podía comprar de casi todo, incluido en sus últimos años, pequeños electrodomésticos.


16.3.25

El precio de poder vender en Zaragoza, frutas y verduras


En los años pasados, en los siglos pasados sobre todo, en los puentes de todas las ciudades y en las puertas de las murallas, se cobraba por entrar si se llevaban mercancías. Era una forma de pagar impuestos, que más o menos es como el actual IVA pero en antiguo.

En otra entrada ya os hablaré del siglo XIX y de los precios que se pagaban por entrar en las ciudades a vender. En este caso este recibo era por entrar a Zaragoza desde el Puente de Piedra.

Este billete o recibo, que en la actualidad se pagan también en los Rastros de muchas ciudades y que cobran los ayuntamientos por vender, este que vemos arriba es del año 1796. Finales del siglo XVIII y para poder vender en Zaragoza, en concreto en la plaza de San Felipe y poder ofrecer en el puesto frutas y verduras u hortalizas.

Lo pagaría un agricultor de las afueras de Zaragoza, del Rabal y alrededores, para vender su producción en la ciudad, un tal Manuel Ximenez. Lo cobraban en nombre de la ciudad el alcalde y los concejales, entonces llamados Corregidores y Regidores.

A los pocos años de este recibo, y si eran productos al por mayor, es decir productos en gran cantidad, se pagaba por kilos y según el producto que se traía a la ciudad. 

A mitad del siglo XIX, por una arroba de azúcar, de almendras o de arroz se pagaba como tarifa de entrada a la ciudad un real de vellón, que eran unos 25 céntimos de aquellas pesetas. 

1.1.25

Agua medicinal Fita Santa Fe de Zaragoza


Son fechas de celebraciones pero también de excesos gastronómicos. En Zaragoza ciudad tuvimos un manantial de aguas que se embotellaban y eran conocidas en casi todo el mundo. El manantial seguirá, creo que incluso sigue un pequeño edificio en donde se lograba sacar esas aguas, pero ya no se comercializan.

Eran las famosas Agua Mineral y Purgante Fita Santa Fe que se sacaban de la localidad de Santa Fe en Zaragoza, de un manantial que está a dos kilómetros del cauce del río Huerva.

Contenía esa agua cuando fue analizada un total de 19,44 gramos de sulfato de magnesio, 43,7 gramos de sulfato sódico, un gramo de cloruro de calcio y otro de cloruro de socio por cada litro de agua, y restos de otros minerales. Había sido analizada por institutos de higiene según constaba en la etiqueta, en Francia en el año 1889 en la ciudad de Montpellier y en Zaragoza en 1939.

Había que tomar un vaso y esperar, era más un agua medicinal que un agua de mesa. Ayudaba a limpiar según se decía al hígado y al riñón, y ayudaba al reumatismo, al estreñimiento, a la obesidad, a la piel y al estómago, y sobre todo a las hemorroides. 

Hoy hay indicios de que algunas de estas indicaciones no son del todo correctas, pero otras en cambio y por su composición, sí ayudarían en caso de problemas, sobre todo en su capacidad purgante. 

Dicen que un vecino de la zona llamado Bernardo Fita buscaba agua con la que poder abrevar el ganado en una finca de su padre, Francisco Fita, allá por el año 1887, cuando descubrió un manantial nuevo, el ganado rechazaba el agua por su fuerte sabor salado, pero descubrió que tenía efectos laxantes y la envió a analizar al laboratorio francés para averiguar su composición y ver si ofrecía otros beneficios.

En el año 1940 y tras ser analizada en Zaragoza para garantizar que no era problemática tomarla, se empezó a comercializar como Agua Fita Santa Fé desde su nave embotelladora en la calle de Madre Sacramento, 28, de Zaragoza donde se filtraba para venderla en farmacias por todo el mundo, sobre todo por Brasil, Venezuela, Argentina, Chile, México y Cuba así como en la India y en Filipinas.

El éxito del Agua mineral —totalmente natural pues recoge sus sedimentos de las rocas de la zona por donde transcurre, y agua al menos purgante Fita Santa Fe— fue muy rápido, y en 1941 recibió el primer premio en el Congreso Nacional de Medicina de Madrid.

El agua todavía ahora mana de un pozo de unos 13 metros de profundidad y a una temperatura de unos 15 grados centígrados. El pozo pertenece actualmente a los descendientes de Bernardo Fita y sigue siendo un agua medicinal según los últimos estudios de la Universidad de Zaragoza. 

Pero incluso en este siglo XXI y tras algunos intentos tímidos de rescatar ese manantial para diversos usos, sigue sin ser utilizada, aunque se dice que sería posible sacar unos 3.000 litros de agua por semana de este manantial.


3.12.24

Gran Hotel Europa de Zaragoza


De principios del siglo XX es esta curiosa imagen de la Zaragoza con el Gran Hotel de Europa, que hoy es el edificio del Banco de España, una vez que el hotel fue derribado y en su lugar tan céntrico se construyó el Banco inaugurado en el verano de 1936.

En un edificio (solar) que había formado parte del antiguo Real Hospital de Nuestra Señora de Gracia destruido por los franceses en los Sitios, se abrió como Hotel en el año 1845 con el primer nombre de Fonda Europa, regentada por el afamado hostelero piamontés y proveniente de Barcelona don Gaudencio Zoppetti Cerrutti.

A la izquierda de la fonda lindaba estaba el antiguo trinquete o cancha de pelota vasca; la casa siguiente a ésta eran los llamados baños de Marraco, de los cuales el Hotel Europa cogía el agua en los primeros años, pues no existía agua corriente en Zaragoza.

Además de un excelente hotel para la época a donde llegaban para alojarse las mejores gentes que visitaban Zaragoza, tenía un famoso café Europa y un restaurante no menos reconocido en donde trabajó Teodoro Bardají.



26.11.24

Una tienda de ultramarinos de la vieja Plaza San Miguel

De los primeros años 60 del siglo XX, me llega esta imagen de la Plaza San Miguel con un remolque de los que empleaba Tranvías de Zaragoza para reparar vías o vehículos. Pero me ha llamado mucho más la atención las tiendas que había en la plaza en aquellos años. 

Recuerdo perfectamente la que se ve a la derecha, que pone Vinos y Licores, como una tienda perfectamente montada para hacer películas de época. Era maravillosa y sigue siendo maravillosa en mi recuerdo. La llevaban un matrimonio que convivía con gatos que se paseaban por la tienda y también por encima de los sacos de lentejas o judías secas, actuando los animales como lo que realmente era aquello: “su casa”.

Yo era un niño claro, y me parecía encantador un lugar algo oscuro pero lleno de pequeñas cosas, de cajas y cajoncitos, donde se amontanaban centenares de diferentes productos. Cada estante, cada cajón que se abría era un descubrimiento. Yo pensaba: —¿Qué esconderá cada aparador, cada cajón en esta enorme tienda?

Me parecía enorme y era simplemente grande, pero eran tiempos en los que no había centros comerciales en Zaragoza. Cuando cerraron los dueños, mis padres que eran amigos de la familia me llevaban a explorar la tienda por la noche mientras recogían cosas oscuras y a asustarme con lo que allí se encontraba. En realidad vendían de todo. Ultramarinos, sifones y vino a granel, bacalao o garbanzos. Era una tienda grande para aquellos años y daba la vuelta por la calle La Reconquista, donde tenía más escaparate y espacio interior.

18.9.24

Vigilia en Zaragoza, días de 1806


La vigilia religiosa y referida a la alimentación es una acción de penitencia que se remonta al siglo II y tiene un significado de purificación del cuerpo que toma como referencia los sacrificios de Jesús y su ayuno durante 40 días en el desierto, antes de su misión entre sus gentes. 

En los últimos siglos era sobre todo abstenerse de comer carne y rezar más. Y si pagabas la Bula, te salvabas de pecar. 

Mientras que la abstinencia (que es un grado más alto) es no consumir alimentos como la carne y ciertas bebidas, o no cometer ejercicios sexuales con el fin de cumplir con un compromiso religioso y moral.

En las Guías de la Zaragoza de inicios del siglo XIX se nos indicaba qué días de todo el año había que hacer vigilia. Es, si lo miramos con calma, una manera de hacer dieta en días que te indicaban desde la Iglesia, y ahora te lo dicen los anuncios de la televisión.

Comer menos, no comer carnes, más verduras y más frutas. Antes se decía que también había que rezar más, ahora con limitarnos en estos días a escribir menos insultos en las Redes Sociales, te lo convalidan en el Cielo. 

En el año 1806 había 15 días de vigilia repartidos en siete meses. Ahora ya los hemos reducido, debe ser que no les hacemos mucho caso.

16.9.24

Gran Café Ambos Mundos de Zaragoza



El 2 de septiembre de 1955, pocos meses antes de ver la luz el que escribe, desaparecía el Café Ambos Mundos, uno de los cafés de mayores dimensiones de Europa, tal como rezaba, según me cuentan, un cartel en su fachada. 

Su enorme salón, que invitaba a la conversación, era escenario de jugosas tertulias de la Zaragoza pomposa y rica del momento. La generación joven y madura de finales del siglo XIX encontraban allí un lugar de encuentro con amigos.

Situado junto a la calle Casa Jiménez, en pleno Paseo de la Independencia, en los números 32 y 34, en la última zona de los porches y en los locales que luego fueron banco y ahora oficinas de la DGA, con un jardín trasero para las tardes de verano que llegaba hasta la calle Ponzano, se inauguró el 4 de octubre de 1881.

El Café Ambos Mundos fue una referencia ineludible de la hostelería zaragozana y de los visitantes de la ciudad en aquellas décadas. Ocupaba cuatro naves y los bajos de una manzana completa, con una atrevida arquitectura y decoración interior.

Por su enorme tamaño se le puso el nombre de “Ambos Mundos” por parte de sus primeros dueños Manuel Puig y José Sánchez. Fue decorado y pintado por Alejo Pescador actuando de director de obras Antonio Miranda. 

A los 8 años de abrir, José Sánchez tuvo que ceder su parte por impagos al Banco de Crédito de Zaragoza, propietario de los locales. En el año 1901 cambió de titularidad al venderse el Café Ambos Mundos a Pablo Calvete, Mariano Pobes y Remigio Marco quieren tuvieron la propiedad hasta el año 1923, en que se vendió a Luis Pascual, con importantes transformaciones en su interior.



En el año 1930 el Banco de Crédito de Zaragoza ocupó la parte del enorme local del número 32 del Paseo Independencia. En diciembre del año 1941 volvió a cambiar de dueños y se reformó completamente. 

Cervecería, chocolatería, salón cafetería, una lujosa y moderna sala de fiestas y restaurante llamado La Parrilla se fueron creando en su interior según iban pasando los años, constituyeron todo un hito en su tiempo.

Su ocaso se produjo como consecuencia de su mala gestión económica al arrastrar cuantiosos gastos para su mantenimiento y por el auge de los bancos que necesitaban locales céntricos, espaciosos e importantes. 

El Gran Café Ambos Mundos de Zaragoza cierra sus puertas el 2 de septiembre de 1955 con casi 74 años de vida importante en su Zaragoza de entre siglos.

27.6.24

Empresas de licores en Zaragoza y Calatayud


Hubo épocas en las que los licores se conocían pero no eran sencillos de conseguir, ni por precio ni por posibilidades comerciales pues la globalización no existía y aunque existían casi los mismos licores que en la actualidad, fuera de las grandes capitales era muy complicado lograrlos.

Así que se fabricaban en pequeñas empresas (o no tan pequeñas) y se distribuían entre los territorios cercanos. De allí surgen en Aragón diversas fábricas de licores, que hacían ron o anís de muy alta calidad para aquellos años, y bebidas espirituosas como este Licor Monasterio de Piedra, que vemos en un anuncio de 1940, o el Anís La Dolores.

La fabrica de Calatayud, de la viuda de R. Esteve Dalmases era de las importantes y casi a medio camino entre Zaragoza y Madrid. Esta junto a la Industrial Licorera Española de Zaragoza y su muy reconocido Ron Negus Abisinia marcan las empresas más conocidas en licores aragoneses.

21.3.24

Historia del regaliz y de la empresa Zara en Zaragoza



Tras la entrada sobre la perrera municipal continúo con una sobre la fábrica de regaliz Zara, que se encontraba en la misma zona, junto al río Huerva, en la calle Asalto de Zaragoza. En la sección de un plano del año 1899 que os adjunto, se ven perfectamente los edificios de la fábrica.

El regaliz era un producto de gran fabricación en Zaragoza para toda España y basta recordar que a la vez de la fábrica Zara que ahora comentamos, tengo constancia de que existió una fábrica de regaliz en la zona de Montemolín cerca del aparcamiento del Pabellón Príncipe Felipe junto a Miguel Servet. 

No he encontrado datos de esta fábrica de regaliz para que me confirme si es el traslado de la fábrica de la calle Asalto o una fábrica nueva. Personalmente me acerco más a la primera opción, pero sin confirmar.



Dice la historia desde la hemeroteca del Heraldo de Aragón, que en 1929 solo existía una fábrica de regaliz en España, la de Zaragoza, y era la más grande del mundo. 

Se ubicaba en la calle de Asalto, junto al paseo de la Mina, y sus orígenes se remontaban a mucho tiempo atrás. Al parecer "desde tiempo inmemorial" —se dice en el reportaje— existía en Zaragoza una fábrica pequeña, propiedad de un tal señor Flor, que acabó ampliándose en el año 1872 con dos socios franceses y creando la razón social “Flor, Carenou y Tur”. 

La fábrica Tur producía 800 toneladas anuales de regaliz, unos 3.000 kilos al día laborable, y exportaba a Francia, Alemania, Dinamarca, Holanda además de a casi todos los países de América del norte. Las tierras calizas de los alrededores de Zaragoza eran idóneas para el cultivo de esta planta.

La raíz de la planta del regaliz, al ampliarse la fábrica, se tenía que comprar fuera de Zaragoza, que por cierto era una zona muy rica en esta leguminosa, sobre todo desde Montemolín, Miraflores hacia La Cartuja o El Burgo. 

Más lejos se compraba regaliz en las zonas de Alfajarín, Osera, Villafranca, Pina, Fuentes de Ebro, Quinto, Remolino o incluso Tudela y Corella. Las raíces se recogían cuando la mata era verde entre los meses de invierno, para dejarlo secar en el verano. Se trituraba, se maceraba y se obtenía una pasta que en gran medida era exportada hasta las fábricas de tabaco rubio americanas. Sí, desde Zaragoza.

Con parte de aquel producto se empezaron a crear las pastillas de regaliz que se comercializaban con el nombre de “Zara” y se las llamaba “Perlas de Aragón” en recuerdo como no a Zaragoza y de las que os dejo una imagen de las cajas. 

De críos todos hemos probado el regaliz de palo, más o menos grueso, que recogíamos de ribazos tirando de la mata hasta que se rompía si había días de lluvia o picando como dos palmos en busca de las raíces más gruesas.

Desde 1964 esta fábrica de regaliz que sigue fabricando Regaliz Zara está en la localidad de Cabañas de Ebro con el nombre de Fire S.L. 

El producto vegetal se compra hoy en Aragón, Navarra o Toledo pero también se importa hasta de la lejana Afganistán, ya que la planta del regaliz procede de la Europa Mediterránea y Asia Menor, cultivándose en lugares húmedos en unas tierras con mucha cal. Y efectivamente, NO tiene nada que ver la marca del regaliz con la más famosa marca Zara de ropa y multimillonarios beneficios.

19.3.24

La Zaragoza del chocolate Aínsa a 0,40 pesetas


De hace más de un siglo es esta imagen de la Zaragoza ya no reconocida. realizada desde la entrada actual a la calle Don Jaime desde el Coso. Vemos una tienda de Ultramarinos en el primer plano, que nos ofrece un chocolate Aínsa con bizcochos y azucarillo a 0,40 pesetas. 

Y a su vez hace publicidad de las cervezas Damm, Pilsen y de Munich, y de varios licores nacionales o internacionales.

30.11.23

Caja de galletas Gargallo de Zaragoza

Encontré esta caja de galletas Gargallo de Zaragoza en un escaparate de una cafetería y pastelería de Irún. Me gustó su añejo recuerdo a galletas viejas, a Gargallo de nata, a "galletas boer" sabor coco y vainilla, que eran y son galletas de barquillo y rellenas de sabores. 

Creo recordar que a los vecinos, de críos, nos vendían a un precio muy bajo bolsas con galletas rotas, partidas, que no se podían vender en caja. Todavía recuerdo el olor a galletas cuando pasaba por la acera de su fábrica en el Paseo Teruel.

Desde 1925 lleva esta fábrica de galletas zaragozana entre todos nosotros, y comercializa en estos momentos casi 30 modelos diferentes de galletas de distinto tipo. Incluidas las boer de cinco capas.

26.11.23

Café Salduba de Zaragoza, en la plaza España


Zaragoza fue ciudad de grandes cafés, de muy conocidos locales de remanso y coloquios, de cafeterías con grandes salones simplemente para estar y tertuliar.

Casi todos ellos ya no están en Zaragoza, se han muerto poco a poco. Bueno no, los hemos ido matando.

Os dejo una imagen del Café Salduba que estaba en la Plaza de España. Es de los años 50. Una pequeña imagen, como recuerdo de esos locales que ya no están con nosotros, haciendo la Zaragoza un poco más amable.

La imagen es del fotógrafo zaragozano Ángel Áznar.

22.11.23

Teruel anuncia Cestas de Navidad. Era 1921


Este anuncio de Cestas de Navidad es del año 1921, cuando los anuncios de Navidad se ponían a finales de diciembre y no como ahora que ya nos están vendiendo la Navidad desde finales de octubre.

Este anuncio ofrece Cestas de Navidad en Confiterías Muñoz de Teruel, con precios que iban desde las 25 a las 100 pesetas.  Cestas de Navidad "para gente bien" con diez modelos distintos. Eran otros tiempos. O no.

Se publicó el 21 de diciembre de 1921 en el diario La Provincia.

30.10.23

Pieles zaragozanas 008 - Comercio de Zaragoza, fácil de adivinar


En estos juegos que os propongo hay veces que algunas imágenes de nuestra Zaragoza son fáciles. Casi todas, creo. pero otras veces incluso me sorprenden a mi. No siempre nos fijamos en lo que hay en nuestra ciudad aunque hayamos pasado 1.000 veces.

Este trabajo en madera está en una calle muy céntrica de Zaragoza. Es parte de un comercio antiguo, simpático, icónico diría. Así que con estas pistas… es casi imposible no imaginarnos de qué lugar estoy hablando.

17.8.21

Restaurante Cafetería Savoy en la Zaragoza viejuna


Uno de los primeros restaurantes que en Zaragoza empezaron a dar b fue el ya desaparecido Restaurante Savoy en el Coso, enfrente del final de la calle Alfonso, donde hoy hay una Caja de Ahorros. Cuando los buffet se pusieron de moda a Zaragoza llegaron primeramente (y si no es así, por favor corregirme) a Galerías Preciados en el paseo Independencia y a Savoy. En ambos casos y en los días laborables por un precio cómodo en aquellos finales años 70 se comía muy bien, o se cenaba mejor en el Savoy con marisco incluido.

La cafetería Savoy era muy conocida en aquellos años por su ubicación y sus amplios salones en dos plantas (no sé con seguridad si no tenía también planta sótano) con el restaurante (los restaurantes) en la planta primera, con diversos salones según lo que solicitaba el cliente.

La imagen de la fachada es de la página "Zaragoza de Luxe". El anuncio es mío, publicado en el año 1953, donde indicaba que se podía comer el menú por 50 pesetas. por cierto: ¿Dónde andará la fachada de este restaurante con una cerámica tan interesante?



29.6.19

Hotel Oriente de Zaragoza. Con luz eléctrica

Del año 1911, más de un siglo nos contempla, vemos un anuncio del Hotel Oriente de Zaragoza, donde se explicaban todas sus ventajas y comodidades. Luz eléctrica, timbres, coches desde la Estación, precios moderados, gusto delicado, gabinetes particulares y carta de restaurante a precios moderados. Todo un lujo para el visitante a Zaragoza de aquellas décadas. 

22.1.18

Turismo y Gastronomía en Aragón. Una oportunidad de futuro

El mundo actual, y también el turismo como actividad, vive una situación que al observador poco avisado podría parecer contradictoria por paradójica. Por un lado, crecen los procesos de mundialización y, por otro, los de puesta en valor de lo local, de lo más cercano. Vivimos en un mundo cada vez más abierto y global que es compatible con el reconocimiento del valor de lo más cercano y la identidad más local, basado en el respeto a la pluralidad, la diversidad y al acervo cultural construido a lo largo de varios siglos de desarrollo de un país, de una ciudad, en definitiva, de un destino.

Por otro lado, refiriéndonos estrictamente a la actividad turística, hay una fuerte competencia entre destinos, buscando éstos factores diferenciadores, que los hagan únicos e irrepetibles, construyendo un relato específico destinado a un segmento concreto de los potenciales viajeros y, aquí, el patrimonio inmaterial (y dentro de él, la gastronomía), juega un papel fundamental, en la medida que la gastronomía apela al lado más emocional del viajero y puede ofrecer experiencias inolvidables que fidelizan al visitante, cuestión importante cuando, para el turista, los destinos son intercambiables para vivir una experiencia.

Además, siguiendo a la Organización Mundial del Turismo, en los modelos de desarrollo turístico actual hay varios ejes sobre los que pivota nuestra actividad: la cultura, la autenticidad y la sostenibilidad y, todos ellos, se aúnan en el turismo gastronómico que se convierte en una posibilidad de desarrollo de la actividad económica local, enriqueciendo las posibilidades de negocio de la producción del sector primario, contribuyendo a la conservación de la biodiversidad y los paisajes, generando oportunidades de negocio basadas en la preservación de la recuperación de la memoria culinaria, adaptándola a los gustos y maneras de cocinar actuales, favoreciendo, por tanto, la generación de empleo a lo largo de todo un país.

En definitiva, la gastronomía es un factor clave para poner en valor y diferenciar un destino, para reforzar el sentido de singularidad, identidad y autenticidad de un territorio, para potenciar su desarrollo económico y para promocionar y dar imagen de marca a un destino, pero para convertirla en producto turístico es preciso que sea un objetivo compartido por toda la cadena de valor (productores agropecuarios, enólogos, industrias de transformación, vendedores locales, etc.) y no solo por quienes se dedican directamente al sector turístico (hoteles, restaurantes, operadores turísticos).

La creación de una marca turística (en nuestro caso, Aragón) requiere la implicación de todos los agentes que actúan sobre un destino, un mensaje único y coherente que permita competir en un mercado de escala internacional creando una oferta (patrimonial, cultural, natural, de ocio) amplia y diversa que enriquezca la oferta de turismo gastronómico, haciéndolo más competitivo, retroalimentándose, puesto que el turismo gastronómico también es un apoyo para la promoción del resto de recursos turísticos de un destino.

El turismo gastronómico, además, es un elemento clave para dirigir el flujo turístico a destinos que, como Aragón, basan su oferta en la calidad y en el patrimonio natural y cultural, alejado de los grandes flujos del turismo masificado conformado por turistas que “se alimentan”, para los que la gastronomía es cuestión menor y, perfectamente, pueden consumir comida rápida uniforme a lo largo de todo el mundo y deslocalizada, sin relación con el destino que se trate, puesto que priorizan el precio antes que la calidad, buscando únicamente satisfacer una necesidad fisiológica.

Por todo lo anterior, es preciso aprovechar uno de los factores diferenciales que hacen de Aragón un destino no intercambiable: la gastronomía con vocación de excelencia apoyada en un relato capaz de convocar las motivaciones emocionales, sin olvidar que la razón comprenderá que la elección de Aragón como destino es la mejor opción.

Basándonos en nuestra oferta y conocedores de que la gastronomía, entre la demanda de nuestros mercados potenciales, es un factor creciente para la elección de un destino, nuestro reto es la búsqueda del turista gastronómico, el que busca conocer mejor la cultura del destino, sus hábitos culinarios, el origen de los productos, que busca un producto individual, de calidad, único e irrepetible, como el mismo Aragón.

Jorge Marqueta Escuer.

28.12.17

Sopa de granada, aragonesa e iraní

Cuando hablamos de gastronomía aragonesa es cada vez más lógico encontrarnos con platos ancestrales que llegaron sus raíces desde países muy lejanos, pero es que Aragón es tierra de culturas, de amigables culturas que han estado aquí con nosotros y nos han ido dejando sus culturas de todo tipo, también las gastronómicas.

Esta sopa es rara, diríamos incluso que es MUY rara, pero no está mal conocerla, para esos días locos en los que deseemos probar algo diferente y recordar que Aragón es muy plural. Es la sopa de granadas de Irán adaptada al sabor aragonés.

Es una sopa de granada, de semillas de granada, que se trabaja con pollo, con mucha cebolla caramelizada, con algunas pasas o frutas secas y con unos costrones de pan majados o mojados con ajo para darles sabor contundente y casi farmacéutico.

Picamos muy fina una cebolla de las babosas, y la ponemos a pochar con un poco de aceite de oliva hasta que se torne transparente y más babosa todavía. Se le añade en ese momento un caso de vino tinto a cocer con la cebolla, mejor si es un vino garnachero de los potentes, una zanahoria a trozos o rodajas pequeñas para que no esté mucho tiempo en el fuego, unos trozos de pechuga de pollo (no muchos) cortados en pequeño, perejil picado, eneldo, menta, cilantro y un toque de pimienta negra, y se deja todo cocer como media hora. 

Los hay que incluso le añaden desde el principio un puñadico de garbanzos en remojo, para que se hagan con la carne, pero creo que eso es ya pecado. Y tiene que quedar una sopa espesa, potente, algo oscura, verdosa.

Pasado este tiempo se la añade unas setas de campo cortadas a tiras con las manos o unos boletus picados o en su defecto champiñones más dos cucharadas soperas de semillas de granada y una cucharada de yogurt, más otra cucharada sopera de fideos finos. Y se deja cocer otros 5 minutos según el fideo que se ponga.

Para comer…, sin duda unas buenas rebanadas de pan tostado al hogar con aceite de la zona alta de Huesca y ajo refrotado. Y unos huevos fritos de segundo, de esos de gallina libre de corral salvaje. ¿Vino? Efectivamente, un Somontano tinto o un Calatayud de Miedes. A tu gusto.

Luis Iribarren y Julio Puente