21.12.15

Un Marruecos muy zaragozano; Meknes

En los viajes que ya hemos realizado a otras ciudades en el orbe de las características de la nuestra querida Zaragoza, hemos atendido hasta ahora poco el mundo árabe que tanta influencia nos ha dejado en nuestra forma de comer, uso del aceite para freír, cómo regar o cómo matar las olivas. Hablamos en su día de Samarcanda, pero es claro —aquí llegaron los recientemente doble nacionalizados sefardíes— que nuestro clima recuerda a Palestina, recuerda al Rif, recuerda a ciertas partes de Irán y de la India seca, el Rajastán.

En nuestro país hermano y vecino, Marruecos, tan lejano como Portugal o Extremadura al mismo tiempo, no podemos utilizar como piedra de toque a la febril Casablanca-Dar Beida (solo podríamos por nuestro barrio que no tiene relación pero sí con ella por su común toponimia), ni alcanzamos como ciudad a tener la potencia cultural de Fez, su Festival de Música Sacra ni su barrio de curtidores y albaicín. Está claro que Fez por motivos muy evidentes resiste solo la comparación con Granada, así como los minaretes de Rabat y la Qutubía de Marrakesh solo son primos de la Giralda.

Pero hay una ciudad muy rica, muy interesante, centro agrícola, Patrimonio de la Humanidad, con una maravillosa arquitectura de babs (puertas y murallas) ubicada cerca del Atlas por la parte en que llueve y beneficiada por sus aguas. Su hinterland produce el mejor trigo para cuscús y un excelente vino que, sí, toman con profusión no solo los turistas en Fez sino también el 10% de población judía y cristiana marroquí, sociedad en este punto y hasta el momento tan tolerante.

Mequinez es una de las cuatro ciudades eje de Marruecos pero la más desconocida aquí, tiene una medina —como Zaragoza— separada de su arrabal por el río más caudaloso de al Mahgreb al Aksa, el río Boufekrane que va hasta Salé-Rabat.

Pero, por último, es una ciudad preciosa y embellecida por sus afamados artesanos de la cerámica, forja, escritura. Vamos, otra corte cultural de la importancia de nuestra ciudad. No os perdáis Meknés en vuestra siguiente escapada a Marruecos: hay una actividad, una calma, una hospitalidad, un poco turismo selectivo que recuerda en todo momento nuestra tranquila y alegre casi urbe. Su palacio imperial, su puerta Bab-al-Mansour y su muralla tienen ese aire saragosí, aljafereño, que diría nuestro Al-Muqtadir.

16/12. Luis Iribarren.
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