5.11.16

Las nuevas masculinidades en Aragón

En la Historia hay tres momentos clave de avance de nuestra civilización: la época clásica, el Humanismo renacentista y la Ilustración. El feminismo es hijo de la Ilustración. 

En 1782 Josefa Amar y Borbón defendía la educación femenina laica como una vía necesaria para conseguir una sociedad verdaderamente ilustrada. En 1786 publicó su Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno y otros cargos en que se emplean los hombres y cuatro años más tarde su Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres donde reivindicaba un plano de igualdad en estudio y el acceso al conocimiento. 

En 1791, la literata francesa Olympe de Gouges escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana al considerar que la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano proclamada por la Revolución Francesa no amparaba a la mitad de la Humanidad, es decir, a las mujeres.

El proceso continuó con la Revolución urbano industrial. Los siglos XIX y XX son momento de reivindicación de derechos civiles, políticos y laborales. Ya entonces la parisina Flora Tristán exhortaba a los obreros varones, remisos a la igualdad de hombres y mujeres, a que jugaran un papel en la lucha por la igualdad.

En 1950 Simone de Beauvoir afirmaba que los rasgos que la sociedad consideraba femeninos no eran más que una convención social, de manera que la subordinación a la que se veían abocadas las mujeres no tenía una causa biológica fundamentada sino una causa cultural. Esta tesis se resume en su famosa frase No se nace mujer, se llega a serlo.

Por lo tanto, el feminismo y la emancipación de la mujer es un proceso social de largo alcance que ha logrado algunos de sus objetivos pero todavía quedan fases hasta alcanzar la plena igualdad.  En la actualidad los países con mayor índice de desarrollo humano, con mayor respeto a las libertades son los más igualitarios. Quizá por ser más igualitarios son los más desarrollados.

Evidentemente, el sexo es una característica biológica: tenemos órganos sexuales diferentes. Pero el género es una categoría construida social y culturalmente, cada sociedad define qué es femenino y masculino. Un ejemplo: la práctica del fútbol es mayoritariamente masculina en Aragón, pero mayoritariamente femenina en Canadá o EEUU y tan masculina como femenina en países escandinavos, Alemania o Francia. Luego ese deporte (como ninguno) no es en sí “masculino” o “femenino”, depende de la sociedad en la que estemos.

Es la sociedad la que diferencia papeles, conductas, valores masculinos y femeninos. Y esa es la barrera cultural que hay que superar. Para ello:
Es precisa la concienciación e implicación de los hombres en la igualdad.
Es preciso cambiar las actitudes de los hombres hacia prácticas igualitarias, tanto en ámbito privado como público.
La educación es básica para formar ciudadanos. Hombres y mujeres en igualdad. 

El aprendizaje de género es vital, hay una serie de valores y normas que nos socializan. Los bebés acaban siendo hombres o mujeres desde una perspectiva de género en la medida que les fomentamos o reprimimos determinados roles. La educación estandariza los estereotipos y configura cómo las cosas “deben ser”. El hombres se asocian a lo público y las mujeres a lo privado. El hombre es el que domina y ejerce el poder social. Hace unos años, en unas jornadas organizadas por la Asociación de Mujeres Amparo Poch llamé la atención sobre el hecho de que en Zaragoza uno puede encontrar figuras que conmemoran “la maternidad”, pero ninguna que conmemore “la paternidad”. Uno puede ver homenajes a distintos asesinados en guerras o actos terroristas, pero ninguno que recuerde a las víctimas de violencia machista.
En el plano teórico, hay una transformación en nuestra sociedad hacia posiciones igualitarias, pero no así en la realidad. Ha habido un proceso por el que las mujeres han reivindicado la conquista de parcelas de lo público, que estaban reservadas a los hombres, pero manteniendo casi intacta su presencia privada, donde los hombres siguen, mayoritariamente sin entrar. 

Algunos datos:
La población de Aragón está formada por un 49.6% de hombres y 50.4% de mujeres.
En Educación. Porcentaje de mujeres en titulaciones de la Universidad de Zaragoza: Terapia Ocupacional 100%, Maestra de Educación Infantil, 93.2%, Ingeniería de Organización Industrial, 6.3%, Técnica agrícola 8.7%, Ingeniería informática, 8.8%. Las maestras de educación infantil y primaria son un 83.2%; las catedráticas universitarias, 18.8%.
 En lo laboral. Tasa de paro masculino: 18.2%, Femenino 22.5%. El salario de las mujeres es un 74% el de los hombres. Lo que conlleva una menor cotización y menor cuantía de prestaciones sociales. Tasa de actividad de hombres, 65%; de mujeres, 52.9%. Contratos a jornada completa, hombres 77.4%; mujeres, 51.8%. Trabajadores por cuenta propia, hombres 66.%; mujeres 34%. El 82% de las explotaciones agropecuarias son de hombres y el 18% de mujeres.
Las tareas domésticas siguen recayendo fundamentalmente en las mujeres. El 71% de las mujeres dedica más de una hora diaria a tareas del hogar frente al 37% de hombres. 
Desde que el movimiento feminista comenzó su lucha por la igualdad de género, ha habido algunos hombres que han apoyado estos movimientos y grupos de hombres que se preguntan sobre el papel que deben jugar en la lucha por la emancipación femenina.
Y surgieron, a inicio de los años setenta del siglo pasado movimientos en países anglosajones y escandinavos llamándose antisexistas, asociados a los movimientos por los derechos civiles en Estados Unidos. A Aragón llegó esta corriente hace una década denominándose hombres por la igualdad. Estos grupos: cuestionan  la injusticia de género y reaccionan frente a la la socialización de los hombres nutriéndose, en su mayoría, de las ideas del feminismo. Del mismo modo, estos grupos reconocen la responsabilidad masculina en el mantenimiento de esta desigualdad con las mujeres y ejercen una autocrítica sobre el propio ejercicio del poder.
Evidentemente, hay una reacción:
El machismo más tosco los llama directamente anti-hombres, afeminados o poco hombres y continúa con los patrones más brutales del machismo.
El machismo un poco más elaborado reacciona con el miedo a la igualdad y con el intento de perpetuación de los privilegios históricos. Por ejemplo, equiparando el feminismo con el machismo (cuando uno busca la igualdad y el otro la primacía del varón); minimizando la violencia machista hablando de la existencia de denuncias falsas (obviando que, según el CGPJ, se cifran en torno al 0,3% esos casos) o afirmando que “también hay mujeres que matan a sus parejas” (obviando que, según datos del CGPJ, no llegan al 10% de los casos de muertes, casi siempre en casos de violencia previa del hombre a la mujer);  hablando de que las feministas son unas radicales; sacralizando la lactancia materna, convirtiendo a la que no puede practicarla en una “mala madre”; sacando teorías como la del “nido vacío”, que supuestamente afecta a las madres cuando los hijos marchan de casa; banalizando el aborto como si en lugar de un derecho fuera un capricho de casquivanas; trasvistiendo de respeto a otras culturas la defensa de tradiciones claramente machistas.

En cualquier caso, el proceso de emancipación de las mujeres, como todo proceso de cambio social, no es lineal, hay avances y retrocesos, pero es un proceso en el que todas y todos estamos convocados.
Jorge Marqueta Escuer. - I Jornadas Feministas CHA. Feminizando Aragón. - 5/11/2016.
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