26.7.16

Me vuelvo al Pirineo. A coger fuerzas aragonesistas

Verano movido. A pesar de disfrutar de unas vacaciones en un entorno de paz e idílico como es nuestro Pirineo Aragonés: abstraerse de cuanto pasa en el Planeta Azul, a uno le resulta difícil. Y desde esa maravillosa perspectiva que se divisa desde nuestras montañas observado el mundo actual, el panorama se hace más oscuro.

Violencia y atentados indiscriminados en Europa por extremistas yihadistas, asesinatos racistas en Estados Unidos en un estado con más armas que habitantes, o éxodo masivo de gentes que huyen de ese holocausto que desgarra Siria. Aquí en la piel de toro todo sigue igual, o lo que es lo mismo con un gobierno en funciones, donde el término acuerdo le suena a chino, con corruptos hasta debajo de la mesa del presidente, y unos aspirantes a esa presidencia, muy justitos para presidir sus respectivas comunidades de vecinos.

Encrucijada en Cataluña donde el separatismo no para de crecer. Aquí en mi querido Aragón, el vacío y la nómina que deja el hasta ahora presidente Cosculluela, se enzarzan por cobrarla los chicos de Podemos y Populares. Mientras Lambán sigue esperando en la puerta del Monasterio de Sijena que lleguen los bienes de la mano de nuestros vecinos, pero estos siguen pasándose por el forro las sentencias, que para cualquier hijo de vecino el no cumplirlas supondría pasar un tiempo en Zuera o Daroca.

El panorama del gobierno en la capital, el de ZeC de la marca Podemos, ahí está, recordándome la canción de Ana Belén y Víctor Manuel. Se le amontonan los problemas y su incapacidad para resolverlo, más bien los incrementa. La última Averly, o la falta de diálogo para una solución definitiva de la Romareda, más allá de remiendos. Solo queda una, para evitar tanta depresión: volver a coger los bártulos, regresar a nuestro Pirineo, sus cumbres y paisajes, el sonido de las aves y la música de la Ronda de Boltaña.

Daniel Gallardo Marin
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