22.1.16

La Gran Vía de Zaragoza, sede de edificios racionalistas

El Arrabal de hortelanos de San Pablo o de la Población del Rey —de Alfonso I que comunicaba sus dos palacios de la Zuda y Aljafería— fue hollado de modo que se creó una interesante operación urbanística hausmaniana, abriendo en él una Gran Vía.

Lo que pasa es que la denominación Gran Vía no se utilizó en Zaragoza como en Madrid para llevar a cabo esta operación para esponjar e higienizar el Casco Viejo —según la nomenclatura urbanística de la época— sino para denominar en nuestra ciudad a un vial de nueva apertura que extendía la ciudad allende la Huerta de Santa Engracia por mor del cubrimiento del Huerva.

Por tanto es la calle Conde de Aranda la que equivale, contiene y produjo esos magníficos exponentes catalogados de edificios post-modernistas, del primer racionalismo, tan airosos y con una fábrica constructiva excelente. Como el edificio que alberga la sede de CHA.

La zona comercial creada en los bajos de los mismos fue sustituida con posterioridad por el paseo de las Damas, provocando una decadencia continuada en el tiempo pero que habrá sido la causa y razón de que no se pierdan tantos edificios singulares como en el Paseo de Sagasta.

Su deficiente estado de limpieza permanente afea el paseo a pie hacia la Aljafería de nuestros visitantes por el Gancho que podrían disfrutar de lo contrario de una renovación urbana en mi opinión bellísima y que representa un guiño a la población mayoritaria en la actualidad en El Gancho: las palmeras de la avenida Marrakech.

El ensanche realizado por García Burriel de la calle del Portillo, origen de Conde de Aranda dio lugar, por tener que respetar la calle Boggiero, a una singular confluencia con la calle Agustina de Aragón que dio lugar a una rehabilitación y repintado de las traseras de las casas racionalistas en este punto, que se ven desde el balcón del Sr. Lambán.

Efectuada la misma juntamente con la rehabilitación del Pignatelli, se creó un espacio urbano bien parecido a la ribera del Onyar en Girona cuyo alcalde.

Pero dejaremos a este personaje público para otros comentaristas. Sí que acompañamos esta reflexión junto a la bellísima ribera. La primera vez que la vi recordé la trasera del Gancho que menciono y lo quería compartir con vosotros, para cerrar el bucle de reflexiones sobre mi barrio preferido.

Las imágenes no dan como para construir un “Otros Zaragoza son posibles” con Girona, proyecto catalán de ciudad histórico-cultural del que sí quiso beber Huesca en los 80.

Allá va un poema de Gimferrer, quién dijo miedo. Tiene indudables reminiscencias haiku pero más las tiene “Polvo, niebla, viento y sol, donde hay agua una huerta”, si se terminara allí.

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 Invierno

Precisa cual la escarcha, noche estricta,
Árboles: alegorías del camino.
La luz, cuajada, este silencio dicta.
Mi ser todo renuncia a su destino.

07/01. Luis Iribarren.
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