27.8.16

La “dama” de Zaragoza, monumento olvidado al "Origen del Ebro".

Hay ciudades que conciben su principal zona verde como un museo de esculturas al aire libre siguiendo un discurso casi museístico. No es el caso del Parque Grande José Antonio Labordeta de Zaragoza. Lamentablemente, el Parque ha sido, más bien, almacén de monumentos y acomodo de diversos bustos y estatuas que no tenían cabida en otro lugar, como la fuente de Neptuno, originalmente situada en la Plaza de San Francisco (llamada de España desde 1940); o la conmemorativa de la Exposición Hispano-Francesa y su promotor, D. Basilio Paraíso, extraordinario conjunto que hoy yace arrinconado en el Parque siendo su ubicación original la Plaza de Paraíso; o el Quiosco de la Música, incapaz hoy de ofrecer el deleite de su fin originario por la contaminación acústica de Paseo Renovales, ideado para la Plaza de Castelar (de los Sitios desde la década de los ochenta del siglo XX).

Y, sin embargo, nuestro Parque Grande José Antonio Labordeta sigue siendo un espacio entrañable y que merece la pena recorrer con detenimiento. La idea de que la ciudad contara con un parque “grande” surgió en 1902 (en ese momento el único parque de la Ciudad era el Parque Pignatelli) y, tras varios avatares, en diciembre de 1923 se comenzaron las obras siguiendo el proyecto de Miguel Ángel Navarro. En él, para conmemorar el centenario del fallecimiento de Francisco de Goya, en 1928, se levantó el Rincón de Goya, siguiendo la propuesta del paisajista Xavier de Winthuysen de 1924.

El edificio es obra de Fernando García Mercadal, arquitecto que introdujo las entonces revolucionarias ideas racionalistas al Sur de los Pirineos. El proyecto (1926) es un hito de la arquitectura racionalista, siendo el primer edificio proyectado siguiendo las propuestas Le Corbussier, expuestas un año antes en París. El edificio fue, ciertamente, revolucionario, tanto formalmente (una propuesta racionalista cuando triunfaba el historicismo o el modernismo en Aragón), como conceptualmente (siendo precursor de las “casas de cultura” francesas). Frente una escultura, el recuerdo a Goya sería un museo, una biblioteca y una sala de exposiciones consagradas al escultor. Jamás lo fue. Tampoco sería el último “espacio Goya” fracasado en Zaragoza. El último fue un caro proyecto abortado.

El Rincón de Goya no ha sido ni entendido ni valorado nunca por la Ciudad. La prensa del momento llegó a afirmar que “lo ideal es que el edificio desaparezca o se deje de ver entre la hojarasca del bosque”. Aún hoy, lejos de la concepción primigenia, alberga un colegio y no sería catalogado como Bien de Interés Cultural hasta el 23 de enero de 2003.

El conjunto lo completaba un jardín, hoy desaparecido, y un conjunto escultórico, que se mantiene, dedicado a Luis López Allué, escritor costumbrista oscense fallecido en 1928, realizado por Ramón Acín en 1930, conjunto pensado para el reposo y la lectura, perfectamente integrado en el conjunto arquitectónico.

García Mercadal, el arquitecto que proyectó el ensanche de Bilbao, Burgos, Logroño y el de “los Remedios” de Sevilla; organizador de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna; cofundador del Comité International pour la Réalisation des Problèmes Architecturaux Contemporains, admirado y valorado en Europa… apenas volvería a trabajar en su ciudad, que no lo comprendió. No obstante, desde el año de su fallecimiento, 1985, el Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón otorga un premio anual de arquitectura que lleva su nombre.

En ese ámbito encontramos el “Monumento al Origen”, concebido para la orilla del Río Ebro, del que parecería emerger (carece de pedestal), destinado a rememorar el pasado ibérico de la Ciudad y erigido en el Rincón de Goya, fuera del entorno para el que fue concebido y en un lugar que nada tiene que ver con lo que representa, ni con la figura de Goya, ni con la concepción del conjunto arquitectónico que lo recuerda.

La obra, desapercibida para buena parte de la ciudadanía, fue realizada en 1984 por distintos escultores de la Asociación Pablo Gargallo (Isabel Queralt, Gregorio Millas, Alberto Pagnussat, Pilar Pérez Subías, Fernanda Sanz Revilla,…), asociación que tuvo su sede en el Centro Cívico Salvador Allende, en el antiguo matadero de Zaragoza y que realizó diferentes obras urbanas a lo largo de los años ochenta. Una propuesta más de la ebullición cultural que en tantos aspectos vivió la Ciudad en los años ochenta del siglo pasado. ¿Dónde se esconde ahora?

Se trata de una escultura realizada en piedra de la Puebla de Albortón que representa una cabeza de mujer de formas ciclópeas que recuerda los modelos de las esculturas ibéricas, en especial la llamada “Dama de Elche”, de allí que también sea conocida como la “Dama Ibérica” o la “Dama de Zaragoza”. Porta las características ruedas que cubren las orejas, de origen jónico, que portaban las mujeres íberas, como atestigua Artemidoro de Éfeso y repite las facciones propias de las esculturas ibéricas, influidas por las primeras esculturas griegas.

Una escultura contemporánea de formas arcaizantes, que representa nuestro origen, y que yace desvalida y olvidada en un rincón de un parque. Toda una metáfora de lo que para la sociedad aragonesa es, a veces, su origen.

Jorge Marqueta Escuer.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...