7.11.15

Arrabal, Rabal, Raval, Sobborgo.

Plano de Zaragoza del año 1592 de Francisco Miranda - En color el Rabal
El barrio del Arrabal zaragozano, como ocurre en otras ciudades de lo que fue la Corona de Aragón, está íntimamente ligado a la historia de la Ciudad de Zaragoza.
En el caso de Zaragoza, tras la fundación romana de la ciudad, extramuros de la misma hubo “villas” agrícolas en los fértiles alrededores cesaraugustanos, ciudad situada en un desierto beneficiada por la confluencia de dos ríos, el Ebro y el Huerva.  Algunas de esas villas se asentarían en lo que hoy es el Arrabal, punto de confluencia de las vías que venían desde el Pirineo y desde el Mediterráneo y que entraban por la ciudad por el actual Puente de Piedra, (en ese momento probablemente de piedra y madera), y que era el punto fundamental y más cómodo para cruzar el río en el Valle Medio del Ebro y puerta de entrada a Caesaraugusta, importante ciudad romana en el cuadrante noreste peninsular.
No obstante, como ocurre en otras ciudades de la Corona de Aragón, el desarrollo del Arrabal como barrio es medieval. Desarrollándose un barrio a ambos lados de la actual calle de Sobrarbe, eje fundamental del mismo, calle que todavía en el mapa de Gironza de 1850 es denominada calle Mayor y en un mapa de 1861 redenominada calle Mayor del Arrabal. Denominación que también se repetirá en algunos barrios del arrabal de otras ciudades de la corona aragonesa.
Es entonces, S. XII, en época de Jaime I el Conquistador, cuando se erige, junto al puente, el Hospital de leprosos y albergue de peregrinos de San Lázaro, el principal centro sanitario de la Corona aragonesa, y uno de los principales del mundo, en el momento de mayor esplendor de nuestra Corona. Hoy desaparecido, pues fue dañado en las guerras napoleónicas y la desidia y la incultura posterior, durante el siglo XIX, hizo que desapareciera. Conviene aquí desterrar un mito. Las guerras napoleónicas, obviamente, tuvieron un efecto negativo sobre el patrimonio de la Ciudad, pero fue a lo largo del siglo XIX, cuando la incapacidad para valorar lo que se podía perder, la incipiente especulación urbanística, la incultura y la desidia propia de las clases dirigentes del Estado con la victoria de Fernando VII Borbón, la España negra y el Antiguo Régimen frente a la Ilustración en esas guerras hizo que buena parte de nuestro patrimonio no fuera restaurado, ni conservado y se fuera perdiendo paulatinamente a lo largo del siglo XIX y aún bien entrado el XX . Como muestra, recordemos que en 1890 aún se conservaba buena parte del Hospital de San Lázaro, como atestigua Cosme Blasco en sus “Memorias de Zaragoza”, quejándose amargamente de que “allí  contemplase todavía, y por desgracia van ya desapareciendo del todo, entre la indiferencia de mi amado pueblo zaragozano, aquellos restos testimonio mudo de muchos y trascendentales sucesos”. Lo mismo cabría decir del resto del patrimonio artístico desaparecido a lo largo de los dos últimos siglos (Palacio de la Diputación del Reino en La Seo, Monasterio de Santa Engracia, dañado en la guerra napoleónica y derribado en 1836, en época de Isabel II Borbón, etc.). Duele ver grabados decimonónicos (bastantes años después de acabada la guerra napoleónica) que son un compendio de ruinas en proceso de degradación, deterioro y abandono hasta su desaparición.
En todo caso, como decía, los barrios del Arrabal (Rabal en aragonés, Raval en catalán, Sobborgo en italiano), están estrechamente ligados a la evolución urbanística de algunas ciudades de la Corona de Aragón. Como en Barbastro, en Albarracín, en Tarazona, en Teruel, en Barcelona, en Palma de Mallorca, en Gandía, en Elche, en Alicante, en Napoles, en Palermo….
¿Por qué no hermanar nuestro barrio del Rabal con el resto de rabals, ravals, sobborghi de las ciudades hermanas de la antigua Corona de Aragón?
Jorge Marqueta Escuer
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