18.11.15

Los políticos vamos llenando los juzgados de más y más trabajo

Ayer recibí una documentación de (no desde) la Fiscalía de Zaragoza, casi anónima, sobre una denuncia contra varios políticos zaragozanos. Era un sobre a mi nombre con una más que suficiente documentación sobre la denuncia, los presuntos actos, recortes de los medios de comunicación y material diverso que sustenta la denuncia ya admitida por la fiscalía. La intención era muy simple. Que yo conociera los presuntos apaños de ciertos políticos de otros partidos políticos diferentes al mío.

Hoy leo que el Partido Popular del Ayuntamiento de Zaragoza se alegra de que “por fin, se vaya a conocer la verdad sobre las obras del tranvía de Zaragoza”. Podría añadir varios asuntos más sobre conflictos más o menos mayores o menores que están acabando en los juzgados aragoneses.

Da la sensación de que estamos acabando con la política y algunos responsables políticos llevan a los juzgados los asuntos, para que sean los jueces técnicos los que resuelvan lo que no logran resolver los políticos. Hoy mismo se me decía que algunos puestos de responsabilidad menor se están quedando sin representatividad ante el peligro de que personas no siempre muy preparadas para analizar asuntos complejos, tomen decisiones sin darse cuenta de los presuntos engaños que otros “listos” metan entre paja y trigo, y al final puedan acabar ante los tribunales, por votar SI o NO sin saber bien las responsabilidades que supone esta decisión. 

Es decir, convertimos otra vez lo que es una decisión presuntamente menor, en un arma judicial para meter miedos. Nadie se lucra en este tipo decisiones habituales en todo tipo de gestiones, sean empresas privadas o públicas, estamentos políticos o sociales. Pero ahora hay una nueva tendencia a judicializar incluso los errores sin ánimo de lucro, para manchar los caminos por los que recorren todos los políticos su gestión más diaria. Cuidado con pisar mierda.

Y cuidado con convertir la política en un arma judicial, pues todo esto se vuelve siempre contra los que no miden las consecuencias en el medio plazo. Debemos medir muchísimo lo que escribimos, los que hablamos, con quien nos reunimos, de qué forma vamos vestidos y con quien tomamos cervezas. Y como eso es imposible, muchos de nosotros hemos decidido seguir siendo libres y hacer lo que nos venga en gana, empleando el sentido común.