13.11.15

Zaragoza se merece otro ZeC con más autoestima

Ayer el consejero de Economía y Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, Fernando Rivarés, nos dijo a todos y en dos ocasiones diferentes, que se había acabado el dinero de Zaragoza, el que sirve desde el Ayuntamiento para pagar los servicios más básicos de la ciudad. Básicos y obligatorios.

También dijo que hay que pagar, aunque advirtió que ya veremos cómo. Es decir, una información conocida pero trasladada a la opinión pública con claros deseos de implicar en estos problemas a todos, ante su propia incapacidad para resolverlos.

Es cierto que la situación del Ayuntamiento de Zaragoza es compleja, como también es cierto que todos la conocíamos de antemano. Y quien no la conociera habiendo estado dentro del Ayuntamiento como sucede con varios de los concejales de ZeC debería hacérselo mirar. Como también es cierto que las medidas de más ingresos que ha intentado tomar ZeC como las Ordenanzas Fiscales, se las han tumbado para asfixiar la economía de un equipo de Gobierno que además de ser corto de efectivos tiene que sufrir los lógicos embates de una oposición que todavía no ha admitido que hayan perdido poder.

Escuchar al Alcalde en tono lastimero y de profesor cabreado ayer en la Estación del Norte, no es de recibo para una ciudad como Zaragoza, por mucho que tuviera razón en todo lo que dijo. Quejarse no sirve ni para los heridos graves, lo necesario es poner medicinas y si acaso operar. Y ZeC en Zaragoza sigue en los brazos de un gran dilema. Son ellos más su circunstancia, no quieren ser más pues están convencidos de que el resto deben ser comparsa y no actores principales, sus formas les matan y su división interna les deja heridos de posibilidades. Así, sin tener claro qué quieren ser de mayores, es imposible edificar algo sustancioso para una gran ciudad como Zaragoza. Las ideas son muy buenas, pero se necesita saber el camino a tomar y disponer de suficientes herramientas para el recorrido. Y amigos de trayecto, para que no resulte tan áspero y aburrido.

Julio M. Puente Mateo