5.4.16

Javier Anadón (Comité Empresa de AUZSA) es muy claro. No engaña a nadie

Tras cuatro meses de huelga en el autobús urbano de Zaragoza, uno no se sorprende de la capacidad de ninguno de los actores, para pensar que los ciudadanos somos imbéciles. Y digo nadie. Las declaraciones de Anadón hoy al Periódico de Aragón juega (presuntamente) en esa línea.

Siempre ha quedado claro que los trabajadores no hacen huelga por un conflicto económico, de derechos adquiridos, de servicios al final de las líneas. Ellos se han leído muy bien el acuerdo firmado entre la empresa AUZSA y el Ayuntamiento y han encontrado un punto débil, crítico, sobre el que hacer palanca.

Si todo el servicio urbano del bus se convierte en un caos, en algo insoportable para una ciudad como Zaragoza, se alarga y se amplía en el tiempo, sabiendo que al final se va a tomar la única medida posible, ellos saldrán ganando. Por eso mismo ampliar los servicios mínimo ahora ya no es lo mismo que haberlo hecho hace dos meses. Ahora puede que sea contraproducente. Claro que lo que nos queda es que nunca más tenga Zaragoza un servicio de autobuses urbanos.

Lo que quieren, lo que (presuntamente) simplemente quieren desde el Comité de Empresa es que el Ayuntamiento ante el caos eterno del servicio público de autobuses tenga que optar por intervenir a la empresa, pues eso SI se contempla en el acuerdo firmado. Se puede intervenir una empresa de muchas formas, pero hay una básica y lógica, una fácil y deseable por los trabajadores. Intervenir manteniendo el servicio, los trabajadores, todo el complejo entramado de la empresa, pero desde el Ayuntamiento. Es decir, una municipalización encubierta.

Y esto se dice con toda claridad posible e imposible. Es decir, Zaragoza está pillada por un muy mal convenio, por una muy deficiente negociación, por un problema de muy compleja solución. Excepto que intervengan los jueces, que en un par de años podrían dictar sentencia. ¿Puede esperar Zaragoza dos años en huelga?
Julio M. Puente Mateo