27.11.16

Crece el odio a los diferentes. ¿A qué me recuerda esto?

Parte de la alambrada interior del campo de concentración de Sachseshausen
El poder en manos de algunos políticos, alimenta el monstruo del odio contra los que no piensan o sienten como ellos. Trump sin entrar aún al despacho Oval está alimentado a las nuevas voces de una ultraderecha, nutrida por un descontento generalizado por una crisis económica que ha sido provocada, paradójicamente, por banqueros de su cuerda.

Gente sin escrúpulos que empezó a dar hipotecas a quienes sabían que no iban a poder pagar nunca. Algo que si hubiesen tenido unas autoridades monetarias gubernamentales fuertes, posiblemente no lo hubieran consentido.

Trump representa ahora todo esto: quiere que la banca siga sin control y propugna la ausencia casi total de autoridades monetarias para que solo impere la ley del mercado. Las consecuencias ya las hemos visto: paro, crisis económica y pobreza.

Este es el caldo de cultivo para echar la culpa a las personas inmigrantes y para hacer del discurso xenófobo y racista el triunfo de gentes como el fundador del movimiento de la Derecha Alternativa Richard Spencer, aclamado en un mitin con mano derecha alzada y gritando “Heil Trump”.

En Europa, Putin se convierte en el nuevo Zar de la ultraderecha, mientras otros partidos de ideología conservadora radical aumentan sus simpatizantes. El Frente Nacional francés, fundado por Jean Marie Lepen, es ya el partido con mayores apoyos. La Libertas en Austria comandado por Hofer y Amanecer Dorado en Grecia, —formaciones que se caracterizan por el euroescepticismo, populismo y xenofobia— también están creciendo  en Alemania, Finlandia, Suecia o  Dinamarca.

En España no nos libramos de esta plaga. Si bien no hay partidos relevantes de la extrema derecha en el  Parlamento, sí que están en las calles. La llama explosiva y paranoica se prendió por gentes del sustrato de Donald Trump por lo que el incendio mundial está asegurado.

No hay más que recordar el nazismo de Hitler, los asesinatos por odio ideológico de Stalin y la antigua URSS o la guerra de los países de la antigua Yugoslavia, para recordar las terribles consecuencias que supone alimentar estos tipos de odio.

Daniel Gallardo Marin
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