24.12.15

Los payasos de Aragón son los mejores humanos disfrazados

Mi primer payaso fue un Tonetti, antes que Fofó y Miliki, antes que el callado Charlie Rivel, antes que este mi amigo Regino que os dejo aquí. 

Ser payaso es ser humano, es sentir el peso de la sociedad, asumirlo y darle la vuelta. 

Ser payaso no es una profesión, es un lujo, es una forma de ser, de entregar, de compartir, de hacer llorar o reir. Ser capaz de arrancar sonrisas a los niños en estos tiempos en los que hay de todo y por todos los sitios, es un ARTE impagable. 

Pero los payasos de verdad intentan cobrar muy poco en dinero, pues ellos cobran en satisfacción. 

Zaragoza es tierra de payasos, sobre todo es tierra de valorar mucho el ARTE de los payasos de verdad, de los que saben mostrar su cara más amable y humana para hacernos reír o llorar. 

¿Qué era Goya, qué Buñuel, qué el equipo de Oregón, qué la inmensa mayoría de grandes actores aragoneses de este anterior siglo, tierra de humoristas, de personas que venden (o regalan) su tiempo y profesionalidad para agradar el nuestro? Siempre dentro de un payaso hay un gran ser humano complejo y aficionado a las injusticias. Para intentar resolverlas.
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