2.2.17

¿Son demócratas o son nuevos caudillos?

De repente surgen cabecillas que olvidan qué es el Estado de Derecho o la democracia y sus mecanismos legítimos. En su hiperpresidencialismo anteponen su liderazgo a la soberanía, no siempre de aquellos a quienes representan, aunque les lleven a la catástrofe.  Casos como el del magnate-presidente Trump, capaz de llevarse todo por delante sin importar a quién ni cuántos, es el ejemplo más feroz de ese peligro.

Al gobierno israelita poco o nada le importa la denuncia de la ONU por su continua ocupación del estado palestino. En su total autoritarismo el gobierno socialdemócrata rumano se salta leyes por la brava, creando un precedente al despenalizar delitos de corrupción en un estado donde el sueldo medio es de 460 euros. El interés y protagonismo de Theresa May al querer activar cuanto antes la salida de la Unión Europea, está creando temor ante lo que pudiera ser el principio del desmembramiento de la Comunidad Europea.

Situación similar, pero esta más cercana,  la de Puigdemont y su gobierno en su intento secesionista, legalidades aparte, está por hacer de Cataluña un estado independiente. En su demagogia trasnochada, estos nuevos caudillos del siglo XXI y otros muchos, bajo sus discursos en su lenguaje político ya diseñado, para que las mentiras parezcan verdades, construyen la realidad a su manera.

Engañan (porque nos dejamos engañar) y esconden su incapacidad de crear un mundo mejor, socialmente igual y totalmente libre. Pero la culpa es de todos. De quienes engañan y de quienes se dejan engañar.

Dijo Leonardo da Vinci: “Huye de los preceptos de los especuladores cuyas razones no estén confirmadas por la experiencia”.

Daniel Gallardo Marin
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