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4.8.26

París La Nuit, en la Zaragoza de los años 60 del siglo XX

Este hermoso mural estuvo en el Café París, en el Paseo de las Damas 11 de Zaragoza, inaugurado en el año 1958. Y fue pintado por la artista zaragozana María Pilar Burges en el año 1959 poco antes de irse a Roma. 

Esta imagen ya retocada fue cedida en un principio por el Doctor Jesús Pedro Lorente para El desván de Rafael Castillejo, una página web maravillosa para reencontrarse con la Zaragoza que ya no existe.

10.4.25

Inmaculada de Sijena. Deplorable estado


Este cuadro, en un estado lamentable, es la obra que se había perdido en un principio de las que el Museo de Lérida ha tenido que devolver a Aragón por sentencia judicial

Lo devuelve a Aragón en el año 2017 pero la propiedad de la obra seguirá inmersa en varios juicios que parecen eternos.

Miren el estado de la obra. Un cuadro al oleo sobre tela totalmente cuarteado, que desde el año 1970 estaba en unos almacenes sin saber en qué condiciones se encontraba, por mucho que nos las imaginemos pues se encontraba perdido para el Museo de Lérida.

Una obra que refleja una Inmaculada del siglo XVIII y que tenían las monjas sanjuanistas en Sijena junto a casi otra treintena de obras más.

¿No es un problema de cultura y no de leyes y juzgados, el que se den este tipo tan deplorable de situaciones?

¿Cúal es el futuro de esta obra sin autor conocido y en un estado tan lamentable? 

¿Y el coste de la reparación? 

¿Por qué tenemos que reparar esta obra y no —por ejemplo— otras diez mucho mejor que esta y en mejor estado, con más valor artístico? 

¿Cuando se va a valorar la historia y la cultura con independencia de si sale mucho o poco en los medios de comunicación? 

¿Es arte, es fervor religioso o es ya un icono aragonés? 

Julio Puente





9.4.25

El reto demográfico en despoblación en Aragón es crucial



Aragón se juega desde hace ya mucha décadas su futuro en las soluciones que sepa aportar y exigir ante el reto demográfico que tenemos encima y muy dentro. 

O revertimos con urgencia la despoblación en Aragón, aunque no quieran los propios aragoneses (todo hay que decirlo) incluso la pérdida de habitantes de Zaragoza ciudad, o tendremos un futuro bastante gris.

En esta artículo de 2018 de Carmen Martínez Romances, hace un análisis del problema.

24.2.25

La Saraqusta vista desde el aire


Zaragoza fue en su historia una ciudad importante bajo los visigodos, antes de ser conquistada en el siglo VIII por el Califato Omeya, donde se conoció como Saraqusta. Sirvió como capital regional de la Marca Superior (al-Thaghr Al-a’la) de Al-Andalus.

Después de la caída del Califato de Córdoba, Saraqusta se convirtió en la capital de un principado independiente, la Taifa de Saraqusta (partido o facción), donde alcanzó su cenit bajo el reinado de Al-Muqtadir, Al-Mutaman y Al-Mustain II de la dinastía Banu-Hud. La ciudad fue conquistada más tarde a finales del siglo XI por los almorávides antes de caer en manos de los cristianos en 1118.

La organización de aquella ciudad hoy Zaragoza, en forma de cuadrícula, fue un uso lógico del plano de la ciudad que hizo la colonia romana en su fundación, y que se mantuvo después de la conquista musulmana de la ciudad.

Este excelente dibujo a modo de plano aéreo de Saraqusta sería del año 1118, desde al-Jazira (es una interpretación de J. Peña-Gonzalvo. Modelo 3D de L. Agustín-Hernández y A. Fernández-Morales desde la Universidad de Zaragoza).

Esta ciudad con más de 50.000 habitantes era según el historiador George T. Beech,“una gran ciudad de grandes palacios y altas torres”, según la describió un trovador occitano que la visitó a principios del siglo XII, una “nueva capital intelectual”, cuyo ambiente lo propició “la fama de sus investigadores, la abundancia y riqueza bibliográfica de sus numerosas bibliotecas, su ubicación en la frontera con Europa Occidental y el ambiente propicio para la indagación, la experimentación y la actividad creativa”.

Vemos en esta imagen teórica una forma de aquella Zaragoza muy curiosa, no tanto por su forma o tamaño, sino por sus "huecos" interiores, posiblemente zonas destinadas a los mercados de animales o d producción agrícola. También para hacer Ferias de entretenimiento, carreras y juegos deportivos.

En la zona más baja de la imagen veríamos el cauce viejo del Ebro, lo que siempre hemos llamado las Balsas del Ebro Viejo, y que se mantuvieron con más o menos agua hasta entrado el siglo XIX, y se puede ver todavía en mapas de la Guerra de la Independencia.

15.1.25

Nomenclátor de algunas calles históricas de Zaragoza. La Magdalena


El Barrio de la Madalena o el Gallo ocupó el flanco este, Puerta de Valencia, de la muralla romana y se extendió hasta las huertas de la margen izquierda del río Huerva, hoy vertebradas las calles de Cantín y Gamboa y Heroísmo, con el espinazo separador del Coso Bajo.

Barrio rival por opuesto geográficamente a la población al oeste del mercado medieval de la ciudad, las calles que comunicaron las puertas de la ciudad romana en esa dirección comunicando el palacio de gobernación musulmán y la Zuda con el de la Aljafería: el barrio de San Pablo o, coloquialmente, el Gancho. Rincón histórico como morada de hortelanos y cuadrillas taurinas, que albergó la Posada de las Almas, que dejamos para otra ocasión. 

Pero vayan estas dos jotas dedicadas a estas parroquias presididas por las dos principales joyas eclesiásticas, San Miguel de los Navarros aparte, del mudéjar zaragozano. Porque la tradición zaragozana atestigua que se intercambiaron letras de picadillo como la que sigue:

Pa tozudos, en San Pablo; pa brutos, en la Malena

Pa pijaitos, en San Gil; El Rabal “pa cosa buena”


Así y como rabalero adoptado y pirenaico amante de las jotas y tonadas de mis valles occidentales, me toca compartir con vosotros mi pasión por el callejero zaragozano que en la Madalena y San Pablo es de raigambre más que medieval, centrándome en la primera parroquia:

SIGNIFICACIÓN DEL CALLEJERO HISTÓRICO CON TIPISMO DEL GALLO Y ALEDAÑOS

Calle Universidad y Estudios: pervivencia de la presencia en el barrio de la primera sede central de la Universidad de Zaragoza. La segunda es indicativa de las pensiones y habitaciones que se alquilaban para los estudiantes.

Calle Sepulcro: comunicaba la Seo con el Castillo de Don Teobaldo, que ha dejado rastro en una calle que le da acceso desde el sur y hoy es parte del convento de las Comendadoras del Santo Sepulcro. Erigida en Jerusalén en julio de 1099, celebraba su liturgia en la catedral jerosolimitana. Orden crucial por aparecer en el testamento de Alfonso I Aragón como beneficiaria de legado, la actual congregación obedece al traslado a Zaragoza en 1304 de una comunidad de Híjar a las viviendas del Boterón, propiedad de su hermana principal: la marquesa Gil de Rada. Su iglesia contuvo una magnífica tabla de pintura gótica de Jaime Serra.

Coso Bajo: parte baja hacia el Ebro entonces navegable del cursum romano. Se denominó en el siglo XV Coso de la Judería a su tramo entre la calle Pedro Joaquín Soler y la puerta de Valencia contigua a la Madalena.

Plaza de San Carlos: contiene el Castillo de los Judíos, sinagoga mayor, próxima a los baños judíos.

Calle Arcedianos y Arco del Deán: los primeros archidiáconos o primeros entre los diáconos de una catedral, del griego servidor, terceros tras obispos y sacerdotes en dignidad eclesiástica, además de jueces. Debían ocupar los edificios históricos que quedan de su calle mientras que el deán presidiría de entre ellos el cabildo catedralicio (todo un HaLevy, en acepción del judaísmo, con los HaCohen como deanes del templo de Jerusalén).

Calle Barrio Verde: como en otras poblaciones, eran calles aisladas y cerradas de las extensiones de las juderías con parcelas provistas de huerto propio.

Calle Doctor Palomar: con anterioridad se denominó del palomar a secas, Shalom en hebreo, con viviendas provistas de palomares en sus azoteas o falsas.

Calle Cuchillería: tramo de la calle San Gil en que se concentraban afiladores y navajeros desde la calle Santiago a la puerta del Ángel y puente de piedra.

Postigo de Aguadores: hoy paso con columnas, permite el acceso entre la calle Sepulcro y el Ebro en la Puerta del Sol y se utilizaba como incisión para el acceso de este gremio a la orilla del Ebro que presenta piedras depurativas.

Calles de las Arcadas: (contrafuertes de la muralla de extensión de la romana, de la Zarza, de la Torre, de las Eras, del Turco, de los Viejos y de Añón y Alcalá: se sujetan por ellas mismas, aluden a una de las huertas de Zaragoza, de sus residentes emigrados y su origen.

Cuesta de la Trinidad: de las pocas vías con costero de Zaragoza, este gallizo y postigo comunicaba con el tramo más estrecho del Coso, el de los curtidores de Tenerías, el referido castillo de Don Teobaldo.

Plaza de la Magdalena: la iglesia gótico mudéjar de la que disfrutamos, la más bella por turolense de entre las zaragozanas, se levanta en sustitución de otra románica previa. En un solar que probablemente contendría templo romano previo dado que se erige en la entrada este de la muralla de la ciudad, Puerta de Valencia. Su torre es el alminar de estilo almohade junto al de la iglesia de San Gil Abad más puro de la ciudad. María de Magdala es una santa apropiada para el Gallo, pues su vida discurrió en su localidad próxima al lago 
Tiberíades: una mujer de agua que ungía los pies de Jesús como la vida del barrio unge los sentidos de Zaragoza.

14.01 Luis Iribarren

25.12.24

Os damos las gracias por vuestras lecturas y apoyos


Queridos lectores y lectoras, muchas gracias por vuestras 200.000 visitas, las que habéis realizado este año 2024 a los dos blog en los que hablamos de Zaragoza y Aragón. Este de Zaragoza y sus Historias, y el de Zaragonés.

Son cifras que nos animan a seguir pues aquí intervienen varias personas amigas, siempre escribiendo desde su libertad, sin indicaciones de nadie ni de nada, de forma altruista y con ganas de seguir.

Este número de visitas nos indica que un tema que podría parecer menor en la inmensidad de Internet —como es hablar o escribir de Aragón y de Zaragoza— también tiene un hueco y que debemos cuidar.

Sin vosotrxs, esto no tendría sentido, y os puedo asegurar que nuestros espacios vitales, nuestra historia vieja o nueva, bien se merecen que las conozcamos y levantemos la idea de que son maravillosos lugares para nuestros hijos y nietos.

En la imagen de arriba, vemos un ejemplo de lo que hicieron otros zaragozanos por nosotros, otros aragoneses por cuidar sus ideas, sus territorios, sus historias. Han llegado sus trabajos hasta nuestros días. Por ellos, también por ellos y por nuestros hijos y nietos, amar Aragón y Zaragoza es un trabajo bien hecho.

Gracias.

29.10.24

La Zaragoza de 2025 está todavía vacía de ideas. ¿Quieres ayudar?


También en Zaragoza estamos a punto de cerrar el año 2024 y aunque lo anuncien los agoreros, no ha venido el Fin del Mundo ni el fin de Españas. En realidad este 2024 ha salido revuelto pero todavía nos quedan dos meses para estropearlo algo más, no nos confiemos: seguimos respirando, escuchando a los pájaros gritar, quieren montar dos nuevas líneas circulares de Bus urbano y el Ayuntamiento de Zaragoza no tiene un duro como es lógico.

El recinto de la Expo 2008 y sus edificios emblemáticos siguen cerradas, muchos barrios no tienen quien los quiera y los actualice, y la cultura ya no está ni se le espera mientras la DGA sigue odiando a Zaragoza como sucede siempre.

Pero eso no es nada con lo que nos puede suceder en el próximo 20253, pues podrían volver las huelgas a los transportes urbanos de autobuses, las bibliotecas cerrarán por las tardes, nos iremos preparando lentamente para las próximas municipales a cara de perro, los recortes nos dejarán calvos y el cabreo aumentará pero ya nos hemos ido acostumbrando. ¿Tendremos que vender algunas torres del Pilar para pagar las deudas? 

Eso si, este año 2024 sigue siendo NUESTRO, aunque no nos demos cuenta. Será lo que cada uno de nosotros quiera (queramos) que sea, lo que entre todos logremos que sea. Hay muchos sitios para actuar, para reflexionar, para participar. Solo falta que nos los creamos.

Nos dicen que nos encaminamos al vacío, como si los nuevos tiempos fuera a ser como un disco duro sin nada dentro. En un año miraremos con qué lo hemos ido rellenando y haremos cuentas. 

Si salimos perdiendo otra vez, será nuestra responsabilidad, no habremos sido capaces de hacerlo mejor. Pero es nuestro Tiempo y debemos pensar un momento si tenemos fuerzas en intentar al menos trabajar por modificarlo. 

Hasta convertirlo en un año con nuevas esperanzas tendremos que trabajar duro, quejarnos menos en el bar y en las Redes Sociales y más en donde sirve de algo quejarse. Tendremos que ofrecer soluciones a cada problema para que no nos digan que solo sabemos quejarnos. 

Esta fotografía del Puente de Piedra de Zaragoza es del año 1927, casi un siglo tiene, así que sí, podemos cambiar pues ya lo consiguieron nuestros abuelos y nuestros padres.

1.4.24

¿Somos capaces de amar a Zaragoza?


Tras unos textos anteriores, recordando en este blog algunos pequeños detalles de los Sitios de Zaragoza, de nuestra ciudad que ha sido y sigue siendo un bello ejemplo de Gran Ciudad no siempre bien cuidada, me ha comentado Jorge Marque, el que fue Gerente de Turismo en Aragón, algunos apuntes muy interesantes que voy a intentar sintetizar.


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Todas las guerras son destructoras del patrimonio y mucho más las guerras contemporáneas, en las que se ataca a la población civil, pueblos y ciudades, como fue el caso de los Sitios de 1808 y 1809. Pero me permito un comentario. La pérdida patrimonial de esos años fue mínima en comparación con el ansia destructiva de los siglos XIX y XX. El propio monasterio de Santa Engracia estuvo en ruinas buena parte del siglo XIX y era fácilmente recuperable, pues el bombardeo afectó a un ala, pero no al conjunto. La decisión de su derribo total se da bien entrado el siglo XIX.

Y ¡qué decir de la Torre Nueva!… o del Teatro Pignatelli (uno de los primeros edificios con hierro en España, una obra fundamental de Félix Navarro. O por poner otro ejemplo qué deberíamos decir de la Universidad del siglo XVI, eliminada en el XX con desidia, abandono y olvido, o de los edificios modernistas de la zona de Sagasta, o del convento de San Francisco o los múltiples palacios renacentistas y barrocos que cayeron en el siglo XX o el destrozo irrecuperable de la Aljafería convertida en cuartel durante siglos.

Las guerras afectaron al patrimonio, pero el gran destrozo de la Zaragoza, de esa bella ciudad que solo se podía comparar con Florencia (era conocida como la Florencia española) no se debe tanto a las guerras como a la incultura, el nulo cuidado e interés por el patrimonio que ha sufrido la ciudad por culpa de muchos.

Las ciudades españolas, cuando crecen en población en los siglos XIX y XX crean ensanches (el barrio de Salamanca en Madrid, el Eixample en Barcelona, el Eixample en Valencia) En Zaragoza no tenemos ensanche (y hubo varios proyectos que se desvirtuaron) y la población más que se triplicó entre 1850 a 1950 (seguiría creciendo después) y nuestro ensanche es casi solo la Plaza de los Sitios y aledaños hasta el inicio de la Gran Vía, insuficiente para acoger tanta población y es que se hacen planes de "reforma interior", se ocupa la ciudad histórica y se destruye lo que hay (además de los incipientes barrios obreros).

Pero es cierto que en el imaginario colectivo se ha asentado la idea de que Los Sitios en Zaragoza destruyeron el patrimonio y no es exactamente así. Si repasamos algunos ejemplos de destrozos, vemos que Zaragoza debería ser hoy en su zona histórica, una ciudad mucho más importante en Arte y en Historia. Vemos ejemplos que ya no están entre nosotros.

Iglesia San Lorenzo, de estilo mudéjar

Convento de Santo Domingo (apenas queda un 10%)

Casa Torrellas

Palacio de Zaporta (el patio se vendió, hoy felizmente recuperado una parte)

Casa Coloma

Casa Torreflorida

Convento Santa Fe

Iglesia de San Andrés

Iglesia de San Juan y San Pedro

Parte de la iglesia de Santiago el Mayor

Convento de Santa Lucía

Todo destruido en los siglos XIX y XX, y seguro que me dejo edificios pues hablo de memoria.

Cuando se abre la calle Alfonso (mediados del s. XIX) y la calle San Vicente de Paul (desde 1939), se llevan por delante en las obras todo lo que encuentran. Tenemos unos Baños Judíos casi únicos y estás escondidos y cerrados desde hace muchos años. Pero tenemos que dar las gracias de que no estén destruidos. El subsuelo zaragozano es tremendamente interesante en lo histórico, y una gran parte se conoce, otra se ha ido tapando, y mucha más se ha ido destruyendo a escondidas. Por no hablar del patrimonio contemporáneo, como el Teatro Fleta que se ha tragado millones y ahora nadie quiere ni nombrarlo, pues en realidad preferirían que se evaporara el solar para que nadie se acordará de él.

Textos de Jorge Marqueta y Julio Puente.

19.8.23

¿Qué tiene que ver Aragón en la historia de Año Nuevo?

Ahora en todo el Mundo Occidental el año empieza el 1 de enero, pero no siempre ha sido así… 

Todo empezó en Aragón. 

En el marco de las Guerras Púnicas entre las dos grandes potencias del momento, los romanos llegaron a la Península Ibérica (Ampurias) en el 218 a.C. con el fin de cortar los suministros a los cartagineses. Pero, pronto, se internaron hacia el Valle del Ebro. 

No siempre imponiéndose por las armas sino (casi siempre) por medio de acuerdos con los pobladores de ese espacio, los romanos favorecían el comercio, mejoraban las técnicas agrícolas y ganaderas, impulsaban las infraestructuras, pero —eso sí— a cambio del sometimiento y el pago de tributos a Roma. 

Lo que, en ocasiones, fue fuente de conflictos, como el levantamiento de los habitantes de Complega (junto al Moncayo) frente a Roma (180 a.C.).

En esa época, el Valle del río Perejiles era la vía de comunicación natural entre el Valle del Ebro y la Meseta y allí se asentaba la ciudad celtibérica de Ségeda (en torno a la actual Mara, en la Comunidad de Calatayud). 

Ségeda quiere decir “la poderosa”, pues era núcleo urbano clave, siendo la mayor de los pueblos celtíberos y con cierto desarrollo económico y científico (tenía un observatorio astronómico). 

Tal fue su importancia que, con el tratado de Graco (179 a.C.), Roma le concedió la capacidad de ser la primera ciudad celtibérica en acuñar moneda de plata y ejercer un dominio urbano en un amplio territorio a cambio de pagar impuestos y no crear nuevas ciudades en su amplio territorio. 

Con el florecimiento de la ciudad, ésta creció en población, y los segedenses decidieron ampliarla (155 a.C.) y —como cuenta el historiador griego Diodoro Siculo—, “…el Senado romano, desconfiando de su creciente poder, envió emisarios para impedirlo en nombre de los tratados (…). 

Contestó a esto uno de los ancianos llamado Caciro, que los tratados prohibían construir nuevas ciudades, y que ellos no fundaban una ciudad sino que reparaban una ya existente, con lo que nada hacían ni contra los tratados ni contra la común costumbre de todos los Hombres”. Era el mes de diciembre. 

En ese tiempo, el calendario anual se iniciaba el 1 de marzo, el mes que empieza la primavera, el ciclo anual natural. Por eso septiembre se llama así: era el séptimo mes; octubre el octavo, noviembre el noveno y diciembre el décimo. 

Por otro lado, sabían los segedenses que Roma no disponía de suficientes tropas en Iberia para vencerlos y que, para organizar una leva en el Imperio, debían celebrarse elecciones anuales de magistrados, lo cual tenía lugar a principios de año (en marzo), lo que suponía que tenían casi nueve meses (el periodo desde la organización de la leva, organización del ejército, embarcar las tropas, llegar al Valle del Ebro,…) para levantar la muralla y organizar la defensa y, además, la llegada de las tropas romanas coincidiría con el fin del otoño e inicios del crudo invierno de las Sierras Ibéricas, lo que dificultaría la adaptación romana frente a los segedenses. 

La respuesta de Roma fue tan contundente como sorprendente. Rompiendo la tradición, decidieron empezar el año inmediatamente, el 1 de enero, con lo que se adelantaba la elección de magistrados, la organización del ejército y la llegada a Segeda (que sería en torno al verano). 

Nombraron cónsul a Fluvio Nobílior y formaron un ejército consular completo (hasta 30.000 efectivos —dos legiones romanas de 6.000 soldados, otros 6.000 auxiliares itálicos y un cuerpo de caballería de 5.000 jinetes—, el doble de lo habitual en las grandes guerras de la época). 

El historiador Apiano nos cuenta que “…los segedanos, sin dar remate a la construcción de la muralla, huyeron”. Y organizaron una sangrienta emboscada donde los muertos de ambos bandos fueron cercanos a los 20.000. “…estos sucesos tuvieron lugar el día de la procesión a Vulcano (el 23 de agosto). 

Por eso, desde aquel tiempo, ningún general romano quiso comenzar un combate voluntariamente ese día”.
La guerra continuó y los pueblos celtas e íberos de la Península Ibérica fueron sometidos y paulatinamente romanizados. 

Pero esa, es otra historia. 

Jorge Marqueta Escuer.

25.2.22

El gobierno que imaginó a Fernando II de Aragón y manipuló la Historia

Un príncipe de nuestros tiempos, al cual no está bien nombrar, jamás predica otra cosa que paz y lealtad, y en cambio es enemigo acérrimo de una y otra; si él las hubiera observado, muchas veces le habrían quitado la reputación o el Estado. 

...alegando siempre el pretexto de la religión para poder llevar a efecto las mayores hazañas, recurrió a una devota crueldad, expulsando y despojando a los moros de su reino: no puede ser este ejemplo más miserable ni más extraño. 

...y así siempre ha hecho o concertado cosas grandes, las cuales siempre han tenido sorprendidos y admirados los ánimos de sus súbditos, y ocupados en el resultado de las mismas. Estas acciones han nacido de tal modo una de otra, que, entre una y otra nunca ha dado a los hombres espacio para poder urdir algo tranquilamente contra él.

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Estas tres referencias de arriba (la primera generalmente admitida por los historiadores, las otras dos explícitas) de Nicolás Maquiavelo a Fernando II de Aragón, entresacadas de su obra más renombrada, El Príncipe, parecen tener la cualidad de describir también en nuestros días la admirable capacidad que el Rey Católico tuvo durante su vida para, a un tiempo, encandilar y pretextar, engañar y suscitar admiración. 

Fernando II, cual Cid Campeador puesto sobre su caballo después de muerto para vencer las batallas que sus seguidores querían ganar para sí mismos (que ya no para él, que ni sentía ni padecía) sigue siendo colocado a lomos de briosos corceles ideológicos para ganar las batallas, cuando no cruzadas, de nuestros príncipes del siglo XXI.

Consecuentemente con ese afán, los actuales gobiernos de Aragón y de España han organizado una interesante exposición sobre Fernando II de Aragón que, a la vista de las piezas reunidas y de la escrupulosa profesionalidad de los especialistas de la Universidad de Zaragoza encargados de su asesoramiento, no dudamos de que será de una altísima calidad formal. Sin embargo, el título con el que se lanza "El rey que imaginó España y la abrió a Europa" (enunciado al estilo de los títulos de las novelas suecas), lleva la inconfundible marca del político, no la del historiador.

¿Cómo si no es posible aseverar con tal rotundidad que Fernando II "imaginó España" en ausencia de todo fundamento documental mínimamente sólido? 

Más aún: ¿qué entienden los promotores de la exposición por “España” en el contexto del siglo XV? Y, deduciendo de tan sorprendente frase-título, que la España que imaginó Fernando II llegó a materializarse estando él vivo ya que –según se proclama– la "abrió a Europa": ¿de verdad la abrió él? ¿es que estaba "cerrada" a Europa antes de su llegada al trono?

Como apuntaba Maquiavelo (contemporáneo suyo, no lo olvidemos), Fernando II poseía la gran habilidad de llevar a cabo los actos de violencia y deslealtad que entendió necesarios de acuerdo con su propio interés como estadista y, al tiempo, disfrazarlos con los más nobles pronunciamientos y pretextos, salvaguardando con ello su buena reputación. 

Dado que, además, consiguió mantener a todos ocupados con las consecuencias de sus acciones, encadenadas de forma que nadie fuese capaz de reaccionar contra la verdadera naturaleza de éstas, casi podríamos afirmar que quienes concibieron el título de esta exposición nos han obsequiado con la pieza más genuinamente "fernandina" de la muestra, descollando como alumnos aventajados de su "escuela política".

Porque una vez más, utilizando la gran necesidad que tenemos las aragonesas y aragoneses de reivindicarnos frente a tergiversadores pancatalanistas de una Historia que constituye uno de nuestros pilares identitarios, se nos ofrece disfrutar de un cordero de hermosa piel bajo la que aulla sus proclamas un lobo tan voraz de nuestras entrañas como el que nos acecha más allá de la clamor de Almacellas. 

Ambos son lobos, sin duda, y solo la torpe falta de pudor del segundo (más impaciente y conspicuo, nada fernandino) al prescindir de cualquier piel de cordero le hace parecer infinitamente más malo que el que se está merendando nuestra memoria histórica sin que nos enteremos.

Atengámonos a la Historia para aseverar que Fernando II fue un príncipe acuciado por enormes dificultades y que, como niño que se educó (siguiendo la tradición aragonesa) compartiendo plenamente las vicisitudes de gobierno su padre, Juan II, se vio traumáticamente obligado a aprender deprisa y a desarrollar la más descarnada astucia: la que nace del afán de supervivencia en medio de un estado de permanente  vulnerabilidad. 

Su propio nacimiento en Sos se explica porque su madre tuvo que buscar un lugar razonablemente seguro, aunque próximo, siquiera a unos pocos kilómetros de una Navarra cruelmente asolada por la guerra civil en la que su padre Juan II se estaba jugando su suerte y la de su estirpe.

Pero las cosas no harían sino ir a peor para los Trastámara de Aragón. 

La crisis económica que desde la segunda mitad del siglo XIV padecía Cataluña estaba agudizando una grave crisis social. En 1412, la iniciativa de las élites aragonesas había aprovechado la debilidad catalana para conseguir, con el Compromiso de Caspe y el cambio de dinastía, desplazar el centro político de la Corona de Aragón arrebatándoselo a Cataluña y haciendo que retornase al Reino de Aragón, apostar por una diversificación comercial volcada hacia Castilla y el ámbito Atlántico que superase el estancamiento del comercio mediterráneo y sustituir a Inglaterra por Castilla como aliado frente a la cada vez más amenazadora Francia. 

Pero, si en lo económico las cosas habían ido bastante bien para Aragón y Valencia con este estratégico viraje geopolítico, el declive catalán proseguía y acumulaba tensiones equiparables a las de un polvorín que, con la chispa del conflicto navarro, iban a estallar en una guerra civil que duraría diez años (1462-1472) con secuelas posteriores de enfrentamientos en el Rosellón y la Cerdaña entre Aragón y Francia.

La rebelión de una parte de la sociedad catalana, encabezada por su Diputación, llevó a ésta a declarar el destronamiento de Juan II en favor sucesivamente de los reyes de Castilla, Portugal y de la Casa de Anjou. Éstos no dudaron en intervenir militarmente contra Juan II, poniéndole contra las cuerdas y exigiendo un sobreesfuerzo militar y financiero que pesó negativamente sobre la recuperación económica que estaban conociendo los reinos de Aragón y Valencia.

En esos años, Juan II hubo de concertar y romper alianzas alternativamente con castellanos, franceses y borgoñones en función de los vaivenes que dictaban los avatares bélicos; en pocas ocasiones se había encontrado la Corona de Aragón tan atacada por diferentes potencias rivales y tan carente de aliados fiables, con el agravante de que el conflicto se desarrollaba en su propio territorio y amenazaba con la pérdida de Cataluña. 

Una situación angustiosa para la corte aragonesa que, sin duda, marcaría una fuerte impronta en el carácter del joven Fernando, tan vinculado desde su más tierna infancia a la actividad política, diplomática y militar del país. Es muy posible que todo ello marcase su personalidad, inculcándole un vivo anhelo de poder y desarrollando su astucia, su capacidad de disimulo y su implacable acción hacia quienes considerase como amenazas reales o simplemente potenciales.

Así las cosas, Juan II, rey repudiado por una parte de sus súbditos y asediado militarmente por quienes deseaban suplantarle, buscó apoyo en una rama de la familia real castellana (también de la dinastía Trastámara) que conspiraba para hacerse con la Corona de Castilla. 

Ambos grupos de interés se hallaban en una posición de debilidad en sus respectivos Estados que deseaban superar, y Juan II no dudó en tomar la iniciativa para aunar sus fuerzas. La alianza política era indisociable de la circunstancia familiar, y el matrimonio era la forma de establecer esos vínculos fiables que permitían apuntalar los linajes en peligro o con ambiciones y la potestad política que éstos llevaban o podían llevar asociada. 

En ese contexto nació el incierto matrimonio (léase también “alianza político-dinástica”) de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla.

Desde la perspectiva de Juan y Fernando, si este matrimonio (que, recordémoslo, se acordó tras arduas y largas negociaciones) fructificaba, Aragón podía asegurarse reforzar su alianza con Castilla, que se había visto socavada desde el Compromiso de Caspe por el conflicto de los infantes de Aragón y que incluso había puesto a ambos países en guerra en diferentes episodios, siendo el más amenazador el producido con ocasión de la guerra de Cataluña. 

El matrimonio de Fernando con Isabel permitía conjurar el peligro de que Francia y Castilla volviesen a quedar alineadas contra Aragón en un momento en que Inglaterra, que había sido derrotada en la Guerra de los Cien Años, ya no tenía capacidad para actuar en el continente europeo como aliada de Aragón al haber perdido Aquitania. 

Además, y continuando con la nueva apuesta comercial de Aragón, Castilla representaba un mercado cada vez más importante para las exportaciones aragonesas, valencianas y catalanas, así como una vía hacia el cada vez más pujante mercado atlántico.

Para unos estadistas en una posición tan vulnerable como la que ocupaban Juan II y su hijo Fernando (jurado en 1461 como heredero de Aragón y, desde 1468, rey de Sicilia), la alianza matrimonial con Castilla tenía, además de las ya enunciadas, otras ventajas potenciales: Castilla había adquirido unas dimensiones territoriales, demográficas y económicas enormes a lo largo de la Edad Media, pero políticamente era muy débil, permanentemente dividida y en disputa. 

Para un par de hábiles urdidores como Juan y Fernando, Castilla aparecería a sus ojos como una especie de “fortachón” que les podía defender de otros agresores pero al que podían manipular con relativa facilidad en interés propio.

No cabe duda de que la boda con la princesa Isabel de Castilla era para ellos una “inversión de futuro”, a pesar de que el enfrentamiento de ésta con su medio hermano Enrique IV había reducido enormemente sus posibilidades de heredar el trono. 

La habilidad de los Trastámara aragoneses y de sus aliados castellanos y, no lo olvidemos, su buena suerte permitieron que su apuesta rindiese sus beneficios. 

Las cesiones protocolarias (por ejemplo, en el orden de preeminencia heráldica y de los títulos acumulados) hechas en las negociaciones satisfacían el orgullo de los castellanos, pero la diferente potestad regia que los ordenamientos aragonés y castellano reconocían a cada uno de los consortes hacía que Fernando co-reinase en Castilla con Isabel, pero no lo contrario. 

Isabel no era reina de Aragón con todas las potestades de las que gozaba en Castilla, era meramente una reina consorte. 

Esto permitió a los aragoneses, una vez domeñadas las diferentes facciones de poder de Castilla y, aunadas sus energías, aplicándolas de forma prioritaria a la culminación de la reconquista castellana (verdadero “campo de pruebas” de lo que Fernando podía llegar a obtener de su nuevo reino), movilizar los ingentes recursos castellanos para asegurar las fronteras aragonesas, recuperar los territorios perdidos a manos de Francia y consolidar e incluso aumentar sus dominios en Italia y el Mediterráneo.

Para la seguridad e integridad territorial de la Corona de Aragón el beneficio fue inmediato y Aragón y Valencia recuperaron su pulso económico, si bien la Cataluña derrotada y arruinada (especialmente la ciudad de Barcelona) quedó sumida en el estancamiento, sin más ventaja en lo social y -a más largo plazo- en lo económico que la emancipación (previo pago) de los campesinos sometidos a las cargas y malos usos de los señoríos. 

Sin embargo, la capacidad que había adquirido Fernando para fortalecer su posición en el marco del equilibrio de poderes de la constitución pactista de sus estados aragoneses comenzó a socavar los cimientos de éstos, en un proceso que habría de continuar a lo largo de un siglo y medio antes de ser violentamente abolidos en 1707 a pesar del periodo de relativo respeto del que habían vuelto a gozar desde a mediados del siglo XVII.

Efectivamente, los usos de la corte castellana que Fernando trató de trasplantar a Aragón, y que en un principio se limitaron al plano de lo protocolario (por ejemplo, su inaudito empeño en 1472 por entrar en la ciudad de Zaragoza bajo palio ante el estupor de las autoridades), se trasladaron progresivamente al plano de los hechos políticos de calado. 

Sin embargo, su acción desequilibradora del sistema político aragonés no fue tan torpe como para osar atacarlo frontalmente, sino que empleó medios indirectos que se revelaron muy eficaces para cortocircuitar los controles forales frente a las acciones arbitrarias del rey. 

Así, la instauración en 1483 de la “nueva” Inquisición le permitía contar con una verdadera policía secreta que, so pretexto de la ortodoxia religiosa, ejerció un férreo control político e ideológico de la población en todos sus dominios y sustraer sus acciones represivas del sistema de garantías forales. 

Asimismo, en 1487 se apropió del gobierno de la ciudad de Zaragoza que, además de ser un centro de poder decisivo como capital del país y por ejercer un fuerte liderazgo dentro del brazo de las universidades en las Cortes de Aragón, gozaba de un excepcional instrumento de represalia unilateral y desaforada, que la ciudad podía ejercer y ejercía de hecho a su arbitrio cuando se consideraba que sus intereses habían sido perjudicados por terceros: el Privilegio de los Veinte.

Así pues, aun mostrando toda su vida un escrupuloso respeto formal y material de la constitución aragonesa, Fernando II se procuró instrumentos que, amparados por el pretexto religioso de la pureza de la fe o mediante el control del poder de su ciudad capital, le permitieron realizar acciones destinadas a imponerse sobre la foralidad y su sistema de garantías legales, personales y políticas. 

Estas importantes brechas en el edificio político aragonés quedaron abiertas y en manos de sus sucesores Habsburgo, quienes las aprovecharon y ampliaron para someter al país a sus pretensiones absolutistas como emperadores y reyes “modernos”, aspecto tradicionalmente muy celebrado por la historiografía española que desde los tiempos de Menéndez Pidal (1869-1968) se ha dedicado a predicar el carácter “fundador de España" de los Reyes Católicos en apoyo sus ideas políticas, especial aunque no exclusivamente, durante la dictadura franquista, teniendo todavía un sorprendente grado de predicamento en nuestros días.

La nueva filosofía del poder proyectada en los planos político, ideológico, religioso, social y cultural (indisociables en esa época) a través de la Inquisición fue determinante para que los dominios de Isabel y Fernando comenzasen su progresivo cierre a las ideas e innovaciones de Europa

Fernando II fue precisamente el rey que, de haberse podido llamar “España” a ese conjunto de Estados, la cerró a Europa. 

La España o Españas que había antes de la llegada al trono de Fernando habían estado abiertas desde siempre; sus fronteras eran mucho más permeables incluso que las actuales y las gentes y mercancías (solo con excepcionales limitaciones en algunas ocasiones), ideas y modas, las atravesaban más libremente incluso que en nuestros tiempos. 

Sus sucesores habsburgo y borbones no hicieron sino profundizar en esos supuestamente “modernos” instrumentos que fundó Fernando y que condenaron a esa España que algunos políticos interesados afirman que imaginó al subdesarrollo ideológico, científico, tecnológico, ético, moral y económico cuyas consecuencias todavía lastran nuestro progreso y bienestar en el siglo XXI. 

Si la tesis de “imaginar España” merece al menos el beneficio de un debate, la de “haberla abierto a Europa” es tan incompatible con la experiencia histórica que se diría que la ha acuñado un cínico con ánimo de ofender. Pero ese es precisamente otro de los clamorosos silencios de esta exposición organizada por nuestros apologéticos gobernantes: la ausencia de toda referencia a la Inquisición y la expulsión de los judíos. 

Una vez más, la Historia se manipula tanto por acción como por omisión.

Fernando II benefició a la Corona de Castilla en beneficio de la Corona de Aragón (incluso la adscripción de la conquistada Navarra a la Corona de Castilla, por ejemplo, aseguró la implicación castellana en cualquier conflicto con Francia en los Pirineos) y en esa misma lógica favoreció los intercambios y la coordinación entre los distintos Estados de los que era monarca. 

No en vano él desarrolló el sistema de virreinatos y constituyó el Consejo de Aragón para llevar a cabo esa labor desde Castilla, nuevo centro político de este imperio Trastámara. No es de extrañar que las cortes castellanas reunidas en Toledo en 1480 recogiesen en una ley las palabras de los monarcas al proclamar que…

Pues por la gracia de Dios los nuestros Reynos de Castilla y de León y de Aragón son unidos, y tenemos esperanza que por su piedad de aquí en adelante estarán unidos, y permanecerán en una corona Real: E así es razón que todos los naturales de ellos traten y comuniquen en sus tratos y facimientos

¿Se puede colegir de estas palabras y de otros textos de la época de tenor similar (ninguno va más allá del que hemos reproducido arriba) que Fernando “imaginó” España? 

Ningún historiador mínimamente escrupuloso lo sostendría. Nada demuestra que lo que se promueva sea otra cosa que la colaboración de todos para mantener un edificio político compuesto de países distintos cuya única (aunque importantísima) institución común es la jefatura del Estado. 

El propio texto toledano refleja un desideratum de que esa unión dinástica perdure, pero no constituye un acta o instrumento legal de unión o –todavía menos- de fusión en un Estado unitario; ni siquiera se conoce ningún fuero o acto correspondiente que fuese en dicha línea emanado de las cortes generales o privativas de los Estados de la Corona de Aragón. 

Tampoco era la primera unión dinástica intentada a lo largo de la Edad Media entre ambas coronas o con la de Portugal. Si hablamos de “imaginar España” en un sentido político que, normalmente, debería corresponderse con el sentido geográfico que la palabra “España” ha tenido desde los tiempos de los romanos, tendrían tantos o más méritos Alfonso I de Aragón o cualquiera de los reyes leoneses entre los siglos X y XII que Fernando II de Aragón.

De hecho, para los Reyes Católicos España también era una noción esencialmente geográfica. Su unión dinástica y el desarrollo de nuevas instituciones y órganos de coordinación comunes no suponían la construcción de un Estado en la medida en que, por sí mismos, no sustituían a los títulos de soberanía territorial originarios en los que se fundamentaban sus respectivas potestades regias. 

La leyenda que figura en el friso del salón del trono del palacio real de Zaragoza (la Aljafería) realizado en 1491, reproduce la denominación oficial de sus títulos políticos de soberanía: Ferdinandus, Hispaniarum, Siciliae, Corsicae, Balearumque rex significa en castellano "Fernando, rey de las Españas, Sicilia, Córcega y Baleares"

De forma más prolija podríamos expresarlo así: Fernando es el soberano de diferentes reinos y principados de España y, fuera de ese ámbito geográfico concreto de la Europa continental, de los reinos homónimos situados en las islas o archipiélagos de Sicilia, Córcega y Baleares. ¡Allí lo tienen escrito, en el salón del trono del palacio de los Reyes de Aragón que aloja la exposición, salón que han recorrido juntos la Presidenta Rudi, el Rey Felipe VI y sus respectivos equipos de cortesanos del siglo XXI! 

¿Dónde demonios ven todos ellos el sujeto político denominado España cuando el propio Fernando II les ha puesto por escrito delante de sus narices que no era así, que se trataba de otra cosa?

Teniendo en cuenta lo propensos que eran y siguen siendo los hombres y mujeres de Estado a reflejar sus aspiraciones y anhelos en sus proclamas más solemnes y de mayor calado político y propagandístico (y la del friso de la Aljafería lo es: en ella, por ejemplo, Fernando se reafirma como rey de Córcega, isla sobre la que los aragoneses no tenían control efectivo desde 1434, ni volverían a tenerlo jamás), extraña que esa idea que supuestamente imaginó de una única España política no quedase plasmada en la denominación de su título con un inequívoco Rex Hispaniae que, por si sola, no sería una evidencia concluyente de su concepción de un Estado español unitario, pero al menos no contradiría tal posibilidad.

Por si quedase alguna duda sobre las posibles concepciones o ensoñaciones políticas de Fernando, su conducta durante los últimos años de su vida todavía nos ayudará más a poner las cosas en su sitio: la ausencia de un heredero varón que asegurase el mantenimiento de la misma capacidad de control político de su dinastía en las coronas de Castilla y Aragón (en este último las reinas transmiten la corona pero carecen de potestad regia) y la inevitable toma de control político que supuso la entronización en Castilla de Felipe de Habsburgo acabaron desplazando a Fernando como factótum fundamental o eje del edificio político que había creado en colaboración con Isabel de Castilla, viéndose de nuevo desplazado al quedar únicamente como rey de sus Estados patrimoniales de la Corona de Aragón. 

Tras la conquista de Granada Fernando había conseguido el apoyo de la bien engrasada maquinaria de guerra castellana para detener la expansión francesa en Italia (guerra de 1494-1498) e incluso aumentar su dominio territorial en la zona completando la anexión del reino de Nápoles (guerra de 1501-1504) a expensas de Francia y ocupando diversas plazas estratégicas del norte de África. La muerte de Isabel en 1504 y la irrupción de Felipe de Habsburgo (llamado "el Hermoso") apoyado por la nobleza castellana, acabaron excluyendo a Fernando en 1506 del ejercicio efectivo del poder en Castilla. 

Fernando II era consciente de que con la muerte de Isabel, que se produjo en noviembre de 1504, su alianza castellana tocaba a su fin y había que considerar nuevas alternativas para asegurar la posición de la Corona de Aragón en el contexto internacional. 

Así pues, no perdió tiempo en comenzar a negociar una alianza con Francia que pudiese restablecer el equilibrio de fuerzas ante la inminente ruptura de la alianza con Castilla. Para descartar la posibilidad de que se produjese una sucesión castellano-habsburguesa para el trono de Aragón y consolidar su relación con su nuevo aliado concertó su matrimonio con la princesa Germana de Foix, con la que buscó afanosamente tener un descendiente privativo de la Corona de Aragón. 

Asimismo, se aseguró con rapidez el pleno control aragonés sobre Nápoles destituyendo a Gonzalo Fernández de Córdoba como virrey y jefe del ejército allí desplegado el cual, muy airado y herido en su orgullo, se despachó con una furibunda invectiva contra el "desagradecido" rey aragonés. 

La farsa de las “Cuentas del Gran Capitán” es toda una bravata que ha hecho las delicias del militarismo españolista y antiaragonés, pero su verdadera significación radica en poner de relieve la enorme desconfianza de Fernando hacia Castilla y el riesgo de que en un golpe de mano ésta llegase a apropiarse de las conquistas italianas. 

Los acontecimientos posteriores jalonan claramente la deriva rupturista entre Fernando y Castilla: en octubre de 1505 (no había transcurrido ni un año desde la muerte de Isabel I) ya estaba casado Fernando con Germana de Foix, y en los meses posteriores Felipe el Hermoso, con el apoyo de la nobleza castellana (los poderes urbanos, sin embargo, apoyaban a Fernando), provocaron la renuncia de Fernando al gobierno de Castilla y su retirada a Aragón. Como vemos, Fernando actuó de una forma que descarta claramente la existencia de toda idea o "imaginación de España" en su acción política. Sin renunciar en todo lo posible a influir en la política castellana, Fernando ya no se parece a un “rey español” sino que se vuelve a mostrar ante nuestros ojos el astuto rey aragonés (con pretensiones absolutistas y personalistas) que, a pesar de las apariencias, nunca dejó de ser.

La alianza matrimonial y política entre las ramas aragonesa y castellana de los Trastámara era ante todo eso: un imperio trastámara que solo habría de durar mientras fuese útil para los fines diferenciados de sus creadores. 

Su finalidad esencial fue la de movilizar los recursos combinados de Aragón y Castilla en beneficio propio y, de perdurar, en beneficio del príncipe de sexo masculino que hubiese de suceder a Fernando e Isabel. 

Para Fernando, en ausencia de sucesor apropiado para mantener este esquema dinástico, la alianza debería romperse para no hacer peligrar de nuevo la seguridad e integridad de sus posesiones patrimoniales, que eran las de la Corona de Aragón, si se convertía en un mero satélite de la Corona de Castilla, como acabó sucediendo a causa de su fracaso en el intento de separar ambas coronas al final de su vida.

Acompañado como había estado siempre por la fortuna, ésta le abandonó en ese último objetivo político de su vida y, como consecuencia de ello, confirmando de nuevo su aguda inteligencia como hombre de Estado para prever los acontecimientos futuros, Aragón cayó bajo el control de la nueva dinastía imperial y castellanocentrista que profundizó progresiva e inexorablemente en el proceso de asimilación que, solo por la fuerza de las armas y la imposición alumbró, dos siglos después de la muerte de Fernando, el Estado unitario al que se ha dado en llamar España.

Miguel Martínez Tomey

Nota.: Este texto se publicó inicialmente en este mismo blog en el año 2015



26.9.21

El sol del membrillo en Aragón

Vuelta a los colegios e institutos, a las extraescolares con otros aforos, a la actividad casi total sin que se vislumbre que a final de octubre suframos una orden de confinamiento municipal o provincial como la del año pasado.

Los aragoneses volveremos a disfrutar del sol y fruta del verdadero verano, que son los veranillos superadas las primeras aguas y cierzos, necesarios para que haya tempero y sembrar colza y ordio.

De volver a los bosques en octubre a hacer momiji –en Japón se trata de salir para disfrutar de las hojas doradas y rojas hasta cuando se caigan-, cazar setas y comerlas en revuelto o simplemente fritas en mezcla de aceite y mantequilla de Soria las más nobles. O asadas brevemente con sarmientos y rematadas con sal gorda y aceites del Somontano.

Salvadas las viñas y carrascas truferas de un verano bastante seco por tormentas o riego, es tiempo de que maduren las tuber y se coseche, como ya se está haciendo, el fundamento de otra añada con buenas expectativas.

Verano de record de ocupación en la montaña por turismo interior y veraneantes con raíces en los lugares, cada mochuelo familiar ha vuelto a su olivo de extraescolares, ocupación permanente y llevar del ramal a los zagales y devolución del territorio, para lo que empieza a ser crucial el cierre de las piscinas en todo pueblo que las tenga. Y del bar para pegar la hebra los padres en tranquilidad.

Se avecina la ocupación de los montes por cazadores del país o arrendatarios y por el personal que se vaya a dar baños de bosque con final feliz de comerse una lasca de pan con aceite, ajo y sal a la brasa de bar o segunda residencia. En esta ocasión esa vida se mantendrá y la hostelería que en ella se fundamenta, camino de la temporada de nieve y Candanchú.

Mi época preferida del año con la floración la refleja la paciencia en la maestría de Antonio López, tanto como la de Víctor Erice, tamizando la luz necesaria para avanzar a pocas pinceladas diarias su cuadro denominado: “El sol del membrillo”. Ejecutado verso a verso durante años, esperando esa luz brillante pero más pastel del tiempo que nos ocupa.

Que es más un tiempo de silencio, de pérdida de prisa en la vida no urbana, de despejarse de la pesadilla de verlo todo lleno sin más… Siempre os quedarán las tirolinas.

14.09 Luis Iribarren

15.9.21

El 57. El Barrio Jesús de Zaragoza en el 57


57

Fue por confesión propia el número récord de alumnos que llegó a tener en clase el profesor de matemáticas y fraile, Santiago Serrano. Impartía en el Colegio concertado con el peor plinton del mundo de Franciscanos Barrio Jesús. De esas ratios vinieron ciertos lodos, los de los alumnos listos y sagaces criados por ellos y rematados por la vida.

57

Fueron las horas que nos dedicaron cada fin de semana, organizando un salón de juegos y torneos de fútbol sala que son efímeros, como todo lo es. Pero fueron actividades donde no parábamos de reírnos (y en que no pensábamos más que en maldades, también).

57

Eran los días de verano que me pasaba en mi pueblo con mis abuelos analfabetos. Deprimido singular sin diagnosticar cada septiembre cuando me daba la hostia de tener que volver a ver a mis colegas de ribazo y cigarro Kruger. Como tengo esa sensibilidad, llamadme loco pero es una cosa que aún percibo que pasa cuando se echa el cierre a la última piscina del último pueblo de Gúdar o Sobrarbe.

57

Eran las vueltas que daba el compañero y amigo aún hoy del primero, este sí que es Padre y se llama Ramón María Cobo, en el campo de fútbol de piedras sin allanar y charco del copón en medio, descalzo. En invierno salía de la niebla con su calva rodeada por un aura de vapor y fósforo. Hoy de todo eso no quedan ni los “mistos”: bueno, sí, una piscina privada con tres pisos con cristaleras que terminarán en verano pa que nos vean desde enfrente.

57

Eran las palmeras de la camisa que llevaba el otro día el padre Cobo cuando nos reunimos con él 5,7 de sus antiguos alumnos: una hawaiana canaria en azul y amarillo pío pío que equivale al número de misas que tiene que seguir dando al mes en Las Palmas: Para esa parroquianos más devotos que en la Zaragoza o Valencia donde ha pasado su vida y que anuncian América, teología de la liberación y al Papa Francisco (con mojo). Estamos seguros de que le habrán recibido como el santo advenimiento y le quieren como si fuera un Vinicius junior de la vida. Cuando llegó sin conocer a nadie.

57

Hechos de los Apóstoles, 7: 57, Martirio de Esteban: “Entonces ellos gritaron a gran voz, y tapándose los oídos arremetieron a una contra él.”

57

Seguramente serían los tapones de corcho de muestra que el padre del padre Cobo debió tener en su casa de Mérida, cuando le nombraron algo así como gerente de la fábrica de la época para transformar y vender con destino Burdeos y Borgoña las capas de epidermis de los alcornoques de la sierra de San Pedro, cercana al puente de Alcántara. Tras 48 de relación, el otro día le empecé a preguntar por su vida, ya veis. Quiero decir, la que no conozco siempre al servicio de los demás.

57

Son los pases que pueden dar sin que los otros huelan la bola los jugadores canarios Pedri y Yéeeeeremi Pino (nombre anabaptista donde los hubo), de los que el padre Ramón se ha hecho fan. Siempre mudando la piel como él sólo sabe por su capacidad de sentir y escuchar, más que de oír y cuidar a sus feligreses. Lo último lo logra por consecuencia.

57

Segundos tenían que inspirar aire para, tanto ellos como otros: el barcelonés padre Juan María Domenech, el valenciano Fermín Gregori, el bilbilitano Andrés de las Heras, el ciudadano del mundo Alberto Carmona, tener que aguantar el chorreo que les caía cada mañana sin mayores percances, que no los hubo. El coqueto último padre sigue estando a sus provectos 90 en perfecto estado de revista y contaba en su ropero con más camisas de colores que un muestrario o película de Almodóvar, no sé si 57 pero lo parecía.

57

Y ayer lo medí, son los pasos largos entre el solar del difunto colegio franciscano del Camino del Vado y aquel Puente de Hierro abarrotado de autobuses y coches. De tres carriles, como el de piedra y barandillas pafuera o dobladas por caída, entonces gris contaminación y uniforme de madero y hoy desconchado de los colores que le enjaretaron por votación popular, los del Real Zaragoza. A la izquierda estaba Pikolín First pero se demolió tras reclasificación: no por un outlet sino para que Castillo levantara dos edificios blancos premiados, con planta de buque. El muestrario del colchonero recuerdo que tenía más de 50 modelos.

57

Y más son los errores cometidos por cualquier grupo u organización humana que obligue a sus componentes a decisiones en cumplimiento de votos como el de obediencia, el de pobreza o el de castidad que arrasen con vuestras propias vidas.

57

El año 57 lo cambió todo y empezó a correr el dinero, se dice en Berdún. Los pastores ya emigraban a América en avión hasta las Vegas y les esperaba una de esas camionetas Ford F-100 que convierten en submarinos nucleares en Gas Monkey Garaje, sita en esa otra Zaragoza que es la tejana Dallas.

57 + 9 o 10

Quien esto suscribe y el grupo de especialistas en todos los alambres que educaron estos increíbles sujetos (y luego curas o casi) nacimos unos 10 años más tarde y hemos pasado del neolítico al otro neolítico (el que depende de pilas y de que no se agote el litio, elemento químico no usado por los escultores que conmueven y que en este país cambiamos por un buen pedrusco de alabastro).

Otros tendréis otros números, ahora testaréis menos por ley en clase aunque vuestros padres y, ya les hubiera gustado a vuestros abuelos, sí se acuerdan del 57 y aún más del 64, la cara de tu retrato. Al 69 llegamos tarde aunque todo se arregló después, no digamos ellos que hacían el amor con la mirada en pasodobles y que corra el aire.

Pero la mía y la de muchos es una historia ligada a este número. Ni mágico ni no, el nuestro.

14.09 Luis Iribarren

Nota.: Hay un vecino del Barrio Jesús, muy implicado y conocedor de su historia que nos hace llegar la indicación de que "Andrés de la Hera" era realmente "Andrés Lahera" y para que conste lo dejamos anotado. Es un texto poético y de recuerdos del autor, y por ello no es complemente exacto. Hemos preferido mantener su propio recuerdo, pero indicando el error.