29.11.14

Voy hablar de Aragón. Hoy me duele

Voy hablar de Aragón. Nos dicen que el idioma es lo que une territorios, creando claras diferenciaciones con sus vecinos, pero obviando que el mismo idioma también ha sido capaz de crear profundas divisiones entre estados o países, como por ejemplo en Iberoamérica o en Reino Unido.

El idioma es parte de la cultura, una parte importante pero no el pegamento perfecto ni el más necesario o el único para agrupar o separar. Como parte de una cultura específica, es un segmento solo de ese todo que se necesita para crear sinergia sociales, que se sustenta por multitud de elementos añadidos, donde la historia, la justicia, la sociología, la etnografía, la orografía, la economía productiva, forman partes que se van uniendo o disgregando, hasta conformar un Estado, un País, una Nación o un Territorio singular, depende muchas veces del tamaño del espacio geográfico y de la intensidad de su cultura.

Aragón, si quiere hacerse valer como territorio que fue, debe reconocer y recuperar su cultura, que existe aunque nos la quieran entremezclar hasta hacerla desaparecer. Más si somos nosotros mismos desde puestos de responsabilidad pública, los que no creemos en la necesidad de recuperar Aragón para los aragoneses e incluso para España.

Aragón tiene la necesidad urgente ya, de saber declinarse hacia sí misma, si quiere defenderse ante el camino emprendido. No estoy hablando de una década, ni de dos décadas, hablo de un proceso que igual puede tardar en llegar solo un año, como 50.

En la actual situación España va a perder su control (tarde o temprano y no pongo fechas, solo objetivos irremediables) sobre Cataluña y País Vasco. Es muy posible que también Navarra caída de un lado o de otro. Parte de Aragón va a sufrir las tensiones entre vecinos, pero debemos empezar por entender que este proceso es imparable, incluso empleando la fuerza. O mejor dicho, más si empleamos la fuerza.

Solo el reconocimiento y el respeto hacia el otro es capaz de engrasar los mecanismos de trabajo en común. Pero detrás de lo que piden Cataluña o el País Vasco se esconde el dinero, las inversiones, el reconocimiento, el respeto, su posibilidad de ser la España moderna, la España europea, la que se diferencia no por lo que son, sino por lo que quieren ser. Y Aragón si no sabe defender su postura geográfica, histórica y social, se verá convertido en el desierto que separa. El desierto que no se emplea para nada, el lugar que hace de frontera entre dos concepciones diferentes de España pero que les interesa a muchos siga siendo pobre y estéril, para que sirva de frontera vacía.

Aragón podrá quedar desierto de aragoneses válidos, pero nunca podrán arrebatarnos las razones de ser, aunque seamos nosotros mismos lo que nos las arranquemos a jirones. Despreciar la Universidad de Zaragoza ha sido el último detalle de lo que importa Aragón para muchos aragoneses.

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