18.7.17

Puentes singulares de Aragón 2: Sástago

 El puente de Sástago es de aquellos que bien vale una misa y hasta dos. Concretamente en Rueda si fuera posible.

Era y es, esperemos que se abra Rueda de nuevo, una excursión de primavera y otoño perfecta desde Zaragoza un paseo posible y que nunca podrá olvidarse por el páramo monegrino florecido o que ha recibido lluvias otoñales, desde las carreteras que desde la A-2 conducen a Sástago por Gelsa o la directa desde Bujaraloz. Allí se encuentran las prodigiosas saladas de Sástago.

Podemos ir a Uyuní en Bolivia de propio pero…

Tras quedar deslumbrados por la sal, llegaremos a un precioso altozano desde el que contemplar los meandros más bellos y perfectos de ningún río caudaloso europeo. Es una joya paisajística que apenas valoramos y solo encuentra parangón en los famosísimos ríos Amarillo y Colorado. Que atraviesan asimismo páramos lentamente. Cuyas poco caudalosas pero torrenciales en ocasiones aguas han generado bellísimas curvas, galachos y confusiones.
Para bajar a Sástago se debe atravesar este bellísimo e icónico puente del año 1941. Uno de las primeras magnas obras de la postguerra. Con una historia peculiar de distintos proyectos que fueron reforzando pilares desde el inicial, nada menos que de Serrano Suñer, al definitivo de Igoa Moreno.

Siempre he puesto a este puente como ejemplo de lo que en derecho se llaman actas de comprobación del replanteo. Los puentes y colegios se concebían en la época en Madrid por muy buenos ingenieros. Pero luego tenían que “encajar” en la realidad: en este caso meandros con agua en ocasiones a mucha velocidad tras superar una preciosa curva cerrada.

Este maravilloso puente sustituyó a otro de hierro semejante al de Zaragoza, destruido en la guerra. Es primo hermano del puente de Amposta, en el mismo Ebro y también muy airoso.
Pero puentes así he visto algunos por el mundo con gran emoción. Lo voy a hermanar, vez primera en esta sección, con el puente de Sant Louis, de concepción y fabricación francesa –taller de Eiffel-. Está en el norte de Senegal, desembocadura del homónimo río Senegal. Donde el Sahara se convierte en Sahel en esta bellísima ciudad colonial.

Nos despedimos con un guiño a nuestra numerosa colonia senegalesa. Con un poema de su primer presidente, el poeta Leopold Sedar Senghor, increíblemente relacionada con Zaragoza y Sástago en diciembre:

¡La neblina me da miedo!
Y esos faros ojos gritones de qué monstruos
Resbalándose en el silencio.
Esas sombras rasgando el muro     Y que pasan,
¿serán mis recuerdos    Que en larga fila van peregrinando?
¡La niebla sucia de la ciudad!

28/06/2017 Luis Iribarren
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