17.2.16

Aragón existe, también en Bruselas. Eso es orgullo

Tras nuestras excursiones culturales y políticas de hoy por Bruselas, hemos terminado en busca de un menú sencillo en la calle más turística para comer. Y la sorpresa ha sido además de curiosa y simpática, de esas que enorgulleces a un aragonés cualquiera. 

El camarero de la puerta, alcanzados los 50, era de rasgos árabes y una educación con la voz suave y elegante.
-¿De donde son ustedes?- nos ha preguntado con sonrisa de comercial
-De Zaragoza- hemos contestado en espera de la clásica respuesta de: Ah! El Real Zaragoza
Pero esta vez el amigo de blanco nos he sorprendido gratamente.
-¡Ah!, La capital de Aragón.

¿Pero quien puñetas ha venido antes para explicarle al buen hombre este dato tan maravilloso, capaz de alegrarte la comida? Sabía que existe Aragón, por mucho que Aragón y Centro Europa hayan tenido mucho que escribir en la historia del mundo anterior al nuestro. Pero cuando hasta la cercana Cataluña se olvida de que existe Aragón, uno se sorprende que en Bruselas un camarero nos nombre.

Luego el amigo camarero la ha estropeado un poco pues para compensar nuestra pequeña pero interesante charla nos ha querido hacer un obsequio y nos ha regalado unas copas de sangría. Se lo hemos agradecido como si fuera un manjar, aunque una copa de Cariñena nos hubiera elevado al éxtasis sensual y casi sexual. Todo es cierto, pues con las cosas del corazón yo no miento.