24.8.16

Casa Solans. Pequeña joya en el Barrio Jesús

Hace unos días, una lectora me sugirió la posibilidad de escribir acerca de la Casa Solans de Zaragoza, testigo de la primera industrialización de la ciudad, un edificio que, sin duda, llama la atención por su refinamiento, su particularidad y su ubicación. Pocos barrios obreros cuentan con una obra de arte de estas características en su solar, pero su localización no es casual.

En ese momento, la burguesía zaragozana salía de la ciudad histórica y empezaba a vivir o bien en “ensanches”, como el de la Huerta de Santa Engracia (Plaza de los Sitios y alrededores), Huerta de Santa Fe (entorno de Plaza de Salamero) o el Paseo de Sagasta, extraordinario paseo lleno de edificios modernistas y alguno historicista de los que apenas quedan unos pocos ejemplos; o bien junto a los establecimientos fabriles, los cuales, a su vez, se asentaban junto a las estaciones de ferrocarril, en este caso la Harinera Solans estaba en la actual calle Bielsa, junto a la Estación del Norte (hoy Centro Cívico municipal).

En el entorno de esta fábrica se construyó la Casa Solans, un extraordinario conjunto del que solo queda la vivienda. Los jardines anexos (que ocupaban poco más de 4.500 m2) están hoy ocupados por inmuebles. El edificio de la Harinera y su maquinaria (parcialmente conservada) sobrevivieron hasta finales del siglo XX, en que fue demolida para edificar viviendas.

Los propietarios de la Casa Solans eran terratenientes cerealistas cincovilleses (de Farasdués, municipio en aquel entonces y, desde 1971, pueblo de Ejea de los Caballeros), cuyas tierras proveían de materia prima a la Harinera (en la primera industrialización aragonesa jugó un papel fundamental la transformación de productos agrícolas –no son pocas las industrias azucareras, licoreras, harineras, de galletas, etc. que se fundaron por todo Aragón en ese momento-.

Los Solans-Aísa dudaron entre vivir en los nuevos ensanches o junto a su fábrica de harinas. Juan Solans y Solans, propietario desde 1913 de la Harinera Solans prefería vivir en el entorno de su industria; su mujer, Rafaela Aísa Aísa, prefería el Paseo de Sagasta. De hecho, la familia estuvo interesada en la compra del solar que hoy ocupa la Confederación Hidrográfica del Ebro en Sagasta. Pero prevaleció la idea de Juan Solans y se construyó esta caprichosa joya.

Curiosamente, nunca la habitó. Antes de trasladarse a la misma, Juan Solans falleció el 25 de noviembre de 1926 con apenas cuarenta años de edad en la vivienda familiar de la calle de la Virgen 7 y 9. No obstante, su capilla ardiente fue instalada en el oratorio de la Casa Solans y de allí salió el cortejo fúnebre hasta la Basílica de Ntra. Sra. del Pilar. Rafaela Aísa, viuda, sí se trasladó a la Casa Solans hasta su fallecimiento, el 19 de noviembre de 1965.

La licencia municipal para la construcción de la casa se otorgó el 27 de febrero de 1919 y se inició la construcción sobre los planos del arquitecto Miguel Ángel Navarro, zaragozano continuador de una saga de excelentes arquitectos. Entre sus obras está la planificación del Parque Grande José Antonio Labordeta, los planes de vivienda social republicana (Ciudad Jardín), el Teatro del Mercado (entonces Mercado de pescados) o el Grupo Escolar Joaquín Costa (culmen arquitectónico de la concepción del papel de la educación pública para Costa y la progresía de inicios de siglo).


La Casa Solans se finalizó el 6 de mayo de 1921, ascendiendo el coste de la construcción a unas 750.000 pesetas (un sueldo medio de la época eran 250 pesetas). Desde la finalización de la obra hasta el fallecimiento del propietario, la casa fue lugar de encuentro de grandes fiestas propias de los años veinte del siglo pasado, a los que asistía la burguesía zaragozana.

Durante la Guerra Civil fue utilizada por el ejército, produciéndose el primer expolio de la propiedad. Años después de fallecida la propietaria, los herederos vendieron la casa a una inmobiliaria el 22 de mayo de 1972, iniciándose un proceso de continuo deterioro y expolio de la misma, llegando a ser declarada en ruina en 1995.

El inicio del siglo XXl supuso el renacimiento de la Casa Solans. El año 2000, el Ayuntamiento de Zaragoza adquirió el edificio, siendo declarada Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento, el 19 de febrero de 2002. En septiembre de 2006 se finalizaba la urbanización exterior del edificio y la rehabilitación del mismo, con un coste de 860.000 euros, siendo ocupada hasta 2015 por un Centro de Documentación de Naciones Unidas sobre agua y saneamiento. En la actualidad está sin uso definido.

Una visita a su exterior (el interior no es visitable sino en ocasiones muy puntuales), llama la atención por la plasticidad y luminosidad de la casa, la forja convive con la madera y ésta con los mosaicos de los fustes de las columnas, traídos desde Italia (como los de la cúpula, hoy desaparecidos), con los azulejos, traídos de Valencia (por la especialización de Josep Palop, el proveedor, en “mosaico de imitación romana”) y las enormes vidrieras, obra de la industria zaragozana “la Veneciana, S.A.”.

En la fachada de la Avenida de Cataluña encontramos elementos decorativos florales propios del Modernismo, pero con un discurso compositivo que recuerda el Rococó del Segundo Imperio francés, enriquecido con motivos ornamentales (guirnaldas, ménsulas, denticulados) de reminiscencias neoclásicas. Todo el conjunto lo corona un frontispicio circular con el escudo heráldico de la familia Aísa. Finalmente, aparecen representados cuatro signos zodiacales, vestidos con el peplo y el himatión griego. Estos signos representan a las cuatro estaciones del año; Aries (primavera) aparece con un cesto de flores; Cáncer (verano) lleva en su mano una hoz, símbolo de la siega; Libra (otoño) aparece con un cuerno de la abundancia y un racimo de uvas, referencia a la vendimia y Capricornio (invierno) que cubre todo su cuerpo, incluida la cabeza en alusión al frío invernal, aparece con un recipiente para el aceite, referencia a la recogida de la oliva.

Sobre estas figuras zodiacales aparece una representación del globo terráqueo, invertido en el caso de Cáncer y Capricornio, pues son constelaciones solo visibles desde el Hemisferio sur. En las fachadas orientadas al jardín, convive el ladrillo de reminiscencias historicistas (mudéjares) con elementos claramente modernistas y llaman la atención sus balaustradas de mármol y los enormes vanos. Las culminaba una enorme cúpula cubierta por mosaicos traídos de Italia, que fue desmontada entre 1960 y 1965.

Del muro que rodeaba el jardín, apenas queda una pequeña parte, como la recayente a la Avenida de Cataluña, con una puerta de forja coronada por las iniciales de Juan Solans. En todo caso, el edificio es una pequeña joya que merece la pena conocer y valorar.

Jorge Marqueta

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