23.5.15

Nos engañaron para ser esclavos silenciosos

El contexto de campaña electoral que estamos viviendo desde hace ya meses construye con su lenguaje un mundo hostil al pensamiento crítico e individual, un universo en el que la parrilla de los medios de comunicación quema ideas y noticias (falsas y verdaderas, da igual) a una velocidad de vértigo, sin que exista la más mínima reflexión. No hay moraleja, que se decía en los cuentos. Hechos y dichos sin conclusiones, desaprovechados para la experiencia individual y colectiva. Pocos ejemplos pero contundentes de nuestra España guardiana de las esencias.

Desde hace dos meses, televisiones, radios y periódicos de toda ralea difunden las noticias del empleo amparándose en los conceptos. Una vez que el nombre tiene su acepción, es difícil mirar más allá. Así, el paro baja y los medios de comunicación difunden con alegría electoral la noticia, aunque la calidad del empleo sea en régimen de semiesclavitud y los puestos de trabajo provengan del sector de la construcción y de los servicios turísticos (resulta premonitoria Stico, la maravillosa película de Jaime de Armiñan con Fernando Fernán Gomez en el papel de profesor que se ofrece como esclavo para sobrevivir). Atrás quedan las proclamas en favor de un cambio del sistema productivo, de una mayor inversión en I+D+I.... Hubo un momento de éxtasis, premeditado y preparado concienzudamente por unos cuantos para consumo rápido de los españolitos de a pie, que hizo que pareciera posible hacer aquello que no pudieron conseguir tantas y tantas generaciones de habitantes de este puñetero país desde hace muchos siglos. ¡Qué risa! Cómo nos engañaron, como dice Mario Benedetti y canta Pablo Milanés.

Mientras tanto, las encuestas anuncian que a millones de españoles les da igual que sus políticos favoritos roben o que cobren además un sobresueldo en un país amiseriado, porque les van a seguir votando. Mientras tanto nos solidarizamos con las estrellas de fútbol que defraudan y hacen virguerías fiscales para contribuir lo menos posible a mantener la sociedad que les alimenta, y los hijos de parados y trabajadores en el límite de la pobreza llevan orgullosos las camisetas de ídolos que van a la huelga porque tienen que pagar impuestos... No podemos ser más de lo que somos. Y para quien piense lo contrario, que se siente a ver un momento la película Bienvenido Mr Marshall. ¡Enorme!

Antonio Gaspar Galán - Profesor-investigador