18.10.10

Análisis de las Fiestas del Pilar de Zaragoza

Que las Fiestas del Pilar de Zaragoza son un éxito de participación no tiene duda, de que si las comparamos con ciudades de nuestro tamaño salimos o ganando o empatados, también. Pero quedarnos en estos datos sencillos es un error que debemos empezar a plantearnos, para buscar más alternativas.
Las Fiestas del Pilar de Zaragoza demuestran cansancio, agotamiento por repetición. Uno de los datos que debería preocupar es que dentro del maquillaje de los números se esconde la baja participación de algunos segmentos sociales que no participan de igual manera que otros. Mientras para los jóvenes son unas fiestas inmensas, sobre todo desde el punto de vista de una ciudad de 700.000 habitantes, para la gente de más edad es una fiesta sin elementos que les ayuden a la participación. Es una fiesta consumista pero no todos los segmentos por edad o por ingresos pueden consumir igual.
El cambio de modelo de Fiestas del Pilar producido en los años 80 fue tan positivo que 30 años después todavía seguimos viviendo de él, con muy pocos cambios. Pero al igual que es casi imposible cambiar todo a la vez, lo es no ofrecer alternativas novedosas, búsqueda de nuevos lugares de influencia festiva, cambio del modelo, ampliación del segmento social sobre el que se incide.
La gente busca el “centro” para sus Fiestas del Pilar y la gente joven agradece muy bien la búsqueda de lugares alejados y alternativos. No creo que haya que modificar casi nada de lo que afecta a los jóvenes. Pero creo que se construye muy poco para unas fiestas más culturales, más integradoras, que atraigan a gente para sentar bases que puedan durar más tiempo que una semana de nueve días. Incluidos los turistas que repiten cada pocos años. La Ofrenda de Flores está muy bien, pero tal vez hay que organizarla mejor para que las esperas sean menores y los atractivos mayores. La Ofrenda de Frutos ha mejorado en los últimos años y hay que seguir potenciándolo, pues tiene muchas posibilidades. El Rosario de Cristal debe ser un clásico turístico y religioso. Pero la gente en Zaragoza debe encontrar en la calle algo más que vendedores repetitivos. Debe tener locales en donde le ofrezcan alternativas culturales baratas, exposiciones novedosas y atractivas, conciertos ampliados a más modelos culturales, más obras de teatro en el centro de la ciudad, más uso de todas las posibilidades culturales que tiene la ciudad. Las Fiestas del Pilar deben ser de Zaragoza, no de sus barrios que ya tienen sus propias propuestas a la largo del año y deben tener un nivel que lo determina la personalidad de la ciudad