22.11.15

Algo muy bueno se está cociendo en Chía y Cella

La fiebre de nuevos consumidores televisivos, los niños, artificialmente creada  por los programas de alta gastronomía, entre todos el mejor es nuestro, del Yranzo y el Oliva ensemble, puede representar una interesante aportación al desarrollo rural bien entendido y la recuperación y producción a través de semillas autóctonas de productos tradicionales. Y que las mismas representen debidamente potenciadas oportunidades de desarrollo de determinados puntos del país. Como se ha hecho con la trufa o con la recuperación de la parraleta por la denominación Somontano, como ya no hace falta hacer con el tomate rosa de donde sea, como habría que potenciarse en el caso de la cereza del Somontano oscense.

Se está advirtiendo incluso un turismo gastronómico en este sentido, con visitas guiadas a las explotaciones y posterior degustación que pueden sustituir a las actividades en las  famosas granja-escuela. Ante la tesitura del importante desempleo en Huesca y Teruel y dado que su análisis manifiesta su procedencia y origen en la construcción, en el caso de los hombres, se está produciendo un interesante relevo de productores e incorporándose al sector primario esa fuerza excedente de las obras públicas ejecutadas en estos territorios.

Con la construcción al ralentí y parte de esa mano de obra ocupada en rehabilitar, aunque es claro que no podrá subvencionarse la rehabilitación de segunda vivienda que constituye en el Pirineo más de la mitad del parque existente, la otra parte y algunos neorrurales se están lanzando a interesantes proyectos. Proyectos que se consolidarán si se entregaran comunales y patrimoniales municipales a estos emprendedores por necesidad y no para acrecentar la PAC percibida por esa parte de la población rural tant cuidada por el otro partido presuntamente aragonés.

Parece que la patata de Chía tiene mucho de delicatessen y que sus 30.000 kilos son requeridos por la hostelería casi inmediatamente de arrancados de la tierra. Se conoce, como en el caso de Cella, que la altitud y pureza de las aguas y la composición del suelo, que de todos estos factores nace un posible sustento para unas 20 familias entre productores, distribuidores y, sobre todo, aprovechar el efecto difusión de esta patata que puede producirse desde Cerler o, en el caso de Cella, desde la Fundación Santa María de Albarracín y el restaurante con estrella Michelín de Orihuela del Tremedal.

En el caso de Chía además la interesante experiencia de la escuela de hostelería de Guayente, sobre la que hablaremos en otro momento, y la introducción en fase de su comercialización de El Remós, le han dado un sesgo social a tan inteligente proyecto. El Remós es una singular iniciativa para que las personas con discapacidad del valle de Benás no se desplacen y se está dedicando a colaborar en poner la patata de Chía en conocimiento de cada vez más consumidores. Lo que están sin duda consiguiendo.

Un ejemplo de proyecto generado desde la necesidad, que ha cubierto un hueco interesante, está recabando subvenciones y premios sin parar y contribuye a la creación de una mediana empresa de inserción con profesionales al servicio de toda su comunidad.

Luis Iribarren.  19/11.
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