28.9.26

Zaragoza en el año 1890

Zaragoza 1890

No es una fotografía que se hizo en su momento como la vemos aquí, en el año 1890 y con estos mismos colores que nos hemos inventado. 

No podemos saber si realmente las mujeres aguadoras vestían con esos colores en sus telas. Aunque tampoco serían muy distintas. Pero sí sabemos que la Samaritana y la Lonja de Zaragoza eran más o menos como las vemos en esta fotografía restaurada.

Hay siete personas, y la que menos se nota es un guardia urbano que aparece casi de tapadillo en la imagen. Cosas de aquellos años, casi 140 años ya de aquellos. Ni los tataranieto de estos zaragozanos, viven ya.,

27.9.26

Ruinas del convento de San Lázaro en Zaragoza


Hoy ya no queda nada, casi ni las ruinas escondidas debajo del asfalto y un Centro de Interpretación cerrado y mal acondicionado. Pero toda esta zona de Zaragoza, la de la entrada al Arrabal, al Rabal, con San Lázaro, el Monasterio de Jesús, tuvo mucha historia que no hemos sabido conservar bien.

En la imagen las ruinas del Convento de San Lázaro en el año 1916, antes de que se construyera allí con partes de este edificio un cuartel militar de donde partían los soldados de cupo hacia la cercana Estación del Norte.

23.9.26

Zaragoza contra Aragón. ¿Para qué sirve?

Seguimos asentados con la triste sensación de "Zaragoza contra Aragón" que lleva décadas sobre todo en lo que podríamos llamar Territorio como un mantra no sé si equivocado pero si como una enfermedad social compleja, y que posiblemente no lo nota o lo siente as, el ciudadano de la capital.

Es verdad que una Región o Autonomía tan enorme como Aragón, en donde el 50% viva en una sola ciudad es un problema si no se trata bien, incluso si no se sabe explicar bien y de forma correcta y similar entre las escuelas de toda la sociedad aragonesa. Pero a su vez, da la sensación de que Aragón sin Zaragoza todavía sería menos. Política y económicamente menos respetada en la España que ningunea a los territorios de su interior.

Esta sensación cuando menos, afecta a las relaciones y siempre hay dudas de si también afecta a la calidad de vida económica y de servicios, si no se debería hacer mejor, de otra manera, para que la vertebración de Aragón fuera otra.

Una ciudad real no termina donde acaba su ayuntamiento. La gente vive en un municipio, trabaja en otro, compra en otro y utiliza carreteras, hospitales, universidades, polígonos y transportes repartidos por todo el territorio. Y en Aragón, muchas veces, está censada en donde quiere censarse, que no es en donde vive.

Si cada administración piensa exclusivamente en su propio término municipal, aparecen duplicaciones de infraestructuras, competencia por atraer empresas y población, redes de transporte mal coordinadas, planificación urbanística contradictoria y dificultades para realizar grandes inversiones comunes. La OCDE considera por eso que las áreas funcionales —dónde vive y trabaja realmente la población— son más importantes económicamente que muchas fronteras administrativas históricas. Y a veces los censos tienen una importancia muy relativa.

El problema comienza cuando esa identidad territorial condiciona dónde se pone una infraestructura, o impide compartir servicios, y sobre todo si provoca que una inversión se rechace porque beneficia demasiado a la capital o, en sentido contrario, hace que la capital ignore sistemáticamente las necesidades periféricas y se le niegue el crecimiento pensando que ya es excesivo.

Normalmente nadie obliga a una persona de Calamocha, Alcañiz, Jaca o Ejea a trasladarse a Zaragoza. Pero tampoco es una elección realizada en un vacío: si la universidad, determinados empleos, hospitales especializados, empresas, ocio y posibilidades profesionales se concentran en un punto, ese punto ejerce una fuerza de atracción muy poderosa. La OCDE denomina a buena parte de esto: economías de aglomeración.

Una metrópoli fuerte puede generar actividad hacia su entorno; pero para que ocurra hacen falta buenas conexiones y políticas territoriales que permitan que esos beneficios se difundan. Y aquí aparece una cuestión que conecta mucho con nuestro problema si no se gestiona bien: una gran capital regional puede ser simultáneamente un problema territorial, en la similar realidad de que es uno de los principales activos del territorio. No existe contradicción económica entre ambas cosas. El problema aparece cuando las conexiones entre capital y territorio son débiles o cuando el crecimiento urbano y el territorio funcionan como mundos separados.

Una Zaragoza muy potente puede atraer población y actividad desde otras partes de Aragón o del mundo, contribuyendo indirectamente a la despoblación de su Autonomía. Pero esa misma Zaragoza proporciona a Aragón un mercado grande, universidad, hospitales de alta especialización, conexiones logísticas, servicios empresariales, capacidad administrativa y una dimensión urbana que una región de 1,37 millones de habitantes repartidos únicamente entre pequeñas ciudades y pueblos no tendría. Y un respeto mayor desde la España que abandona a su interior de forma sistemática, excepto Madrid.

Pero la combinación aragonesa es bastante poco frecuente en Europa. Hablamos de una región muy extensa, de baja densidad poblacional, con una sola ciudad (una sola) que concentra aproximadamente la mitad de toda la población regional y, además, una parte todavía mayor de la universidad, la administración, los servicios especializados y determinados empleos.

Pero el problema de una región muy despoblada como Aragón no consiste necesariamente en tener una capital como Zaragoza demasiado fuerte; podría consistir en no conseguir que la fortaleza de esa capital se transmita suficientemente al resto del territorio.

El caso sueco de Västerbotten–Umeå, en el norte de Suecia, es probablemente el parecido demográfico más similar en Europa al caso Zaragoza contra Aragón, pues se desmonta con facilidad una explicación demasiado sencilla de «Umeå vacía Västerbotten», igual que resultaría simplificador decir «Zaragoza vacía Aragón». Pero no es sencillo encontrar en Europa algo similar a nuestra sensación persistente de un gran territorio muy poco poblado contra su capital que tampoco es una ciudad muy grande.

En Francia existe desde hace décadas el problema de la extraordinaria concentración parisina. La expresión clásica Paris et le désert français nació precisamente para describir una Francia en la que París concentraba población, instituciones, empleo cualificado y capacidad de decisión.

En los países de la OCDE, la tendencia general durante décadas ha sido que la población se concentre en ciudades y áreas metropolitanas. Quienes cambian de región lo hacen mayoritariamente hacia áreas metropolitanas buscando empleo, estudios, mayores ingresos o determinados servicios y oportunidades.

Vamos a ver (buscar el gráfico abajo del todo) algunos datos oficiales para intentar entender mejor si existen razones o razón, para ese Zaragoza contra Aragón.

Hay un primer resultado interesante: en empleo y empresas, el peso de la provincia de Zaragoza es prácticamente proporcional a su peso demográfico. Tiene el 73,2 % de los habitantes, el 72,8 % de las afiliaciones y el 71,4 % de las empresas. Donde sí sobresale claramente es en exportación, con aproximadamente el 80 % por la lógica de que las empresas grandes que son las que más exportan se concentran en zonas muy pobladas.

Eso no parece compatible con una explicación sencilla del tipo «Zaragoza acapara toda la actividad que correspondería a los demás». Una buena parte de su enorme peso económico deriva simplemente de que allí reside una proporción enorme de los aragoneses.

Ahora bien, la ciudad sí produce un fuerte efecto de concentración. La propia documentación territorial del Gobierno de Aragón utiliza expresamente la palabra «macrocefalia» para describir una comunidad en la que Zaragoza municipio concentra el 51,22 % de la población y en la que falta una red suficientemente potente de ciudades intermedias. Y ese es a mi parecer el gran problema de Aragón. NO HAY CIUDADES INTERMEDIAS.

Parte de lo generado en Zaragoza no queda en Zaragoza. Los impuestos autonómicos y la participación aragonesa en grandes impuestos estatales entran en la Hacienda de la Comunidad y financian el conjunto del presupuesto aragonés; no existe una caja fiscal del municipio de Zaragoza que retenga, por ejemplo, el IRPF o el IVA generado allí. Aragón participa, entre otros, en el 50 % del IRPF y del IVA cedidos según el sistema de financiación.

Además, existen mecanismos que deliberadamente gastan más o conceden ventajas específicas fuera de los grandes centros urbanos. La Ley aragonesa de Dinamización del Medio Rural creó un régimen especial de fiscalidad diferenciada para asentamientos con alto o extremo riesgo de despoblación, incluyendo beneficios en IRPF y otros tributos.

El Fondo de Cohesión Territorial declara expresamente que dirige recursos hacia municipios con mayores dificultades demográficas y menores niveles de desarrollo. Y el FITE constituye un caso aún más evidente: es financiación específicamente reservada para corregir desequilibrios de la provincia de Teruel; el convenio correspondiente a 2025 alcanzó 73 millones de euros. El sistema institucional aragonés reconoce en realidad dos costes diferentes: el coste de la dispersión y la despoblación, y el coste de la concentración y la capitalidad.

¿Es suficiente? Pues NO. Las diferencias de tamaño son tan tremendas, que resulta imposible hacer suficiente discriminación positiva (se hace) desde Zaragoza al resto de Aragón para revertir las realidades. O se hace desde Madrid, desde el Estado, o es imposible cambiar esta deriva. Pensar en hacerlo solo desde Zaragoza ciudad supondría empobrecer Zaragoza y con ello Aragón, a costa de otros territorios vecinos que sí saben cuidar sus polos de crecimiento económico.

Una Zaragoza disminuida sería un enorme éxito para ciudades interiores del entorno como Logroño, Pamplona o Lérida. En estos momentos, Zaragoza es con gran diferencia, la ciudad interior de España con más proyección económica y mayor tamaño. No cuento aquí a Sevilla, pues no es posible decir que sea una ciudad del interior aunque no tenga salida directa al mar.

Un gran hospital, una universidad muy especializada, un centro de investigación o determinados servicios administrativos tienen economías de escala. Situarlos todos en cada comarca sería imposible. Zaragoza proporciona al conjunto de Aragón servicios que de otro modo probablemente no existirían con esa dimensión. Pero para quien vive a 150 kilómetros, que el servicio sea «de todos los aragoneses» no elimina el coste de desplazarse hasta Zaragoza.

El caso reciente de la radioterapia en Huesca es casi un experimento perfecto. Hasta 2024 muchos pacientes dependían de Zaragoza. La creación de una unidad satélite en el Hospital San Jorge permitió tratar ya a más de 1.000 personas y, según el Gobierno de Aragón, evitar aproximadamente 2,7 millones de kilómetros de desplazamientos. La unidad continúa vinculada técnicamente a los grandes hospitales zaragozanos.

Sobre mi pregunta central —«¿Pierde Aragón cuando crece Zaragoza?»—, la investigación económica dice que pueden producirse simultáneamente dos efectos.

Está el efecto de arrastre: una ciudad grande crea mercados, proveedores, investigación, servicios avanzados, conexiones, empleo cualificado e innovación que pueden difundirse hacia el territorio. La OCDE encuentra efectos positivos de las ciudades sobre regiones rurales próximas y señala que la proximidad y las conexiones permiten a territorios pequeños «tomar prestadas» economías de aglomeración.

Pero existe también el efecto inverso, denominado habitualmente backwash: la ciudad atrae jóvenes, titulados, empresas, inversión y servicios que antes estaban distribuidos. La OCDE advierte precisamente de que los beneficios de las grandes ciudades no se difunden automáticamente y que las regiones rurales remotas tienen muchas más dificultades para aprovecharlos.

Que Zaragoza gane 50.000 habitantes en estos años no permite por sí solo decir si Aragón ha ganado o perdido. Depende de dónde procedan esas personas, qué actividad económica crean o abandonan y cuántas de las funciones generadas por el crecimiento de Zaragoza pueda utilizar el resto de Aragón.

¿Se reparte menos de lo que debería? Esto es un criterio político que los datos solos no resuelven. «Lo que debería» puede significar igual gasto por habitante y sería equivocado eso, nos tendríamos que mover más en igual acceso a los servicios, compensación de los mayores costes rurales o maximización del crecimiento económico. Cada criterio produce un reparto diferente.

No es sencillo encontrar un fundamento estadístico para describir la relación simplemente como una Zaragoza que extrae riqueza de Aragón y se la queda. Y tampoco existe fundamento para suponer que todo crecimiento de Zaragoza se reparte automáticamente y de forma positiva por Aragón.

Zaragoza constituye una enorme máquina de concentración de población, servicios y actividad económica y, al mismo tiempo, es probablemente el principal nodo desde el que Aragón obtiene economías de escala, especialización, exportación y capacidad de competir exteriormente o de ser tenida en cuenta en el Estado.

La cuestión territorial relevante no es tanto cuánto habría que "quitar a Zaragoza para dárselo a Aragón", sino qué parte de las ventajas producidas por esa concentración consigue llegar efectivamente a Huesca, Teruel y al Aragón rural, y qué territorios quedan fuera de ese radio de difusión.

Durante años he escrito aquí sobre la importancia de vertebrar Aragón a base de lograr crecimientos de unas pocas poblaciones para levantarlas hacia al menos los 5.000 habitantes, que puedo asegurar es una cifra casi ridícula. Pero sería el primer paso. Sin lograr que aumente la población de esas 27 localidades que hoy en Aragón tienen más de 5.000 habitantes y menos de 50.000, todo lo demás sobra analizarlo.

En realidad, son menos de esas 27 localidades, pues hay varias que dependen directamente de Zaragoza ciudad. Son satélites de la capital en sus actividades económicas.

Calatayud, Ejea, Tarazona, Caspe, La Almunia, Tauste, Alagón (con dudas), La Muela, Borja, Fuentes (con dudas), Monzón, Barbastro, Fraga, Jaca, Binefar, Sabiñánigo, Sariñena, Tamarite, Graus, Alcañiz, Andorra, Calamocha y Utrillas serían las localidades sobre las que se debería actuar con especial dedicación. Son 23 ciudades que no dependen de Zaragoza y que deben crecer casi con urgencia. De ellas 14 no llegan a los 10.000 habitantes.

Julio Puente


Datos de Aragón y Zaragoza




8.9.26

Nota Aclaratoria de estos blog


Esta ventana que lees no es una única ventana sino el inicio de otra más actualizada que ya comenzó en el año 2016 y titulada "Es Zaragoza" , y que puedes consultar pinchando.

La que lees ahora es un espacio que llamé: "Zaragoza y sus Historias" y que nació en el año 2010 y que se actualiza de forma diferente al otro espacio. 

Cabe la pregunta básica. ¿Y para qué puñetas hice un nuevo blog cuando ya funcionaba el otro? Cosas que se hacen y que luego resulta complejo explicar. Pero en su momento tuvo su sentido.

Son ya 9.000 entradas en este 2026 entre ambos lugares, y casi cinco millones de visualizaciones entre ambos. Mucho trabajo, mucha madera, y también mucha paja.

Ambos son míos y de todos, ambos son sin ningún ánimo de lucro y en ambos han ido interviniendo e intervienen diversos colaboradores que me aportan sus textos también de forma gratuita. 

No sé hasta qué punto temporal durará todo esto, pero lo cierto es que ya contienen entre ambos un gran número de textos y de imágenes históricas de Zaragoza.

Sobre las imágenes sí debe añadir algo. Todas ellas son fruto de muchas décadas recopilando imágenes antiguas desde diversos espacios y hemerotecas repartidas por casi todo el mundo. Fastidia mucho encontrar un plano histórico de más calidad en los EEUU que en Aragón, pero es lo que hay y punto. En los últimos meses de 2026, en algunas de ellas, empecé a utilizar la IA para mejorarlas, pero todas han sido retocadas por mi antes de ser publicadas, para intentar conseguir el máximo detalle. 

Como son imágenes antiguas ya publicadas, todas ellas están dispersas por muchos espacios digitales. No suelo poner el origen, pues en realidad soy de los que piensan que son de TODOS y no solo de un archivo. 

Me he encontrado imágenes mejores que las que ya tenía publicadas con una dirección de origen, y eso me hace dudar. Y tristemente, a veces, encuentro imágenes mejores en archivos fuera de Aragón, incluso fuera de España o en América.

Intento conservar la mayor calidad, dentro de un tamaño pequeño para poder ser publicadas.

Gracias por leerme, y si hay algo que no te gusta, que crees que es copia de algún archivo, házmelo saber, pues intentaremos adivinar en donde está el error y si así fuera, sería retirado. Y a la vez, estoy encantado de recibir correcciones, ampliaciones, etc. 

Esto, lo insisto, es de todos, es educativo y pedagógico, no es con ningún ánimo de lucro, y solo busca que no se pierden de la memoria algunos detalles de nuestra historia.

7.9.26

Historia del Restaurante de Rosa Fortis de Zaragoza

Plaza San Felipe Zaragoza

RESUMEN.: El Gran Restaurante de Rosa Fortis, anunciado como fundado en 1850, fue uno de los primeros restaurantes modernos de Zaragoza. Vinculado a una familia hostelera piamontesa establecida en la ciudad desde al menos 1843, pasó de la antigua calle San Gil, donde aparece documentado en 1860-1861 en el número 84, a Don Jaime I, 25 tras la profunda reforma y renumeración urbana de esos años.

Hacia 1880 era considerado uno de los establecimientos culinarios más importantes de Zaragoza. Ofrecía cocina francesa, vinos españoles y extranjeros, ostras, pescados, aves, asados, confitería y pastelería, además de comidas por encargo. Contaba con amplios comedores decorados, iluminación de gas y personal español e italiano. Rosa Fortis aparece entonces como responsable y anfitriona del negocio. Los cubiertos costaban desde seis reales, aunque su clientela parece haber sido principalmente burguesa y acomodada.


Si quieres el texto completo LÉELO AQUÍ, PINCHANDO.

2.9.26

La Zaragoza de 1781 en su zona oeste. Casablanca hasta la Romareda

Zaragoza plano 1781


El Término de la Almotilla en Zaragoza ocupaba más o menos la zona del actual barrio de Casablanca, Romareda y casi hasta las Delicias y Ciudad Jardín desde el Canal Imperial por la zona de Valdefierro y Oliver.

Os dejo un plano de la Zaragoza de 1781, para ver la distribución de esta zona del oeste zaragozano, hace más de dos siglos, desde la zona de la Romareda con su acequia hasta la zona de la carretera de Madrid.

El término de la Almotilla era un antiguo término agrícola y de riego situado al sudoeste de Zaragoza, en la cuenca del Huerva. No era un núcleo de población ni un “barrio” en el sentido actual, sino una demarcación de huertas y campos regados por la acequia de la Almotilla.

Su localización puede precisarse bastante bien. El núcleo del término estaba en la margen izquierda —occidental— del río Huerva, aproximadamente por la zona que hoy identificamos con Casablanca y los terrenos situados al sur y sudoeste de ella. Hay fincas documentadas en el término de Almotilla que lindaban directamente con el río Huerva, divididas en las antiguas adulas del Domingo, Martes, Viernes, etc.

Un plano de 1785 representa el Camino de la Almotilla y la acequia; desde el entorno de las esclusas de Casablanca, el trazado se internaba hacia el oeste por terrenos que hoy corresponden aproximadamente a Montecanal y Rosales del Canal, en dirección al antiguo acampo de Casellas. Parte del antiguo camino acabaría correspondiendo con la actual Vía Ibérica.

La propia acequia ha seguido existiendo, aunque hoy buena parte de su recorrido esté modificado, soterrado o absorbido por la urbanización; el Ayuntamiento la sitúa todavía en el entorno de Gómez Laguna, Casablanca y Valdespartera.

Durante los años 1785-1786 la documentación de la Real Audiencia habla expresamente de las Juntas de los términos de Romareda, Almotilla y Miralbueno, en relación con la incorporación de sus riegos al recién construido Canal Imperial.