En el Día de la Celebración de las Lenguas
Madres no puedo dejar de pensar en nuestra lengua vernácula, el aragonés. Desconocimiento
desde fuera y falta de apoyo de gobiernos si no es para confusión, y el poco
interés de nuestras propias gentes aragoneses pone en peligro su existencia.
Comentaba uno de los componentes de la
Orquestina del Fabirol (designación genérica de la flauta en aragonés) que un
periodista de un diario de tirada estatal le preguntó extrañado las razones de
por qué cantaba en aragonés. ¿Alguien se imagina preguntarle a Lluis Llach o
Raimon por que cantaba en catalán o a Inmanol en euskera?
Por desgracia en la actualidad el
aragonés no despierta interés, a veces se menosprecia, ¿para qué sirve? o
se escucha algún comentario mal carau, cuando utilizamos vocablos propios.
En siglos de historia, Reyes, nobleza y
súbditos de nuestro antiguo Reino y Corona de Aragón la hicieron propia y principal.
Miles de lenguas en el mundo desaparecen por el dominio de las lenguas
mayoritarias, Inglés, Castellano o Francés; por eso no tendríamos perdón si la
dejáramos morir.
Se necesita protegerla y normalizarla en
sus diferentes modalidades, algunas de estas mantenidas por su propia
orografía charradas en comarcas de nuestro Pirineo (chistabino, cheso o
ansotano). El esfuerzo de algunos como “Chuntos por l`aragones” no es
suficiente, ha de ser entre todos. Se necesita más formación de maestros y
juristas para darla a conocer y enseñar a nuestros jóvenes.
También nuestra televisión pública tiene
algo que decir, introduciendo programas, películas y dibujos hablados en
aragonés. En nuestra mano está no perderla. La lengua de un pueblo forma parte
intrínseca de sus habitantes, donde cada palabra nos recuerda de dónde venimos
y cómo somos.
Daniel Gallardo Marin