25.1.16

Grenaches du monde: Historia de la garnacha

Menos mal que no hemos perdido la uva de la que nuestros abuelos se alimentaban trasegando 2 litros al día. Y que nos daban a nosotros para merendar: el pan con vino y azúcar de garnacha. Hemos estado a punto por su mala fama organoléptica.

Pero la uva está siendo revalorizada, apreciada cada vez más por los propios aragoneses, intensificadas sus particularidades –viñas viejas, coupages, moscateles de garnacha, sal, replantado en Cariñena en altura-.

Por todo ello, el 4º concurso internacional de las mejores Garnachas del Mundo tendrá lugar el próximo 5 de febrero de 2016 en Zaragoza. Ello nos traerá los correspondientes actos culturales y conferencias a la ciudad y la comarca de Borja, principalmente.
Sumie fotográfico de garnacha: la expresividad de las cepas sustituye al pino japonés

La nobleza desconocida del vino que proviene de nuestra principal cepa, antes vino muy astringente y con difícil paso de boca, se ha estado trabajando de forma continuada y con éxito de exportación por Borsao, la Cooperativa San Alejandro de Miedes, la de Ainzón, produciendo vinos de gran complejidad. Era un trabajo por hacer ya demostrado por, entre otros, Lluis Llach en el Priorat. Cims de Porrera, Muller. Vinos de cepas llevadas desde Aragón producidos en terraza pizarrosa en la trasera de Reus y Cambrils. Cuanto más altos a partir de Falset, más fragantes.

Especialmente afortunado es el coupage garnacha 85%, tempranillo 10%, Shiraz 5% efectuada por Borsao en 2014, ganadora del Baco de Oro y mejor vino relación calidad-precio según Wine Spectator, el inefable Parker.

Conocer mejor la garnacha tinta -también hay blanca, tintorera o peluda- reina de los vinos de Aragón obliga a una visita a, para mí, su principal santuario paisajístico: las colinas que circundan a Murero, entre Calatayud y Daroca.

La complejidad de la garnacha tras su paso por barrica se conocía bien desde la Edad Media pues la variedad se plantaba en la soleada Provenza y daba como resultado los maravillosos Chateauneuf du Pape, los vinos que se bebían en la corte papal de Aviñón.

Realizado el mismo proceso en Aragón –es verdad que antes no sabíamos hacer vinos- la maduración tardía de la garnacha, más en altura como en Miedes o Veruela, y el seco y cálido postverano aragonés, resulta que el vino cobra más matices que su característico sabor especiado a melocotón con vino y toque de pasas y canela. Además la altura reduce considerablemente su excesiva graduación alcohólica. El resultado son vinos que no pierden su personalidad sino que realzan más sus notas ligeramente picantes.
Paraíso cercano: val de Fuendejalón orientada al Moncayo y al cierzo. 
Garnachas saludables en suelo de Quercus.

Su color violeta y no rojo, aunque sepan a frambuesa y sean vinos golosos, se lo da su propensión a la oxidación –dan excelentes vinagres y vinos rancios tan comunes y sugerentes como los de Castejón de Valdejasa, origen de sus importantes escabechados-. Lo que no sabíamos es que las sabias manipulaciones actuales y su paso por barrica acentúan sabores nada ácidos a cuero y alquitrán, propios de vinos californianos y sudafricanos. Su mezcla con shiraz acentuará su mineralidad –el vino de las piedras- y será muy apreciada en Australia y Nueva Zelanda sin duda. Si tenemos algo que vender, que todo se va a USA y Canadá.

La caza o el ternasco acompañado de estos vinos o creaciones recientes como la sal de garnacha de Fuendejalón convertirán sin duda a Aragón en uno de los paraísos gourmet de Europa.

22/01 Luis Iribarren.
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