24.6.26

Restos de San Lázaro en Zaragoza


Este es el subsuelo zaragozano, lleno de historia, de recuerdos, de restos de edificios de la Zaragoza histórica. Esta Zaragoza no nos pertenece, no es nuestra, es de todos, también de los que todavía no han nacido. Nosotros solo tenemos que conservarla.

Son los restos de San Lázaro, de calles, edificios, zonas de interés histórico, algunas se han conservado para poderse visitar, pero otras quedaron otra vez enterradas para posteriores generaciones.

El origen del conjunto de San Lázaro es algo más complejo de lo que parece, porque primero existió un hospital o leprosería, y después se estableció el convento mercedario que hoy se conoce mejor y del que muy posiblemente sean los restos que vemos en la imagen.

El Real Convento Hospital de San Lázaro comenzó a levantarse en las afueras de Zaragoza, cruzando el río Ebro, en 1224, apenas unos años después de la fundación de la Orden de la Merced. Según las fuentes históricas, fue fundado por orden real y bajo el patrocinio de Jaime I el Conquistador, convirtiéndose en una de las principales instituciones asistenciales de la Zaragoza medieval.

Pero ese mismo lugar ya tenía una función sanitaria anterior. Allí existía una leprosería o lazareto, situada extramuros de la ciudad, junto al Puente de Piedra y al camino de entrada desde el norte. La elección de este emplazamiento no era casual: en la Edad Media los enfermos de lepra solían mantenerse fuera del recinto urbano. La Orden de la Merced asumió posteriormente la atención de estos enfermos y desarrolló el convento alrededor de esa función asistencial.

Con el paso de los siglos el convento fue creciendo hasta convertirse en uno de los establecimientos religiosos más importantes de Zaragoza desde el Arrabal. A finales del siglo XVII disponía de una gran iglesia de cruz latina, varios claustros, biblioteca, dependencias hospitalarias y el famoso Claustro del Pozo de San Lázaro, cuya agua gozaba de gran fama en Zaragoza.

Un detalle curioso que suele pasar desapercibido es que el edificio que hoy vemos en las excavaciones no corresponde íntegramente al convento original de 1224. A lo largo de casi seis siglos sufrió ampliaciones, reformas y reconstrucciones, especialmente las importantes obras realizadas entre 1674 y 1677, que modificaron notablemente su aspecto medieval.

Además, durante los Sitios de Zaragoza (1808-1809) quedó prácticamente arrasado al convertirse en una pieza clave para la defensa del Puente de Piedra. Lo que hoy se conserva son restos arqueológicos de las distintas fases de esa larga historia de un espacio muy importante para la historia de Zaragoza.