31.8.15

La importancia social de las ciudades como Zaragoza

Las ciudades, esos entes a las que los políticos le prestan menos atención cada día de la que necesitan, están recobrando un protagonismo excepcional que más pronto que tarde harán cambiar la forma de entender la política representativa en el mundo.

Cuando hablamos de Zaragoza, ¿de qué hablamos? ¿de la provincia, de la capital, de la ciudad, de la suma de ciudadanos, del núcleo urbano? Efectivamente de todo, pero el peso de cada una de las partes va cambiando según avanza la convivencia política. Hoy nadie habla de Zaragoza como “provincia” y si acaso sigue existiendo la “pelea” entre capital y ciudad.

Zaragoza es la capital de Aragón, pero por encima de eso es el contenedor de más de la mitad de los aragoneses. Somos personas que hemos decidido libremente vivir y trabajar en una ciudad que se llama Zaragoza. Y eso confiere a la ciudad (debería conferir, más bien) un peso muy importante en todo tipo de realidades sociales. Y sin minusvalorar para nada al resto de realidades de Aragón.

Según el Banco Mundial cada día unas 180.000 personas deciden irse a vivir a las ciudades desde el mundo rural. Lo hacen por necesidad básica de supervivencia. Pero lo hacen, y eso confiere un mundo diferente que va cambiando a una velocidad imparable. En este mismo blog ya hablamos hace unas semanas de la necesidad de que Aragón crezca a partir de sus ciudades, al menos desde sus 16 primeras ciudades. En Aragón y con arreglo a la calificación mundial, hay 16 ciudades.

En estos momentos se considera que el 75% del hambre y de las necesidades sociales de ayuda básica para la supervivencia humana se encuentra asentada en las ciudades del mundo. Pero aun así crecen día a día el número de personas que en ellas viven, intentando sobrevivir en un mundo muy mal repartido. Esto supone asumir que la importancia de las ciudades como organismos básicos crece cada día y a la vez, crece también su necesidad de respeto institucional, como sucedía en la historia antigua. En las ciudades, dentro de las ciudades, era donde se asentaba el poder principal, incluido el de defensa y ataque.

Es cierto que en las zonas rurales se asentaba el poder religioso, incluso a veces el poder de los grandes poseedores de la riqueza, pero hay que asumir que si en realidad eran grandes, lo que simplemente hacían al final, era crear pequeñas ciudades alrededor de sus castillos, fortalezas o territorios. Nada en el urbanismo tiene sentido si no se otorga sentido a la suma de personas, de sus necesidades y servicios, de sus casas, calles, locales, murallas, etc.

Hoy las murallas en las ciudades no son de piedra. Son de normas, de leyes, de espacios etéreos, de personas que gestionan con papeles. Hoy las murallas son pues defensas de papeles. Y aquí es donde las ciudades quieren crecer y expandirse. Necesitan reconquistar “sus” papeles, sus normas propias, sus derechos y sus nuevas realidades. Necesitan poder cubrir sus servicios, es decir, los servicios a las personas. Dar protagonismo política a las ciudades no es nada sencillo pues por encima de ellas se encuentran en España los Gobiernos Autonómicos y el Gobierno Central, y ninguno de los dos grupos de gestión quieren dar más poder a las ciudades y por ello a sus Ayuntamientos.
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