5.11.26

Teatro Iris Park, mucho más que un teatro


La historia del Centro de ocio: Teatro Iris Park de Zaragoza constituye uno de los capítulos más fascinantes del ocio y la cultura popular de la capital aragonesa durante el siglo XX, hoy totalmente olvidado, perdido y ni tan siquiera recordado. 

Este gran complejo de ocio con muy diversas opciones antecedió directamente al emblemático edificio que más tarde adoptaría el nombre de Teatro Fleta y que hoy es un esqueleto. Pero el tamaño del Iris Park era mucho más grande lo que hoy imaginamos como Teatro Fleta.

El Iris Park abrió sus puertas el 10 de julio de 1931, apenas unos meses después de proclamarse la Segunda República, impulsado por iniciativas del empresario Mariano Sánchez Resach sobre un solar de unos 7.000 metros cuadrados situado en la actual zona de la Avenida de César Augusto, enfrente del que fue hotel Corona de Aragón.

El complejo nació con una vocación moderna y en gran parte de sus instalaciones al aire libre, concebido como un auténtico centro de ocio polivalente que revolucionó la ciudad. En su interior los zaragozanos podían encontrar un cine y un teatro al aire libre que un año después se convirtió ya en teatro cubierto para las noches de verano, una pista de patinaje, una pista de baile cubierta y otra pista para el verano que estaba descubierta, amenizadas frecuentemente por orquestas en directo.

Además tenía terrazas y espacios de esparcimiento y restauración, diversos bares modernos, que se convirtieron rápidamente en el punto de encuentro de la burguesía y las clases populares durante los años de la República.

Por su escenario pasaron grandes figuras del panorama artístico del momento, quedando en la memoria colectiva hitos como la actuación del célebre tenor aragonés Miguel Fleta en abril de 1935. Sin embargo, al tratarse originariamente de unos edificios provisionales, construidos en gran parte con estructuras ligeras y al aire libre, el paso de los años y el desgaste de las instalaciones hicieron mella en el recinto.

A principios de la década de 1950, debido al crecimiento urbanístico de la ciudad y a la necesidad de modernizar el espacio, la propiedad encargó al prestigioso arquitecto José de Yarza García la remodelación integral del solar. Se tiró todo y se hizo un Teatro nuevo.

El viejo complejo de barracones casi provisionales y pistas de baile del Iris Park dio paso a un imponente Teatro y cerrado de obra. El nuevo edificio fue inaugurado el 24 de febrero de 1955 bajo la denominación oficial algo cambiada de Teatro Iris.

Contaba con una de las cajas escénicas más grandes de España en su época (solo superada por el Gran Teatre del Liceu de Barcelona), su aforo era superior a las 1.700 localidades y una arquitectura moderna de vanguardia con un característico frente urbano.

Años más tarde, en 1958, el Teatro Iris cambió oficialmente su nombre para rendir homenaje póstumo al gran tenor aragonés Miguel Fleta, pasando a ser conocido ya para siempre como el Teatro Fleta, un referente cultural de la ciudad hasta su cierre definitivo a finales de los años 90. 

El tenor aragonés Miguel Fleta actuó años antes en el viejo escenario del Iris Park, interpretando fragmentos y composiciones de obras como Carmen, Marina, Doña Francisquita, Luisa Fernanda y La Dolorosa. Este hecho tiene especial importancia porque explica la relación entre el célebre cantante y el recinto.

Para comprender el nacimiento del Iris Park debemos imaginar una Zaragoza muy diferente de la actual.  A comienzos de los años treinta todavía no existía, con su trazado actual, la avenida de César Augusto. En las proximidades de la plaza del Carmen, final de la calle Cádiz y entre las calles Azoque y Ramón y Cajal, se extendían unos terrenos interiores que habían albergado los conocidos lavaderos de Castelví. Aquella zona estaba pendiente de importantes transformaciones urbanísticas.

Los hermanos Aísa, vinculados a la construcción y propietarios de los terrenos, aprovecharon esa situación para levantar un gran complejo recreativo que inicialmente tenía carácter provisional.

Su emplazamiento era bastante singular. El recinto se encontraba oculto tras las edificaciones de las calles próximas y se accedía a él por pasajes interiores. Estos accesos se mantuvieron siempre, incluso cuando era el Gran Teatro Fleta. Los visitantes atravesábamos por unos pasajes las construcciones que daban a la calle y descubrían un gran espacio dedicado al entretenimiento. Era algo sorprendente para aquella Zaragoza y que se mantuvo casi idéntico hasta su cierra total en los años 90.

El gran teatro Iris llegó a disponer de una capacidad aproximada de 2.300 espectadores, una cifra extraordinaria para la ciudad de entonces. El testimonio de un espectador de la época, recogido en la publicación municipal "El arte de la memoria", es especialmente valioso. El autor recuerda sus visitas al Iris Park, las funciones de ópera, la pista de patinaje y las sesiones cinematográficas infantiles.

Resulta particularmente entrañable su recuerdo de aquellas películas del Oeste que costaban 25 céntimos. Los espectadores infantiles participaban ruidosamente en las aventuras que aparecían en la pantalla. También describe la pista de patinaje de cemento, rodeada de barandillas y asientos, y el ambiente lleno de los domingos.

Estos testimonios permiten comprender algo que difícilmente transmiten las fotografías: el Iris Park era un espacio de sociabilidad, donde los zaragozanos acudían tanto a disfrutar de un espectáculo como a pasar unas horas de recreo.

El éxito de la iniciativa favoreció la transformación de sus instalaciones. Volvemos un poco atrás. El teatro, inicialmente concebido para representaciones estivales, fue cubierto en 1932. Con ello pudo ampliar su temporada y acoger espectáculos con mayor regularidad.

Es interesante señalar que el carácter provisional del establecimiento se reflejaba en su propia construcción. Parte del mobiliario y de los elementos escénicos procedía de otros teatros y establecimientos de espectáculos. Era una práctica habitual en una época en la que las empresas teatrales reutilizaban decoraciones, butacas y materiales. Pese a ello, su capacidad permitía organizar representaciones y acontecimientos que resultaban difíciles de celebrar en otros locales zaragozanos. En pocos años se convirtió en uno de los principales escenarios de la ciudad.

El Iris Park también ocupó un lugar relevante en la historia política española. En mayo de 1936, pocas semanas antes del comienzo de la Guerra Civil, Zaragoza acogió el Congreso Extraordinario de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Su sesión inaugural tuvo lugar el 1 de mayo de 1936 en el Teatro Iris Park. La importancia de este encuentro desbordó ampliamente el ámbito local. En él se discutieron cuestiones fundamentales para el movimiento anarcosindicalista español, entre ellas su organización y sus planteamientos sociales y económicos. 

Una investigación universitaria sobre las organizaciones obreras aragonesas documenta igualmente la utilización del Iris Park para diversos actos políticos durante aquellos meses. El teatro se había convertido, por tanto, en un espacio capaz de reunir a miles de personas para actividades de naturaleza muy diferente.

El levantamiento militar de julio de 1936 alteró profundamente la vida cultural y social de Zaragoza. El Iris Park no quedó al margen. Sus instalaciones fueron utilizadas para otros fines durante la contienda y parte de su actividad recreativa quedó interrumpida o transformada.

En la posguerra, el antiguo complejo comenzó a perder las características que habían convertido su inauguración en un acontecimiento. A principios de los años cuarenta pasó a manos de la familia Parra. El estado de las instalaciones, después de los usos y deterioros sufridos durante la guerra, planteaba dificultades importantes para mantener la actividad teatral.

A ello se sumó un segundo problema: los nuevos y grandes proyectos urbanísticos que pretendían transformar aquella zona de Zaragoza. La construcción de la futura avenida de César Augusto modificaba las condiciones del antiguo recinto y exigía nuevas alineaciones. La combinación del deterioro de las instalaciones y de los cambios urbanísticos acabaría determinando su desaparición.

En 1953 se tomó la decisión de sustituir el antiguo gran teatro por un edificio completamente nuevo, como señalábamos antes. El proyecto fue encargado al arquitecto zaragozano José de Yarza García, uno de los profesionales más interesantes de la arquitectura local de mediados del siglo XX. El viejo teatro fue derribado entre finales de 1953 y comienzos de 1954.

Aquí conviene distinguir entre el desaparecido gran teatro y las demás instalaciones del complejo, porque no necesariamente todas dejaron de funcionar simultáneamente. La documentación municipal resume la transformación señalando que el antiguo recinto desapareció en 1953 y que el nuevo edificio fue proyectado ese mismo año.

El 24 de febrero de 1955 abrió sus puertas el nuevo Gran Teatro Iris. Era un edificio completamente distinto de su antecesor. José de Yarza García proyectó una sala concebida para dos actividades principales: las representaciones teatrales y las proyecciones cinematográficas. Era un teatro de dos plantas y una sala de cine enorme para 1.710 espectadores.

Una publicación del Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos Pablo Serrano recuerda las nueve máscaras decorativas de la fachada y el gran mural realizado por Javier Ciria para el interior. El mural alcanzaba unos 35 metros de longitud y estaba distribuido en siete secciones.

En 1958, tres años después de la inauguración, el nuevo teatro cambió de denominación para homenajear al tenor Miguel Fleta, fallecido en 1938. La iniciativa fue impulsada por Heraldo de Aragón. El establecimiento pasó a llamarse Teatro Fleta.

Desde entonces, ese nombre quedó definitivamente asociado a uno de los grandes locales de espectáculos de Zaragoza. El edificio continuó funcionando durante varias décadas, principalmente como cine excepto en algunos tiempos más festivos como las Fiestas del Pilar en la que cambiaba a ser un gran teatro muchas veces de variedades, hasta su cierre a finales de los años noventa.

En 1998 había sido adquirido por el Gobierno de Aragón. Posteriormente se planteó su rehabilitación, pero las obras quedaron paralizadas en 2003. ¿Qué sucedió? ¿En donde quedaron enterrados los millones de aquella operación extraña?

Resumiendo. El Iris Park nació en 1931 como un establecimiento recreativo levantado sobre unos terrenos cuyo futuro urbanístico no estaba definitivamente resuelto. Aquella iniciativa que parecía provisional se convirtió en uno de los espacios culturales más importantes de Zaragoza, señal de que era una buena idea y que Zaragoza la necesitaba.

Sin embargo, su éxito no impidió que, apenas veintidós años después, el gran teatro que en realidad era mucho más que un teatro al uso, desapareciera. Su sustituto sería uno de los edificios más destacados de la arquitectura moderna de la ciudad. Es una historia que reúne tres Zaragozas diferentes: la ciudad de ocio de la Segunda República, la ciudad de la posguerra y la Zaragoza que comenzaba a modernizarse durante los años cincuenta.


Julio Puente

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