19.8.23

El Castillo Palomar de Zaragoza en Delicias

El Castillo Palomar de Zaragoza, casi enfrente de la actual Estación Delicias en el centro del parque Delicias, era en realidad una gran casa de lujo de la familia Palomar que fue habitada en sus últimos años por una hija de la familia que fue Directora Nacional de los Colegios Normales de maestros, y que se llamaba Eustaquia Caballero. (Ver comentarios con más datos actualizados)

Rodeando el palacio había tierras de labor y sin usos agrícolas junto a diferentes caminos que bajaban hasta las zonas ya habitadas en aquellos años de un Barrio de Delicias que iba creciendo.

A finales del siglo XIX toda la finca tenía casi 1.000 hectáreas de tamaño rodeando al palacio castillo de uso familiar. 

Poco a poco toda esa extensión se fue vendiendo hasta que a finales de los años 60 se derribó el palacio o castillo y unas 5 hectáreas se convirtieron en parque público. 

El colegio público Ana Mayayo también está asentado sobre terrenos de la finca, así como gran parte del actual barrio de La Bombarda.




¿Qué tiene que ver Aragón en la historia de Año Nuevo?

Ahora en todo el Mundo Occidental el año empieza el 1 de enero, pero no siempre ha sido así… 

Todo empezó en Aragón. 

En el marco de las Guerras Púnicas entre las dos grandes potencias del momento, los romanos llegaron a la Península Ibérica (Ampurias) en el 218 a.C. con el fin de cortar los suministros a los cartagineses. Pero, pronto, se internaron hacia el Valle del Ebro. 

No siempre imponiéndose por las armas sino (casi siempre) por medio de acuerdos con los pobladores de ese espacio, los romanos favorecían el comercio, mejoraban las técnicas agrícolas y ganaderas, impulsaban las infraestructuras, pero —eso sí— a cambio del sometimiento y el pago de tributos a Roma. 

Lo que, en ocasiones, fue fuente de conflictos, como el levantamiento de los habitantes de Complega (junto al Moncayo) frente a Roma (180 a.C.).

En esa época, el Valle del río Perejiles era la vía de comunicación natural entre el Valle del Ebro y la Meseta y allí se asentaba la ciudad celtibérica de Ségeda (en torno a la actual Mara, en la Comunidad de Calatayud). 

Ségeda quiere decir “la poderosa”, pues era núcleo urbano clave, siendo la mayor de los pueblos celtíberos y con cierto desarrollo económico y científico (tenía un observatorio astronómico). 

Tal fue su importancia que, con el tratado de Graco (179 a.C.), Roma le concedió la capacidad de ser la primera ciudad celtibérica en acuñar moneda de plata y ejercer un dominio urbano en un amplio territorio a cambio de pagar impuestos y no crear nuevas ciudades en su amplio territorio. 

Con el florecimiento de la ciudad, ésta creció en población, y los segedenses decidieron ampliarla (155 a.C.) y —como cuenta el historiador griego Diodoro Siculo—, “…el Senado romano, desconfiando de su creciente poder, envió emisarios para impedirlo en nombre de los tratados (…). 

Contestó a esto uno de los ancianos llamado Caciro, que los tratados prohibían construir nuevas ciudades, y que ellos no fundaban una ciudad sino que reparaban una ya existente, con lo que nada hacían ni contra los tratados ni contra la común costumbre de todos los Hombres”. Era el mes de diciembre. 

En ese tiempo, el calendario anual se iniciaba el 1 de marzo, el mes que empieza la primavera, el ciclo anual natural. Por eso septiembre se llama así: era el séptimo mes; octubre el octavo, noviembre el noveno y diciembre el décimo. 

Por otro lado, sabían los segedenses que Roma no disponía de suficientes tropas en Iberia para vencerlos y que, para organizar una leva en el Imperio, debían celebrarse elecciones anuales de magistrados, lo cual tenía lugar a principios de año (en marzo), lo que suponía que tenían casi nueve meses (el periodo desde la organización de la leva, organización del ejército, embarcar las tropas, llegar al Valle del Ebro,…) para levantar la muralla y organizar la defensa y, además, la llegada de las tropas romanas coincidiría con el fin del otoño e inicios del crudo invierno de las Sierras Ibéricas, lo que dificultaría la adaptación romana frente a los segedenses. 

La respuesta de Roma fue tan contundente como sorprendente. Rompiendo la tradición, decidieron empezar el año inmediatamente, el 1 de enero, con lo que se adelantaba la elección de magistrados, la organización del ejército y la llegada a Segeda (que sería en torno al verano). 

Nombraron cónsul a Fluvio Nobílior y formaron un ejército consular completo (hasta 30.000 efectivos —dos legiones romanas de 6.000 soldados, otros 6.000 auxiliares itálicos y un cuerpo de caballería de 5.000 jinetes—, el doble de lo habitual en las grandes guerras de la época). 

El historiador Apiano nos cuenta que “…los segedanos, sin dar remate a la construcción de la muralla, huyeron”. Y organizaron una sangrienta emboscada donde los muertos de ambos bandos fueron cercanos a los 20.000. “…estos sucesos tuvieron lugar el día de la procesión a Vulcano (el 23 de agosto). 

Por eso, desde aquel tiempo, ningún general romano quiso comenzar un combate voluntariamente ese día”.
La guerra continuó y los pueblos celtas e íberos de la Península Ibérica fueron sometidos y paulatinamente romanizados. 

Pero esa, es otra historia. 

Jorge Marqueta Escuer.

17.8.23

¿Queremos los aragoneses luchar contra la despoblación?


Cuando yo hablo de la despoblación en Aragón, lo hago desde la gran duda de si la mayoría de los aragoneses quieren resolver este problema. A veces me da la sensación de que no van juntos los deseos con las decisiones.

La despoblación sólo se resuelve con más población y como esta población nueva tiene que venir de fuera de Aragón, no siempre es bien admitida la solución o los planteamientos de que en Aragón falta mucha población y hay que resolver este problema. Por que no se trata de traer población esporádica ni eventual, Aragón necesita crecer en aragoneses. 

Se trata de admitir y proponer la llegada de personas que vengan con la sana intención de quedarse y convertirse en aragoneses.

Por otra parte y para complicar más el problema, la población que falta no sería para su capital Zaragoza, sino para todo el resto de localidades, lo que nos lleva al problema de la aceptación por los vecinos anteriores y que ya están asentados en su territorio materno. 

Ejemplos tenemos en localidades cercanas a Zaragoza, donde los nuevos vecinos que llegan desde la capital a las localidades pequeñas, son literalmente marginados de la vida del pueblo. 

Podemos estar queriendo resolver la despoblación de Aragón y no ser eso lo que quieren los aragoneses que más lo necesitan. ¿Somos conscientes los aragoneses que el problema de la despoblación es muy grave?

No se trata de llegar al millón de habitantes en Zaragoza capital, sino de alcanzar que al menos 20 localidades de Aragón (sin contar Zaragoza) tengan más de 10.000 habitantes en el medio plazo por no decir en el corto plazo (en estos momentos hay 12 localidades). 

Si tenemos en cuenta que en Cádiz que es una provincia con un desempleo superior al 35% (el 32,77% de desempleo en la localidad donde menos desempleo hay en toda la provincia de Cádiz) y que ya tiene 21 localidades con más de 10.000 habitantes (en Aragón el desempleo actual es de un 15,3%); o que Alicante tiene 36 localidades con más de este número de habitantes, no nos parece una meta complicada el intentar a medio plazo y para todo Aragón que tenga las 20 localidades con más de 10.000 habitantes.

Entre las 8.120 localidades que hay en España, tenemos en Aragón colocadas un total de 21 entre las primeras 1.000 localidades por número de habitantes y sólo 9 entre las primeras 500 localidades españolas. 

En cambio tenemos 75 entre las 500 localidades con menos habitantes de España. 

Números tristes y dolorosos que sin duda nos llevan a la conclusión de que si no somos capaces de revertir la caída de despoblación, no hay solución a medio plazo para Aragón. Lo admitan o no lo admitamos los aragoneses.