9.2.14

El bumerán del campo de fútbol de Zaragoza. ¿Hasta cuando?

Os dejo un artículo de Juan Martín hablando sobre el campo de fútbol de Zaragoza, del de San José y del de la Romareda. Una retahíla de despropósitos absurdos que nos costarán unas pasta gansa.

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El bumerán del campo de fútbol. Juan Martín Expósito. Portavoz de CHA en el Ayuntamiento de Zaragoza

De tapadillo e intentado evitar su publicidad, el gobierno municipal no ha tenido más remedio que dar a conocer la sentencia firme del TSJA por la que se anula toda la tramitación urbanística necesaria para construir el campo de fútbol de San José, en la huerta de Miraflores. Este veredicto entierra el plan parcial del 38/4 y, con él, el tercer proyecto de campo de fútbol para Zaragoza. Esta sentencia es un desastre económico y político que mi grupo político, desgraciadamente, ya anunció en 2008 que pasaría. PSOE, PP, PAR e IU se empecinaron en llevar el campo a esta zona de la ciudad, redactando a toda prisa un plan parcial que, tal y como hemos sabido ahora, contenía un buen número de errores técnicos y jurídicos. La tramitación urbanística se trufó de improvisación, velocidad y auténticos atropellos al buen sentido urbanístico porque ¿cómo se puede tramitar un plan parcial para


albergar un campo de fútbol que ni se cita en el documento? Pero mas allá de cuestiones urbanísticas, lo que cabe preguntarse es qué modelo urbano y de participación pública hay detrás de edificar en la periferia urbana un campo de fútbol de más de 40.000 asientos. También se podrán preguntar que quizás esta operación especulativa fuera gestada al calor del ladrillo de aquella época. Nada mas lejos de la realidad. Hace bien poco tiempo volvieron a reafirmase ideológicamente en Pleno municipal, otra vez a la limón, aunque ahora ya "solo" PSOE, PP e IU para votar en contra de la propuesta de CHA para que el Ayuntamiento se olvidara de la macro operación de la huerta de Miraflores. Los mismos que piden revisar el PGOU de Zaragoza, los mismos que se llenan la boca al hablar de los barrios consolidados y de la ciudad compacta, a todos ellos la situación económica, social y ahora judicial, les ha puesto en su sitio.

Pero los que estaban en la foto del consenso para llevar a San José un campo de fútbol de 110 millones de euros, miran para otro lado. Los que boicotearon, directa o indirectamente, el proyecto de remodelación de la actual Romareda, silban esperando que escampe. Hoy, gracias a todos estos, Zaragoza no cuenta con un estadio en condiciones mientras la afición zaragocista conjuga sus penas de la segunda división con un campo que se va cayendo a trozos. Y, en estos momentos, ese es el mayor daño, el inmaterial, el intangible que también hay que tener en cuenta.

La barbaridad empezó a perpetrarse en 2006 cuando un juez zaragozano, a petición del PP y del PAR, decidió paralizar las obras de la construcción del estadio sobre la actual Romareda. Consideró que la permuta de los suelos con los que se iba a pagar el estadio (la misma que utilizaba la DGA y otras instituciones para financiar sus proyectos) carecía de precio cierto. Es decir, que el valor de los terrenos en un futuro podrían aumentar y que el Ayuntamiento podría perder dinero. Visto con la perspectiva que da el paso del tiempo es como una especie de enorme sarcasmo jurídico. ¿Quién ha perdido económica y socialmente con el paso del tiempo? ¿Cuánto vale ahora? Desde luego no los 70.000.000 € por los que una empresa se había comprometido a ejecutar un campo de fútbol a cambio de un edificio de oficinas. Nunca sabremos si esta decisión cautelar fue justa o no, porque el PSOE en lugar de esperar a que el TSJA se pronunciara (llevaban más de tres años para hacerlo), se sumó a la petición del PAR para que el Ayuntamiento abandonara la causa. Quisieron dar carpetazo al asunto para evitar que se conociera cómo y por qué se urdió todo, por lo que nunca podremos saber si el juez se equivocó. Con el proyecto de llevar el estadio a San José, la ciudad renunció a la oportunidad de construirlo en la Romareda sin coste para las arcas públicas. Y ahora ¿qué tenemos? Una sentencia boomerang, una metáfora de los tiempos que corren, en los que el cinismo y el mal hacer de unos cuantos ya no pueden seguir metiendo goles. ¿O sí?



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