27.2.15

¿En qué se diferencia un político nuevo de un político viejo?

En política, sobre todo en la municipal, es necesario tener en la gestión de las grandes ciudades a cuadros políticos en varios niveles, que aúnen conocimientos de la realidad urbana, de las personas y su sociología, de los barrios, de la historia reciente de cada parte de la ciudad, de sus problemas y sus motivaciones, del urbanismo moderno, de la economía municipal, de los servicios públicos posibles y sostenibles en todos los aspectos. No sirve solo con desear, hay que lograr hacer funcionar.

Estos grupos de trabajo en cada partido deben estar unidos por una ideología pero también por un conocimiento claro entre ellos que les inspire confianza de trabajo. Es decir, nada nuevo si nos atenemos al concepto claro de lo que son los equipos de trabajo válidos.

Pero los nuevos partidos, que son amalgamas de diversas organizaciones que ya existen o existían, sin dejar de ser la suma de personas válidas, si son lo contrario a equipos humanos válidos, pues se unen para lograr representación política partiendo de ideas diferentes y sin que antes exista entre ellos un concepto de equipo. Sus conflictos están asegurados aunque ahora se tapen para no alarmar.

Si además unimos a esto la escasa cantidad de cuadros técnicos y políticos de estos nuevos partidos en las ciudades (no hablo de escasez de personas, sino de equipos o cuadros válidos), capaces de entender la problemática de los barrios pues su trabajo anterior ha sido más global y divergente —si es que lo ha sido— nos vamos a encontrar en las grandes urbes con un desconocimiento peligroso a la hora de hacerlas funcionar, pues a la falta de experiencia se une los diversos conceptos políticos que cada uno de sus integrantes posee de antemano. No van a ser equipos, si acaso individuos con buena voluntad.

Ser altavoces mediáticos tiene un peligro pues les está demostrando que ellos no son capaces de mostrar soluciones prácticas y sobre todo válidas para cada uno de los macro problemas de nuestra sociedad. Ya no incido sobre los pequeños problemas cotidianos de cada municipio, pues allí sin programa ni experiencia, la fiasco está asegurado. Salir muchas veces en los medios para seguir diciendo las misma ambigüedades al final se convierte en un acto negativo, pues la sociedad percibe que detrás no hay ideas diferentes y posibles para resolver los problemas hartamente conocidos.